Clasicona 2022, “La Despiadada”

Agua, pavés y bicis clásicas. La edición de este año de la prueba ciclista se enfrenta con éxito a una dura jornada de frío gracias al compañerismo y las ganas de participantes y organizadores.

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David Aguilar Sánchez
David Aguilar
Jaenero y playu. Hago fotografías. A veces escribo alguna cosa. La gran mayoría del tiempo, estoy buscando. Busco y busco, como un gran tonto.

Inclemente y con un punto de épica y heroísmo. Los adjetivos calificativos se le quedan cortos a este espectador y reportero que, ya en el calor del hogar, se dispone a cronificar lo que hoy se ha podido vivir en los concejos de Xixón y Carreño, en el que puede ser uno de los eventos ciclistas del año, La Clasicona, por cierto, que seguramente tan resfriado como los corredores y corredoras participantes, pues ha sido una jornada particularmente dura.

Considerar uno de los eventos ciclistas del año a una carrera que no es una competición, sino un recorrido, en el que han participado una treintena escasa de aguerridos deportistas, puede ser como poco aventurado. Pero no puedo dejar de pensar en los tan cacareados “valores del deporte”. Pues bien, valores hay tantos como lenguajes. Y como sucede a través del lenguaje, los valores ayudan a dar forma a nuestra manera de observar el mundo y relacionarnos con él y con nuestras semejantes. Si ante cualquier competición deportiva al uso, “mainstream” como se dice ahora, los medios y las redes se lanzan, a menudo a base de exabruptos y falta de objetividad, a resaltar una serie de valores testoterónicos, basados en la competición, el sufrimiento, la superación, el nacionalismo, la victoria, la marca –deportiva y comercial- y tantos otros, en días como hoy, dos lagrimones de dolor y emoción se dejan caer por las mejillas de tan sufridas ciclistas al poder compartir juntas, pedal con pedal, el recorrido de La Clasicona sin atender a cronos ni a grandes reconocimientos. Y así, al menos en cuestión de compromiso, compañerismo, disfrute, diversión y, por qué no decirlo, sentido estético, ha sido, efectivamente, un evento memorable. Si estos fueran los valores que primaran en el mundo del deporte, otros gallos cantarían, y quizá no tendríamos que sufrir el bochorno de observar cómo nuestra sociedad de tira los trastos a la cabeza por un partido de fútbol o cómo muchos exdeportistas de élite viven un retiro de salud mermada y economías desestabilizadas. Eso por no hablar del dopaje, el racismo, el machismo, el edadismo y otros indeseados acompañantes de los eventos deportivos masivos.

Durante los días anteriores, las previsiones climatológicas advertían que se avecinaba una buena. Y así ha sido. Los peores pronósticos se cumplían y ya a las 10:30 de la mañana, en la playa del Arbeyal, lugar de inscripción y salida de esta pequeña locura, el frio y la lluvia arreciaban y hacían prever que el recorrido, en principio proyectado en unos 50 kilómetros y con 660 metros de desnivel, se podría ver alterado a favor de la salud de los participantes. Un llamativo puñado de locos de la bicicleta, montados sobre sus réplicas y antigüedades, todas ellas joyas en su belleza mecánica y rotatoria, protegían sus clásicos maillots en prácticos chubasqueros y enfilaban carretera hacia el concejo de Carreño, donde el pavés de la Ruta Clariniana y los pequeños muros y repechos de las sinuosas caleyas del recorrido, iban ya despiezando el grupeto, rompiendo piernas y haciendo a más de uno sacar la lengua y echar el pie a tierra. Pero como aquí no se venía a morir, sino a todo lo contrario, los puntos de descanso y avituallamiento se han ido sucediendo, para así poder reagrupar a las ciclistas y recuperar fuerzas. El frío, uno de los protagonistas de la Clasicona de este año, metía la tiritona en el cuerpo de más de uno, pero eso no ha impedido que finalmente, lo que se esperaba que fuera un importante recorte de kilómetros y dureza, se haya quedado simplemente en evitar la subida a La Formiga y buena parte del recorrido original se ha mantenido intacto. Acompañados en todo momento del agua, que caía incesante en la mañana de hoy, el grupo avanzaba seguro y a piñón hasta enfilar el regreso a Xixón, al parque de El Lauredal, donde estaba la meta final a la que se ha llegado dentro del horario previsto, a las 14:00 de la tarde. Bajo un horru para protegerse y no enfriarse en exceso, se recuperaban alientos y se ganaban sonrisas. Se había terminado con éxito esta prueba ciclista tan particular y llamativa. Todos, tanto ellos y ellas sobre sus “cabras” como nosotros, Mon y un servidor, ambos fotógrafos y aficionados, acabábamos empapados pero felices. Por cierto, que sin la inestimable ayuda Mon, un conocedor de esta prueba ya desde la edición de 2019, este cronista ya moqueante, buscador de termómetros e infusiones contra el inminente constipado, no habría podido seguir la carrera ni habría sabido dónde esperar a las corredoras para poder fotografiarlas. El compañerismo y la colaboración frente a la competición, no sólo en el deporte, sino en la vida misma. Valores, pero de los que valen de verdad, de los que valen para algo.

De esta Clasicona 2022, “la Despiadada”, se nos quedan metidos en el cuerpo, además de un posible principio de neumonía, los recuerdos, los paisajes, la comilona de confraternización que ha seguido a la carrera, el gusto del trabajo terminado en los músculos, y las enormes ganas de volver el año que viene a disfrutar de esta ya clásica y casi monumental prueba ciclista.

Fotos: David Aguilar Sánchez

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