“El VESU nace de las salas de conciertos que hay en Oviedo y todo el trabajo que hay detrás”

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

En tres ediciones, el VESU Fest se ha convertido en un acontecimiento cultural por diferentes motivos. El primero de ellos pone en práctica la vieja / nueva máxima de Juan Cueto: actúa en local desde un pensamiento global. En segundo lugar, porque junto al Tsunami Fest, pone en valor un espacio mágico y telúrico como es la Fabrica de Armas de la Vega, incorporándolo a la membrana cultural de Oviedo como un hito de orden transversal en el que se conectan la escena internacional y nacional. En tercer lugar, está planteado con la vocación de crear públicos en Asturias y conectarlos con los de otras provincias limítrofes. Shego, Shame, Los Planetas, Cupido, The Shiva o Carolina Durante no llegan caidos del cielo, tampoco irrumpen de manera aleatoria. Todo es fruto de un plan, el de Iñigo Domínguez, director del VESU, y de todo su equipo. Se trata de crear una escena y provocar que sucede. Sobre este planteamiento, analizamos el significado de los festivales, en qué contexto se producen, por qué nacen y por qué pueden desaparecer.

Si algo distingue el VESU de otros festivales es que ha procurado, desde su primera edición, alcanzar una identidad propia, una carta de naturaleza que lo aleja de los carteles de la mayoría de pueblos y municipios. Tengo la impresión de que trata de atraer al público con grupos muy consolidados pero también de explorar bandas y sonidos en los que se asume una cuota de riego que otros festivales, casi de corte industrial, tratan de evitar.

La identidad es algo en lo que llevamos trabajando casi cuatro años. Precisamente existen muchos festivales en este país y si realmente queremos llegar como hemos llegado y hasta donde hemos llegado, ocupando un nicho en los festivales de España, tenemos que ser un poco diferentes. Nos lo dijo el año pasado el líder de Novedades Carminha, Carlangas. Cuando vino y vio el cartel, sentados ante el escenario me dijo: «qué guay, porque llevamos 20 festivales, repitiendo 20 fechas que fueron prácticamente el mismo festival. Hemos llegado aquí y nos encontramos algo distinto a lo que llevamos haciendo los dos últimos meses». El VESU quiere ser un poco eso, dentro de las posibilidades que podemos tener. En el año a año, intentamos programar algo que llame al público, porque no se puede negar que para que los festivales tengan éxito tienen que vender entradas, pero también intentamos traer al público asturiano algún tipo de incentivo que sea distinto, que lleve mucho tiempo sin pasarse por Asturias, alguna apuesta personal del equipo del VESU, alguna apuesta que en el futuro inmediato pueda romper. Intentamos que todo encaje en esa ensalada para que salga un cartel como el de este año.

¿A qué crees que se debe esa burbuja festivalera?

Ya existía en 2019, porque al final, es inevitable tener la sensación de que todas las ciudades quieren tener su Oviedo Fest. En 2019 ya existían muchos festivales pero el hecho de estar dos años prácticamente parados lo había maquillado bastante. Cuando salgan los datos de cuántos festivales se hicieron en España en 2022, probablemente nos vamos a asustar porque van a ser muchísimos más que en 2019, antes de la pandemia. El hecho de que las bandas hayan estado dos años paradas ha permitido que los promotores, que han estado habitualmente al otro lado de la organización, que han estado en el lado de la promoción de sus artistas, hayan decidido dar el paso y situarse al otro lado, al lado de la gestión y producción de festivales, ha cambiado un poco el panorama. Se han dicho, por qué no hacer nuestro propio festival. El problema vendrá, si no en 2023, probablemente en 2024, con las mismas causas y efectos que produjo el estallido de la burbuja del ladrillo. En algún momento se romperá por algún sitio y el problema es lo que se pueda llevar por delante: bandas, organizaciones y el propio festival.

Iñigo Domínguez, director de VESU en la Fábrica de Armas de La Vega. Foto de Alisa Guerrero

Bastantes músicos han observado como tras la pandemia se ha producido un embudo en la industria musical. De la misma manera que hubo un cuello de botella en la industria de la música que retrasaba la producción de los LP´s de las bandas o la producción, incluso, de los vinilos en las fábricas, ¿está habiendo un embudo o cuello de botella para producir festivales? Lo digo porque hay demasiada oferta de bandas para todo lo que puede canalizar un festival que siempre termina contratando a los mismos.

Si te das cuenta, hay muchos festivales que repiten artistas y hay muchos artistas que, si observas sus giras, comprenderás enseguida que están haciendo dos y tres bolos a la semana, prácticamente repitiendo con las mismas bandas. Esta reiteración de los grupos en los mismos festivales se debe al miedo que puede tener en un momento determinado el promotor que necesita asegurar la rentabilidad del festival. Arriesgar, valga la redundancia, es arriesgado. Cuando apuestas por un festival y un cartel, sabes que muchas bandas serán caballos ganadores. Pienso en Rigoberta Bandini, en Alice Wonder, incluso, en C Tangana. Sabes que venderán entradas, que te llenarán recintos y que, aunque su caché sea muy alto, al final el promotor sí le puede sacar rendimiento a ese artista o esa banda. Pero quizá estamos perdiendo la perspectiva. Porque no es lo mismo programar en Madrid, Barcelona o Bilbao que hacerlo en Oviedo. No es lo mismo el número de entradas que puede vender C TAngana en Madrid que el que pueda vender en Oviedo, Gijón o Avilés. Los cachés de las bandas no son como una camiseta en Zara. Cualquiera puede ir a Zara y comprarse una camiseta por 19,95 euros. El caché de una banda depende del quién y del dónde. La clase media alta de la música indie ha elevado sus cachés y, aún así, los organizadores están apostando por ellos porque es la forma que tienen de asegurarse la venta de entradas.

Si dividiéramos el precio por el número de grupos que tocarán, nos sale a cinco euros cada concierto”

PSOE y SOMOS han criticado el precio de las entradas: 51 euros. No sé hasta que punto es un error porque provocan la impresión de no conocer lo que es un festival o, peor aún, que nunca han pagado uno.

Si dividiéramos el precio por el número de grupos que tocarán, nos sale a cinco euros cada concierto. Esta es nuestra tercera edición. En el primer año, nosotros queríamos que ya fuera de pago. Y puntualizo: se pidió al Ayuntamiento que estableciera una entrada simbólica y que lo recaudado se entregara a una entidad o razón social que el Consistorio entendiera que podría ser beneficiada. No sabíamos si dos o cinco euros era bastante por todo el festival, pero sí defendimos que era una forma de poner en valor no solo el trabajo, sino también el propio festival. Al final, quizá el público menos, y entiéndase la expresión, habituado, no valora este tipo de iniciativas. Imagínate que toda la temporada de ópera fuese gratis y que la gente se levantase antes de que se terminase el primer acto. Eso está pasando en festivales, como el VESU, cuando son gratuitos. En los últimos tres años, la programación de conciertos gratuitos financiados por la Fundación Municipal de Cultura ha sido extensísima. Creo recordar que hay unos 120 conciertos gratuitos entre el VESU y el final de año, de junio a diciembre. Y sin embargo, la forma en la que conseguimos que la gente venga a Oviedo es que el VESU sea de pago. Hay mucho aficionado a la música, festivaleros, que no se enteran del cartel o llegan tarde a por su entrada. El año pasado, las entradas del VESU duraron 8 minutos en taquilla, quizá porque venía Novedades Carminha. Sea como fuere, las entradas volaron. Y si tu estás en León y el refuerzo comunicativo no te llega hasta dos días mas tarde, no vas a poder venir a Oviedo porque no habrá ya entradas. Siendo una iniciativa de la Fundación Municipal de Cultura, creíamos que el precio estaba muy equilibrado y ajustado.

Íñigo Domínguez, director del VESU. Foto de Alisa Guerrero.

¿Cómo se ajusta el precio?

El precio sale de un baremo que existe en la normativa municipal, avalado con un informe que yo creo que ha visto todo el mundo, en el que se establecen los precios de cada concierto en función del caché medio que sale del total de los cachés de cada artista. No voy a entrar en la crítica, solo puedo defender que la forma de poner en valor un festival de música es haciéndolo lo suficientemente accesible a todo el mundo sin menoscabo de que también la gente reconozca el esfuerzo pagando una entrada asequible. Los abonos lo son y permiten que el público pueda estar a gusto y, sobre todo, queriendo estar en los conciertos. Nos interesa que la gente venga porque quiere ver a Shame y no porque quiera ver la chimenea de la fábrica que seguro que, a lo largo del año, tiene otras muchas actividades y oportunidades para verla.

“El vesu nace de las salas de conciertos que hay en oviedo y todo el trabajo que hay detrás”

Asturias se puede incorporar a un circuito musical en el norte de España del que parece haberse apartado. Y no tiene mucho sentido, analizado, incluso, desde un punto de vista más utilitario o economicista. El VESU no se hace sólo para los ovetenses, creo que tiene la suficiente entidad como para seducir a público de las provincias limítrofes. Pero desde hace dos años, el VESU es la excepción, junto a Tsunami FEst. Mi sensación es que los políticos no han sabido ver esa perspectiva que en otros territorios del país está perfectamente trabajada y contrastada: pienso en Galicia, Navarra, País vasco o Valencia.

En Galicia está el Resurrection Fest o el Atlantic Fest, que tienen una partida económica muy importante. Utilizan las sinergias comunicativas de la Xunta y de los propios festivales para potenciar el turismo musical en esa comunidad. Tu puedes encontrarte en Madrid una acción comunicativa del Atlántic, del Caudal Fest o del Resu que, dicho sea de paso, no lo necesitan, pero al final, esas cosas se están haciendo porque mejoran el turismo de la región. Es decir, funciona. Paradójicamente, Gijón siempre estuvo en la vanguardia de la música en el norte de España, desde el Gijón Sound pasando por el Festival Internacional de Cine de Xixón, que estuvo muy ligado también a la música en la época de José Luis Cienfuegos. Pienso también en iniciativas que no eran festivales de música pero tenían una impronta musical muy importante. A eso se suma que Oviedo tiene hoy cinco salas de conciertos. Tribeca, Gong, La Salvaje, Lata de Zinc, Sir Laurence. Todas ellas tienen la culpa de que haya una programación musical de la que, de alguna forma, nace la programación del VESU. Cuando nació el VESU, creímos que era un buen momento para aprovechar el trabajo de los últimos 8 años. Te fijas en los artistas y bandas que han pasado por aquí en la última época y dices, hostia, estuvieron Izal en La Salvaje y no estaba lleno, o León Benavente.

Una de las naves de la Fábrica de Armas de La Vega. Foto de Alisa Guerrero.

O Micah P. Hinson en La Salvaje hace un par de meses.

Exacto. A lo que voy es que no valoramos lo que tenemos. De pronto, montas el VESU en Madrid y es otra cosa. Roju dará un concierto en la estación de metro de Barcelona, dentro del Sonar ¡Y lo podríamos hacer aquí! Estos conciertos de la Fábrica de Armas, en Barcelona, serían la pera allí. Pero hay veces que somos demasiado fratricidas. Pasa con Oviedo y Gijón, Mieres y Langreo, Candas y Luanco. Y esta pugna choca bastante porque esta comunidad tiene las suficientes posibilidades para hacer otro tipo de cosas y crecer. En relación a nosotros, siempre lo hemos dicho: trabajando con la FMC, venimos a sumar. No sobra nada ni sobra nadie. Cuando pensamos en el VESU, creíamos que había un nicho interesante, porque ya existía un trabajo previo de la iniciativa privada, de las salas y hoy pensamos más que antes que se puede seguir haciendo.

Yo decía el otro día en una columna, a cuenta del Vibra Mahou Fest celebrado en Gijón que, de alguna manera, muchas bandas afortunadamente existen porque les están dando de comer este tipo de patrocinadores y que, al final, un festival genera un clima de autoestima y una trama cultural que pone en valor la ciudad como concepto y expresión de la modernidad, como lo puede hacer una catedral o un museo. En Oviedo, está viviéndose el trenzado de esa trama pero en Gijón observamos una orfandad de salas que nos hace observar otra de orden cultural más deshilachada. Mi conclusión es que sin salas, sin escena, no se construye cultura musical.

La burbuja de los festivales empieza en el mes de mayo y se termina al final del verano. El resto del año las bandas tiene que seguir existiendo y, más allá de los grandes espacios que puedan llenar las grandes bandas, necesitan rodaje y también sentirse cerca del público. Es verdad que a Oviedo le falta una sala mediana que no tenga que llevar 2000 personas pero sí pueda llevar a más de 500. Las normativas no están ayudando a la hora de promocionar la música amplificada y es una sensación, sin entrar en polémicas, percibida por colegas de Gijón en los últimos 2 o 3 años. Suelen decir que hay más cosas en Oviedo que en Gijón, cuando hace unos años era lo contrario. Yo soy de Mieres y no sé cuántos años llevo ya en Oviedo. Cuando querías buscar algo culturalmente hablando, hacías colas en el Teatro Jovellanos, para el Ficx, incluso, para hacerte con el programa de mano porque aquello, tener un programa de mano de los ciclos, se había convertido en una liturgia. Tengo la sensación de que Gijón ha perdido actores importantes como José Luis Cienfuegos y quizá esa esencia y esos espacios. En estos momentos, Gijón dispone de salas como Acapulco, en el Casino de Asturias, la sala Albéniz, la Billy Bob y también alguna pequeña sala que empieza. Ese circuito en otoño e invierno se queda escaso y pequeño, sólo encuentra una conexión con escenarios mayores como el Teatro de La Laboral donde no todos los artistas encajan.

“nuestro problema es que programamos festivales solo para asturias”

Mi sensación es que no se piensa en los públicos. Me refiero a la gestión de públicos: qué públicos quiero y para cuántos gestiono un concierto, es decir, no existe una política de los aforos. En Asturias, a diferencia de Galicia, existen equipamientos para distintos aforos y aquí eso no está en la agenda de nadie.

Es cierto. El año pasado hicimos un pequeño estudio del público que acudía al VESU. Es un público más femenino que masculino. La media de edad está entre los 35 y los 40 años, el 56% procedía de fuera de Oviedo y de ese 56%, casi el 30 no era de Asturias y quizá, había acudido al VESU porque tocaba Novedades Carminha que, desgraciadamente, se nos separan. A lo que voy es que atraían público de las provincias limítrofes. Como tu dices, una de las claves es decidir qué publico y cuánto publico quiero gestionar. Ese es el problema. En ese sentido, somos conservadores en cuanto a los carteles y a qué grupos traer. Tienes que vender entradas y sólo aseguras invitando a participar a un grupo más grande. En Asturias, meter a 4000 personas parece imposible y, sin embargo, irrumpe el Tsunami y destroza esa norma. Lo vemos con Riverland y lo veremos también con Bombastic. Los promotores deciden cuál es su target que suele estar muy marcado. Cada uno tiene su estudio hecho. Por el cartel, sabes más o menos el perfil de edad, quién va a ir, cuánto se va a gastar. Es relativamente fácil de establecer. Y como te decía antes, somos conservadores en el sentido de que programamos con miedo porque estamos en Asturias y muchas veces nuestro problema es, precisamente, que sólo pensamos en Asturias y somos muy pocos. Si a un millón de habitantes le restas, a vuela pluma, 600.000 habitantes que son mayores de 65 años y después otros 100.000 que son chavales de menos de 14, te quedan 300.000 habitantes a los que no a todos les gusta el indie. Así que desde las instituciones, convendría no hacer política cultural sólo para Asturias, sino para León, Santander, Lugo. Cuando hablamos de festivales de verano estas vendiendo una oferta musical y cultural, además de tu pack como paraíso natural de playa y montaña. Nuestro problema es que solo miramos solo para Asturias como público potencial y hablo en términos generales, no solo de los festivales.

Me quedo con una frase de Juan Cueto, la fórmula en la que siempre recalo: pensar lo local desde lo global. Creo que se ha impuesto una ceguera que pone de manifiesto que son los políticos, principalmente, los que tienen una mirada más aislacionista de un territorio, de por sí, muy aislado.

José Luis Costillas y la Fundación Municipal de Cultura siempre nos han ayudado, siempre han estado ahí. Nunca han entrado en valoraciones artísticas a cerca del quién o del cómo. Y el gran responsable es él. Pasa en toda España. Me gusta ver la política desde fuera, cómo se comunica y cómo se intenta dominar determinados discursos. Estamos permanentemente en una campaña electoral. Y no para sumar sino para restar. Si intento ponerme en el lugar de lo que tiene que decir un político, visto desde fuera, se observa que gestiona situaciones inmediatas y que le resulta muy complicado pensar en términos de futuro. Por otra parte, las legislaturas duran lo que duran. Y es verdad que los años pasan cada vez más rápido. Esa visión de Juan Cueto piensa en global, actúa en local, es muy complicada en una visión resultadista de la política.

Interior de una de las naves de la Fábrica de Armas de La Vega. Foto de Alisa Guerrero.

En esa mirada glocal de la cultura, me gustaría saber como el VESU llega Shame

Queríamos tener y siempre lo hemos querido ese tipo de apuestas. Y casualmente, buscando bandas que siguieran el rastro de los Fontaine D.C o Shame, buscando posibilidades donde estaban unas cuantas bandas de esas características, encontramos una pequeña puerta abierta a Shame. Con lo que ya teníamos cerrado previamente, no es un trabajo de un mes, ni de dos, hay grupos cerrados prácticamente desde que terminó el VESU del año pasado. Tener a Carolina Durante y a Shame la misma jornada. Los chicos de Carolina nos dijeron que les flipaba el cartel porque son fans de Shame. Eso ya te llena, te da más subidón.

Y crea conexiones entre el post punk garajero de Shame y el indi punkarrón de Carolina

Exacto. Las cosas se ponen por algo. No es casual. Intentamos crear una escena, que esa escena ocurra, suceda, y cuando ocurre te mola. Esa apuesta compleja, complicada en la negociación, con los guiris, porque al final hay intermediarios, contratos, condiciones, que exigen mucho esfuerzo para lograr convencer ese tipo de bandas. Invito a que veáis el concierto que los Shame dieron para el Canal Arte y veréis su energía.

Uno de los platos fuertes de esta edición será el regreso a Oviedo de Los Planetas

No sé por qué llevan 22 años sin tocar en Oviedo. La ultima vez que vinieron a Asturias fue en 2008 en un MTV celebrado en la plaza de toros de Gijón. Tocaron entre un batiburrillo de grupos. El último concierto exclusivo que ofrecieron fue en el 99 o el 2000 en La Real y hasta entonces no han vuelto a tocar en Asturias.

No me resisto a destacar a Shego que, creo es una banda revelación, una apuesta muy novedosa, muy cañera, con un discurso feminista, verdaderamente empoderado, fresco y con unas letras que responden a algo más que una coyuntura musical oportunista.

Uno de sus descubridores fue Carlangas, quien las apadrinó una temporada. No sé si sigue con ellas. Ahora están con Ernie Records. Dos de las integrantes estuvieron en el VESU del año pasado durante la jornada del sábado y tocaron una canción con Novedades. Se estuvieron divirtiendo en primera línea. El año pasado, por la pandemia y las restricciones, nadie se podía levantar y separarse del palé de paja. Ellas lo hicieron un par de veces, estaban con las Hinds bailando, pasándoselo bien. Me acerqué, les pedí, por favor, que no montaran el numero. Yo estaba sufriendo en el escenario. De vez en cuando me acercaba al cronómetro porque no veía la hora de que acabase ese concierto. Les llamé la atención, hasta el punto de prometerles que si se portaban bien, las traería a la siguiente edición. Pues bien, en su twit lo confirmaron: prometimos portarnos bien y ahora estamos en el Vesu. Es verdad, independientemente de la anécdota, ya las seguía por aquel entonces y me parecía que hacían algo distinto. Antes hablabas de su discurso y es un discurso que es capaz de aunar seguidores que no piensan como ellas. Eso es muy meritorio.

“el éxito del vesu será que vuelva a producirse en 2023”

Creo que destacan porque se está colocando a las bandas musicales integradas por tías en un sonido indie que algunos llaman tonti pop, yo lo llamo rock chicloso, que infantiliza el rock y que falsea la música tocada por mujeres. Con Shego, se rompe esa convención, bastante machistona, y lo hacen sin renunciar a reminiscencias sonoras que van desde Rosenvinge hasta Liv Albertine, con un discurso feminista, empoderado, rebelde, provocadop y punkarrón.

Y están empezando a despegar. Invito a que la gente las conozca. Creo que son, pese a la carga moral que puedan tener sus temas, muy movidos, que están hechos para pasárselo bien, sin estar exentos de la crítica. Están haciendo algo muy grande dentro del movimiento femenino que, afortunadamente, cada vez es mayor. A mi me gusta que estén, sin necesidad de cubrir ninguna cuota y eso es lo que hay que valorar. Y, por supuesto, teníamos una promesa y la hemos cumplido.

Íñigo Domínguez, en la Fábrica de Armas de la Vega. Foto de Alisa Guerrero.

¿Cuál sería el éxito de este VESU?

Que hubiera otro para 2023. Que el publico de este VESU se fuera diciendo que tienen que volver el año que viene, que ellos fueran la publicidad del año que viene y la transmitieran a sus colegas, amigos, familiares, y dijeran en sus redes sociales: hostia lo que os habéis perdido en Oviedo. Es verdad que sí que intentamos cuidar a todas las patas de la industria musical, al proveedor, queremos que escenario, luces , sonido, que todo eso sea de aquí, quizá mirando demasiado a Asturias, pero es importante que nos beneficiemos todos, incluidas las empresas asturianas, igual que cuidamos a los artistas. Los chicos de Viela meten imágenes del Vesu en el video que estrenaron. Ese tejido nos gustaría desarrollarlo y mantenerlo, que las propias bandas digan que guay lo pasamos, el concierto fue estupendo, y todos deseen volver al VESU con un cartel previsto en octubre, marcado como una cita más del panorama musical español.

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