Ana González: rastros de carbono

Hay quien se encomienda a Dios y otros que lo hacen al reglamento que es, al final, una manera de no afrontar los retos políticos que se vienen.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Dice Enrique del Teso, que es hoy el mejor articulista de esta región, que un país necesita una agenda y que el nuestro no la tiene o si la tiene, no está clara, no está definida, sigue embargada por la improvisación y la incertidumbre. Es difícil confiar en quien no tiene los votos asegurados en el Congreso, en quien no es capaz de resolver una crisis diplomática, en quien depende permanentemente de otros para poder llevar a cabo su acción de gobierno. Expresa debilidad, improvisación, incertidumbres. Sin embargo, depender de otros no es, per se, algo negativo. Al contrario, genera lazos, alianzas, un trenzado de retos diferentes y compartidos. El problema es cuando la dependencia no está garantizada, es frágil, quebradiza, afilada, escurridiza. De un modo alarmante, tanto Sánchez en España, como el presidente Barbón en Asturias o la alcaldesa González en Gijón expresan un alarmismo constante que nos obliga a depositar cada uno de sus argumentos y cada una de sus dependencias en una desconfianza desarmante. Cada día están más solos.

A escala local, en Gijón sucede lo mismo. La agenda no está clara, por muy diáfanos que sean los objetivos hasta el final de su mandato. Cuando los retos flotan en el aire, huérfanos de plazos, sucumbimos a la fatalidad del destino. La pandemia, un congreso local y una sentencia judicial han trastornado la agenda de la alcaldesa, que afirma con rotundidad que repetirá como candidata en los próximos comicios municipales. Ni siquiera eso está garantizado.

Ana González está engolfada por los estatutos del partido, blindada de normas que le permiten presentarse a la reelección y ante eso, afirma con soberbia y enfado, no hay secretario local que pueda hacerle nada. O sí.

“Pensar en silencio no deja rastro de carbono. Desbarrar en la prensa, sí”

Habría que recordarle a la regidora que bastan 600 firmas en su agrupación para abrir un proceso de primarias, que basta un recambio que ofrezca más garantías que ella y, sobre todo, que una encuesta determine si otro socialista o afín, por muy desconocido que sea, suma más votos que ella. No parece tan descabellado ¿ O acaso es un delirio pensar que no habrá nadie en esta ciudad que lo pueda hacer mejor que ella? No seamos tan exigentes. ¿Acaso es un delirio pensar que no hay nadie que lo pueda hacer peor que ella? Al final, con la expectativa de votos, todo es cuestión de sumas y restas. Que hablen pronto las encuestas.

Hay quien se encomienda a Dios y otros que lo hacen al reglamento que es, al final, una manera de no afrontar los retos políticos que se vienen. Para eso ya hay una metodología y es posible que ya se barajen varios nombres. Quizá la alcaldesa debería iniciar un proceso de reflexión, de carácter íntimo, y por qué no, trascendental porque nos afecta a todos y a la izquierda en particular. Hay futuro más allá de la política. Pensar en silencio no deja rastro de carbono. Desbarrar en la prensa, sí.

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