Un lugar de memoria para los asturianos que trataron de matar a Franco en 1949

IU pide que se cumpla el compromiso de señalizar y adecuar la fosa común de Llaviana en la que están enterrados "Los Caxigales".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

En julio de 1949 un grupo de guerrilleros asturianos comandados por Manuel Díaz, Caxigal, intentaron matar a Franco durante una visita del dictador al Bierzo. De haberlo logrado es posible que el rumbo de la historia española contemporánea hubiera cambiado. Fracasado el magnicidio los guerrilleros se repliegan en Asturies, concretamente en el pueblo de La Ferrera, en el concejo de Llaviana. Allí son víctimas de una emboscada. Las autoridades franquistas muestran sus cadaveres en público antes de enterrarlos en una fosa común del cementerio de San Esteban de El Condado. Si bien en 2021 se anunció que el enterramiento sería declarado Lugar de Memoria, tal y como había pedido CCOO, en la práctica no se ha avanzado nada, y el enterramiento sigue sin ningún tipo de distinción.

IU ha exigido este domingo al Gobierno de Asturies que se cumpla el compromiso para el reconocimiento del lugar, cosa que, hasta el momento, ha sido imposible por la negativa de la Iglesia a que se realice ningún tipo de intervención.

Con este motivo, Ovidio Zapico, coordinador de IU, miembros de la formación en ese concejo junto a la secretaria de Coordinación Territorial, María José Miranda, acudieron este domingo al enterramiento, donde la concejala de IU Carlota Begega acusó, tanto al cura de Llaviana como al Vicario de Asturias de su falta de interés por adecentar el lugar.

“Venimos a reclamar memoria, justicia y reparación para los camaradas. Tenemos un acuerdo con el PSOE, reflejado en los presupuestos, bajo el amparo de la Ley de Memoria Histórica que no se está cumpliendo por las trabas que pone la Iglesia”, ha denunciado la edil.

Begega ha pedido “una iglesia más democrática y que cumpla con la ley y que respete a estos camaradas que están aquí por el simple hecho de defender la democracia”.,

Para desbloquear la situación, ha anunciado la edil, “vamos a solicitar a la Consejería que explore la posibilidad de declarar un lugar para la memoria para así poder tener el sitio bien cuidado y bien protegida la memoria de estos hombres”.

La intervención que se demanda es poner una placa que explique que las personas que allí están enterradas fueron asesinadas por su defensa de la democracia

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1 COMENTARIO

  1. Manuel González Díaz, alias Manolo Caxigal, nunca planeó, que se sepa, atentar contra Franco. Su vida en la montaña, escondido desde el año 1937 y viviendo “a salto de mata” era muy dura ya de por sí. Casi no tenía medios para mantener a su grupo de hombres cada vez más menguado y debilitado debido a los continuos golpes de la Guardia Civil y su Brigadilla.
    En 1948 llegó a Asturias, enviado por el Buró del PCE, Luis Montero Álvarez para ver de primera mano cómo era la situación de los guerrilleros. Seguramente regresó a Francia en agosto de 1948. En enero de 1949 regresó Montero a Asturias enviado de nuevo por Buró. En esta ocasión tenia la misión de intentar convencer a Caxigal de que abandonase la vida guerrillera y se infiltrase en los sindicatos, como Stalin le había pedido a Carrillo en una reunión en Moscú en noviembre de 1948. Ni que decir tiene que esto que pedía Stalin era misión imposible para un hombre como Manolo Caxigal. Entonces los guerrilleros le pidieron al Partido que se les sacase a Francia a descansar. Y el PCE se negó. Los tildó den”provocadores”. Ni siquiera estaba el Buró dispuesto a devolver a la seguridad de Francia al propio Montero, que era un hombre enfermo y con la Salud muy mermada por haber sobrevivido al campo de Mauthausen. Luis aviso al Buró a principios de enero de 1950 de que la situación estaba tensada, que no quería “morir como un perro”.
    El 31 de enero de 1950 Montero fue detenido en Gijón por la Guardia Civil, y pocos días después, Caxigal y sus hombres fueron abatidos en El Condado en una redada en la que el propio Montero estaba presente, esposado a un guardia. Desde entonces se le acusa de traidor, por delatar cuál era el escondite del guerrillero, sin tener en cuenta muchos matices que no voy a exponer aquí.
    Con Caxigal murió Vicente Blas Almodóvar. Este hombre había llegado a Asturias desde Moscú, pasando por la Escuela Guerrillera del PCE en Francia. Nadie, solo Montero (y los ocho guerrilleros muertos) conocían su identidad. Montero se negó a identificarlo. Por eso fue echado a la fosa con Caxigal como “sin identificar”. Pero el Partido conocía perfectamente su identidad, y sabía que había dejado viuda y dos hijos en Moscú. Sin embargo, jamás se preocuparon de dar noticia a la familia de su terrible final. Para el Partido estos hombres eran peones, carne de cañón, daños colaterales que, a pesar de haber dado su vida por la revolución (que no por la democracia), no merecían ni cinco minutos del tiempo que habría llevado notificar a la viuda de la muerte de un marido a 4.000 kilómetros de distancia. Esto le habría dado a ella la oportunidad de poder pedir una pensión por viudedad, o, al menos, la oportunidad de casarse otra vez. Anna, que asi se llamaba, tuvo que esperar 20 años para esto último. Todo por un trozo de papel que Carrillo no tuvo tiempo, o ganas, de escribir. Él sabía que Vicente estaba en esa fosa, pero nunca lo notificó a la familia.
    El PCE nunca reconoció que lo que se hizo con los guerrilleros fue criminal, no solo en Asturias, sino en toda España. Antes de pedir cuentas, sus herederos políticos deben, yo creo, estudiar a fondo y reconocer la parte de culpa que tuvo el Partido en aquella tragedia humana que fue mantener la guerrilla activa durante tanto tiempo, cuando sabían perfectamente que los hombres morían, efectivamente, como perros.

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