La receta de Borrell: más armamento y menos calefacción

“Las guerras se ganan con armas”, dice este eterno vividor de la política que cobra 26.000 euros al mes por pedirnos sacrificios para alargar una guerra que perderemos los de siempre

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

“Las guerras se ganan con armas”, dijo Josep Borrell este martes en un pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo. El Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (orgullo del socialismo español y europeo) ya no se corta un pelo en su descarada apología del belicismo y del militarismo.

“No se puede ganar una guerra, del mismo modo que no se puede ganar un terremoto”, dijo hace unas décadas la estadounidense Jeanette Rankin (1880-1973), congresista por el estado de Montana; una mujer que aunque pertenecía al Partido Republicano era más progresista, más contestataria y más decente que individuos como Borrell. Rankin fue una de las fundadoras de la Unión Americana de Libertades Civiles y de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, fue también de las primeras en salir a la calle empuñando la pancarta contra la guerra de Vietnam.

A Borrell nadie lo recuerda empuñando ninguna pancarta reivindicativa. Se hizo militante del PSOE con 27 años, en 1975, cuando el fascista Francisco Fanco ya estaba en las últimas y cuando otras y otros muchos ya habían pagado en sus propias carnes (desde el socialismo, el comunismo, el anarquismo…) el elevado precio de luchar contra la dictadura. Con Felipe González Borrell ocupó dos secretarías de Estado dependientes del Ministerio de Economía y Hacienda antes de convertirse en ministro de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente. Ganó unas primarias en el PSOE frente a Joaquín Almunia, el candidato arropado por el aparato del partido y por lo que quedaba del felipismo, y ahí Borrell se curró la imagen del candidato ‘progre’ y alternativo; engañó a muchos y muchas en ese viaje ideológico hacia ninguna parte.

Después de aquello se fueron sucediendo los cargos de un Borrell convertido ya, descaradamente, en eterno vividor de la política y de las ‘puertas giratorias’: eurodiputado, presidente del Parlamento Europeo durante dos años y medio gracias a un acuerdo de alternancia entre la socialdemocracia y la derecha democristiana (estas dos corrientes se entienden de vicio cuando ven peligrar el bipartidismo y, por ende, el pesebrismo), consejero de la multinacional Abengoa, ministro de Asuntos Exteriores en el primer Gobierno de Pedro Sánchez… Después la Comisión Nacional de Mercados y Valores le tocó los cataplines sancionándolo por el uso de información privilegiada en la venta de acciones de Abengoa… pero a Borrell ni siquiera le salieron los colores.

Desde hace casi tres años es el máximo representante de la Unión Europea en política exterior, un puesto retribuido con más de 23.000 euros al mes. La invasión de Ucrania por parte de Rusia le ha devuelto el protagonismo perdido a la OTAN (una siniestra organización militarista reforzada por el irrefrenable imperialismo del no menos siniestro Vladimir Putin) y a ese Borrell que, cuando le convino, mantuvo un perfil contenido y moderado, pero que hoy cabalga cómodamente sobre tres de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: los que representan la guerra, la muerte y el hambre.

Hoy Borrell ha tenido los santos cojones de entonar, sin ruborizarse siquiera, una de esas frase que podría suscribir perfectamente Donald Trump: “Las guerras se ganan con armas”. Las guerras nunca se ganan, siempre se pierden, aunque siempre las pierden los mismos: las gentes que las sufren, directa o indirectamente; las que están bajo las bombas, las que se ven obligadas a huir de sus hogares y también las gentes en terceros países a las que les resulta aún más jodido permitirse el ‘lujo’ de encender un rato la calefacción en invierno mientras impresentables como Borrell les dicen: “No es el momento de desfallecer, es el momento de redoblar nuestros esfuerzos”. Esta guerra la perderá la Humanidad, no la perderán Borrell, Putin, Von der Leyen o Biden ni nadie de su estirpe. Que se vayan a la mierda todos estos.

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