San Mateo, sin Jackson Browne

En el Antiguo ya no hay nada que nos diga que es fiesta en los dominios de Tigre Juan.

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Belén Suárez Prieto
Belén Suárez Prieto
Correctora de textos de profesión. Vivo en El Tiempo Delicuescente.

Para escribir esta tribuna, busco en YouTube, en mi tele, clips de Jackson Browne y los pongo, como fondo e inspiración. Amamos a Jackson Browne y lo amamos muchísimo cuando tocó en las fiestas ovetenses de San Mateo de 2016, en el escenario de la plaza de la Catedral.

Jackson Browne, un escritor de canciones fundamental, se nos presentó, pues, para todos los públicos y para todos los bolsillos y quiero pensar que esa jovencita que tenía 17 años esa noche y que salió con sus amigas descubrió de modo casual al autor de «Running on Empty» y ya nunca más soltó su mano y este le condujo al Leonard Cohen de «A Thousand Kisses Deep» y, de ahí, fue directa a Boogie Street.

Esta historia es una historia pequeña dentro de todas las pequeñas historias que han supuesto las fiestas de mi pueblo, las fiestas de San Mateo, unas fiestas que en los últimos cuarenta años giraban en torno a los chiringuitos, regentados por asociaciones de distinto contenido, distinta idiosincrasia y motivación diversa, y, así, escapábamos de la monotonía del curso para ir a tomar el mojito o el bocadillo o el cóctel imposible, escogiendo el chiringuito indicado para cada tipo de consumición, y, en ese revoltijo de músicas y de olores y de gente, escapábamos de la uniformidad, que solo consigue el adocenamiento.

El equipo de gobierno que desde hace tres años rige el destino de mi pueblo acabó con los chiringuitos y con ese modo diverso de vivir la fiesta y ahora hay unas casetas, que regentan locales de hostelería a cambio de un sorteo y de un canon, pero las casetas tienen que ser todas iguales y da igual que expendan mojitos que quesos o pulseras, en otras celebraciones, y en todas suena la misma música.

Concierto en el chiringuito La Mateína,

Y ya no hay conciertos en el Antiguo, ni los de gran formato en la plaza de la Catedral ⸺donde la jovencita de 17 años se enamoró de las canciones de Jackson Browne y, de paso, de las de Leonard Cohen, y las escucha en casa, aunque sus amigas no la entiendan⸺ ni los de pequeño formato y más minoritarios en la plaza del Paraguas; tampoco los de rock, con sus bandas participantes y sus bandas invitadas, en San Vicente, allí donde nació la ciudad y a la sombra del padre Feijoo, en el Concurso de Rock Ciudad de Oviedo «Alejandro Blanco Espina».

Ahora los conciertos de gran formato están lejos de las casetas del Antiguo, ya sin chiringuitos, y son caros y no hay posibilidad de que quien no pueda pagarlos acceda de ningún modo, hurtando la participación popular y masiva en las fiestas del pueblo, sesgada por motivos económicos, y en esos escenarios ya no toca el viejo músico venido de fuera y apenas hay representación local.

La escena musical asturiana está escasamente representada, en otros escenarios, siempre más pequeños, en conciertos deficientemente anunciados y considerados más como «amenización» que como la protagonista del lugar.

En el Oviedo Antiguo, repleto hasta hace dos años en noches como esta, se nos olvida que es San Mateo cuando regresamos a casa dando un paseo, porque no hay nada que nos diga que es fiesta en los dominios de Tigre Juan, e intentamos celebrar nuestra propia fiesta, pero, a la vez, sentimos que nos la han hurtado y nos han dejado esa sensación sorda y molesta de amputación sentimental.

Ya no hay más jovencitas de 17 años que descubran al viejo cantautor mientras canta «The Pretender», con esa hermosa voz de oro y con esas hermosas historias, de modo casual, en las fiestas de su pueblo.

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