Celebrar la cumbia

El vigués Pablo Lesuit celebró su disco Belorizonte en la renovada sala Tribeca de Oviedo

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Es una noche de un jueves otoñal y el vigués Pablo Lesuit presenta su segundo disco, Belorizonte  (Esmerarte, 2021), junto a su banda en la nueva temporada de conciertos de la sala Tribeca de Oviedo. A penas 20 personas se acercaron a una sala renovada, con más empaque y mayor amplitud que antes del verano, para escuchar en vivo un disco que refleja el particular universo de un creador que se maneja con una soltura admirable en composiciones que hunden sus raíces en la cumbia argentina, los sonidos del cadombé uruguayo, el pop, el punk, el rock y la canción ligera.

Lesuit, como David Bowie, es una sorpresa con rostro de ángel. Su último disco ofrece nuevos horizontes al pop rock con aroma a dulce de cuento sin final feliz o susurro travieso que viaja por los diversos estilos latinos con alegría y determinación, a medio camino entre la canción tradicional y el pop más redondo. Tanto es así que en Belorizonte, el gallego logra que resuene el tropicalismo de Caetano Veloso o Gilberto Gil (emocionante fue la versión que interpretó junto a la siempre desarmante voz de Marisa Valle Roso en Tonada de la luna llena, antes de atacar Con el viento) o se aprecie la versificación de Jorge Drexler en temas como Crónicos o la cumbia psicodélica de Bomba Estéreo en La Noche. Y todo esto no le impide despegar hacia sonidos más modernos y poperos como Ada, canción con la que abrió el concierto en Tribeca, junto a voces como la interesantísima Esmeralda Escalante en La luz que no alumbra, de ritmo lánguido o la sugerente Pamela Rodríguez en el single Tus balas no me dan, canciones que incluyó en el set list del jueves.

Pablo Lesuit en la sala Tribeca despidiéndose con Adios, acompañado por el público de la sala Tribeca.

Probar y probarse es una constante en su carrera desde 2020. Porque Belorizonte es un volantazo optimista en la carrera de Lesuit, después de grabar Tiempo en 2015 y Ocho horas en 2012, dos discos que se hacen solubles en un pop sin tanta personalidad y que, de alguna manera, parecen haberse quedado en el baúl de los recuerdos. Belorizonte es, por el contrario, un salto cualitativo que se identifica fácilmente con el encuentro de un artista y su propio estilo, fraguando una identidad, algo que, por otra parte, le otorga una enorme modernidad (Bowie sale otra vez a su encuentro) y que se traduce en canciones tan drexlerianas como mestizas, inspiradas en una poética de la sencillez, el amor, y la frontera entre sonidos que convergen hacia la cumbia, de una forma elegante, sutil una veces, contundente y rebelde en otras, con detalles electrónicos que nunca opacan la voluntad de Lesuit de hacer del folclore latino un sonido contemporáneo pero también genuino.

Andrés Calamaro, Drexler, Kevin Johansen, Lisandro, León Larregui, Lafourcade se han visto seducidos por la cumbia, abriendo su obra musical al género, redescubriéndolo, transformándolo, quizá porque en sus estructuras se admite con la misma agilidad el canto al amor y al vicio, a la pura reflexión sentimental, el desencanto alegre o a la euforia que no quiere renunciar a la melancolía. La cumbia es multiforme, rica, diversa, popular, resistente. Se suma ahora Pablo Lesuit con todos los poderes a esta lista de autores, sumergiéndonos con Belorizonte hacia un universo pop que crece. No dejen de escucharlo.

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