Fotografía: David Aguilar Sánchez.

Las calles del Oviedo Antiguo se llenaron en la noche de este sábado de curiosos, de paseantes ociosos y sin rumbo y de observadores. En definitiva, de ciudadanos en el sentido más noble del término, que son quienes saben perder el tiempo para encontrarse y hablar en la plaza pública. La Noche Blanca de la capital asturiana convirtió todo el centro de Oviedo en un gigantesco ágora en el que la ciudad se interpela a sí misma, se contradice, dialoga con su pasado y trata de orientarse en el futuro. En cuestión de minutos, y andando unos pocos metros, era posible ver en el Museo Arqueológico una muestra sobre “El infame yugo de Roma” o adentrarse “las consecuencias que pueden derivarse de nuestro actual consumo de datos y de imágenes”, como planteaba la instalación del artista Juan Falcón ubicada en el Jardín del Edificio Histórico de la Universidad.

Hubo largas colas para entrar visitar la Catedral, y para casi todo lo demás. Cientos de ovetenses aguardaban su turno en la Patio del Edificio Histórico, donde ocho poetas manufacturaban versos por encargo percutiendo sus máquinas de escribir. Muy cerca de allí, en el Teatro Filarmónica, Pablo Und Destruktion ofreció uno de sus rituales íntimos y salvajes en el que presentó “Ultramontano”, su último trabajo, y repasó algunos de los hitos de su repertorio.

También el Museo de Bellas Artes estuvo concurrido hasta entrada la madrugada. Además de la visita a la colección de la pinacoteca, la compañía Teatro del Norte representó una versión inspirada en “El teatro y su doble”, de Antonin Artaud, en la que cobran vida algunos de los personajes de los cuadros del museo.

Fotografía: David Aguilar Sánchez.

Por allí transcurrieron los dos pases de la ruta de la revolución de 1934, organizada por la Fundación Juan Muñiz Zapico , y que ya tenía agotadas sus plazas desde la primera hora de la mañana del sábado.  Otra incursión en los pliegues y recuerdos más desconocidos de la ciudad fue la apertura de la calleja La Ciega, un pasadizo subterráneo que discurre entre la calle Martínez Vigil y la calle Azcárraga. La instalación de luces LED por parte del Colectivo Artea hicieron de este espacio, que en su día albergó viviendas para las clases obreras carbayonas, uno de los más sugestivos de la noche. La cola para entrar ocupaba casi toda la calle Martínez Vigil.

 Miles de ovetenses de todas las edades participaron en las decenas de actividades repartidas por las distintas instituciones culturales de la ciudad. Luego entró la madrugada y a los curiosos y paseantes les fue entrando el sueño. Cerraron los museos, las facultades y las iglesias. Quedaron abiertos los bares , los únicos lugares que son ágoras todas las noches del año.

Fotografías: David Aguilar Sánchez.