La Vega vuelve a ser la estrella de La Noche Blanca

El histórico recinto fabril, amenazado por planes especulativos, mostró una vez más sus potencialidades ante centenares de visitantes.

Recomendados

Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Después de la reciente chapuza de Festejos en la organización de San Mateo, todavía se agradece más la profesionalidad y el buen hacer de los profesionales que han hecho posible otra Noche Blanca sobresaliente. Un festival a contrarreloj, de tan solo unas cuantas horas de duración, en el que la gracia está en quedarse siempre con la sensación de haber visto mucho menos de lo que a uno le hubiera gustado.

El evento, organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo/Uviéu desde 2013, se ha consolidado por derecho propio como una de las grandes citas culturales asturianas del año. Pero es que en Oviedo es además algo más, una especie de fiesta de bienvenida del otoño. Da igual lo que se programe. La gente se echa a la calle para ver qué hay y sobre todo para dejarse sorprender, ya sea Pablo Und Destruktion en el Filarmónica, una proyección del artista Daniel Canogar sobre la fachada del Campoamor, un espectáculo de luz en la desconocida Calleja la Ciega de Martínez Vigil, la ruta guiada por los escenarios de la Revolución del 34, o el canto de las monjas del convento de Las Pelayas.

Dama Área. Foto: David Aguilar Sánchez

No obstante, si algo se ha convertido desde 2014 en un éxito asegurado es cualquier actividad en La Vega. Fue ese año en el que el entonces programador Chus Neira tuvo la osadía de abrir el recinto fabril y descubrir a los ovetenses uno de sus mayores tesoros: otra ciudad dentro de la ciudad, con sus edificios, calles y árboles. Este año, ya sea atraídos por la programación, o simplemente por la curiosidad de saber qué se esconde tras los muros de la fábrica, centenares de personas volvieron a pasear a lo largo de toda la noche por La Vega. Lo que se encontraron además dentro de las naves fue una programación que bajo la etiqueta colectiva de Luba mostró al público las múltiples posibilidades de la música electrónica. Desde el intimismo hipnótico de Marina Herlop al punkarrismo desfasado de Dame Área y su tremendo directo. Todo desembocó sutilmente en la fiesta de David Longoria, dj de gusto exquisito, que puso a bailar a un respetable bien variopinto, desde curiosos, a niños y niñas, familias enteras y reconocidos fiesteros de la ciudad. Solo faltó un bar para lograr la perfección.

La Vega no solo es el espacio histórico con más posibilidades sociales y culturales de Asturias, sino además, con permiso del Matadero de Madrid, el recinto fabril más espectacular de España. No habría estado mal que Adrián Barbón y su consejera de Cultura, Berta Piñán, se hubieran dado una vuelta este sábado para comprobarlo in situ. La reivindicación por su conservación estuvo presente en la Noche Blanca, con intergrantes de la plataforma Salvemos La Vega repartiendo a las puertas de la fábrica información y chapas. Y es que conviene recordarlo, si la ciudadanía no reacciona a tiempo, Oviedo y Asturias pueden perder La Vega ahora que están empezando a descubrirla y a disfrutarla. Que la centenaria fábrica vale más como contenedor de todo tipo de actividades que como superficie para torres de viviendas volvió a quedar patente una noche más. Por cierto, ante más de dos mil testigos. La Vega es un tren que Oviedo y Asturias no deberían perder.

Actualidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí