Cofiño y Piñán, diferentes estilos parlamentarios para justificar el mismo pelotazo urbanístico

Vicepresidente y consejera de Cultura cierran filas con el acuerdo que permite la construcción de 1.000 viviendas en la fábrica de La Vega.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Mañana intensa de martes en la Junta General. Dos grupos políticos que en principio poco tienen que ver, Podemos y Foro, plantaban cara a los consejeros socialistas Juan Cofiño y Berta Piñán a cuenta del futuro de la fábrica de La Vega. Dos estilos de gobierno y dos estilos de oposición. Así, mientras el dirigente forista iba directo y a la cabeza hacia el vicepresidente Cofiño, exigiéndole la anulación del convenio que permite el desvío de la autopista y la edificación de 1.000 viviendas en el histórico recinto del siglo XIX, Ricardo Menéndez Salmón, de Podemos, apelaba al corazón de la mujer de letras que es Berta Piñán, pidiéndole valentía para proteger lo que de no ser tan jugoso bocado urbanístico ya estaría más que protegido. “Sea valiente, consejera. Diga no al expolio de La Vega” llegó a rogarle en sede parlamentaria el escritor de “La Ofensa” a la autora de “Noches de incendio”.

Dos estilos también en las respuestas. Mientras el vicepresidente Juan Cofiño, quizá el político peor encarado del Gobierno de Adrián Barbón, se mostraba ofendido porque se hable de “especulación urbanística” para calificar el proyecto de torres de 10 plantas en La Vega, Berta Piñán se salía por la tangente, afirmando su respeto por los firmantes del manifiesto académico en defensa del patrimonio industrial, y prometiendo que de hacerse, todo se hará con ajuste “a la normativa en materia patrimonial”. Un pequeño detalle. Obvia la consejera, que es su consejería, y no otra, la que tiene la potestad para catalogar y salvar de la piqueta los edificios en peligro: los chalets de ingenieros, la central eléctrica y otras naves. Por ahora Piñán no ha movido un solo dedo en ese sentido, como tampoco lo ha hecho para pronunciarse contra una Ronda Norte sobre cuyo impacto en Santa María del Naranco hay preocupación, más que fundada, en el comité asesor de la UNESCO.

Una de las infografías de Salvemos La Vega.

Si Pumares y Salmón son parlamentarios bien distintos, Cofiño y Piñán tampoco tienen mucho que ver entre ellos aunque compartan gobierno. Uno es un político profesional, la otra es una poeta y novelista metida a política. La destrucción del patrimonio fabril no afectará en gran medida al prestigio del vicepresidente. Su crédito político está en otra parte, y posiblemente sus intereses personales también. En cambio para Piñán no debe resultar agradable que se la identifique con una operación especulativa tan salvaje como la que Alfredo Canteli, Adrián Barbón y la ministra Margarita Robles han avalado en lo que probablemente sea el espacio histórico con más posibilidades de Asturies. Piñán llegó a la política para ser la consejera de la oficilalidá, pero si las cosas no cambian, puede terminar pasando a la posteridad como la consejera de Cultura que facilitó la destrucción de uno de los conjuntos mejor preservados de la revolución industrial en España.

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2 COMENTARIOS

  1. Debería dejarse la Vega para un botellódromo, un espacio social-colaborativo de malabares y diábolo, y alguna presentación de un libro.

    Lo que no sé es por qué no la okupáis!

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