El discurso de Sánchez en defensa de las “clases medias y trabajadoras” gana credibilidad con los nuevos presupuestos

PSOE y Unidas Podemos pactan unos PGE que refuerzan el Estado del Bienestar, pero en los que el gasto en Defensa se dispara en un 25%.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Las clases medias y trabajadoras”. La fórmula se ha convertido en el mantra que Pedro Sánchez aprovecha para repetir en cualquier discurso, entrevista o intervención pública. A principios de año el presidente tomó buena nota de una de las observaciones que la socióloga Belén Barreriro, ex directora del CIS, hacía al hilo de una encuesta de su empresa, 40dB, para El País. Las medidas del Ejecutivo, explicaba Barreriro, tenían una aceptación positiva, pero no así la opinión del Gobierno: “la mayoría cree que no beneficia a la clase trabajadora, ni a los desempleados, ni a las personas en riesgo de exclusión social, ni a los pensionistas, ni a los jóvenes, ni al medio rural”.

El mantra de las “clases medias y trabajadoras” invocado por Sánchez se ha convertido en las últimas semanas en algo más que un guiño lingüístico pensado para gustar a las tradicionales bases sociales del PSOE. El anuncio de un impuesto especial a las empresas energéticas y a la banca, así como la reforma fiscal progresiva que tanto tiempo llevaba reclamando Unidas Podemos, y de la que tanto se había escaqueado el PSOE, han permitido a Sánchez confrontar con el PP: el partido de “las clases medias y trabajadoras” frente al partido de las elites. Solo el “fuego amigo” de algunos barones socialistas, totalmente imbuidos del discurso fiscal de la derecha, ha afeado lo que, a pesar de Ximo Puig y Emiliano García-Page, ha sido una victoria cultural del Gobierno. Adrián Barbón ha sido en eso una excepción, mostrándose totalmente alineado con el Gobierno de España en materia de impuestos.

“La parte más inquietante de estos PGE es el espectacular aumento que se dará en Defensa”

Tras la batalla fiscal, los PGE de 2023 son por ahora el último eslabón en esta estrategia socialista para reconectar con “las clases medias y trabajadoras”. Más inversión en sanidad, educación y dependencia, subidas de las pensiones, los sueldos de los funcionarios, subsidios de desempleo e Ingreso Mínimo Vital. También medidas universales con mucho impacto, como la ayuda de 100 euros mensuales a las familias con menores de 3 años, y la prórroga de los abonos gratuitos de cercanías y media distancia. Fuera de esta agenda social, más discreta de lo que le gustaría a UP, más ambiciosa de lo que se esperaba del PSOE al principio de la legislatura, se sigue quedando el derecho a la vivienda: no solo no se interviene un mercado absolutamente desmadrado, sino que ni siquiera hay una medida estrella con la pegada de la histórica ayuda al alquiler joven de los tiempos de Zapatero. El nuevo bono está muy lejos de satisfacer las necesidades de los jóvenes, y tiene la mitad de presupuesto del Plan de Apoyo a la Emancipación Juvenil de Zapatero y Carme Chacón en 2007.

Con la OTAN hemos topado

La parte más inquietante de estos PGE es el espectacular aumento que se dará en Defensa: un 25% más. Así, mientras el refuerzo económico para reducir las listas de espera en ayuda a la dependencia es de 620 millones de euros, la partida presupuestaria para modernización del Ejército es de 4.900 millones de euros. Casi lo mismo que se destina a Educación, 5.354 millones de euros, donde por cierto las becas aumentan 400 millones de euros.

Aunque el diputado de ERC Gabriel Rufián ironizaba sobre el triunfalismo de PSOE y Unidas Podemos acerca de “los enésimos mejores presupuestos de la historia de la humanidad”, está claro que son unos presupuestos bien distintos a los que firmarían Feijóo y Vox, pero también un Pedro Sánchez a solitario. El Gobierno a la española ha llegado más lejos que aquel Gobierno a la portuguesa que una parte de las izquierdas idealizó y presentó como la gran alternativa a la estrategia de Pablo Iglesias de presionar, tensar y forzar al PSOE hasta admitir a Unidas Podemos en el Consejo de Ministros. Estar en la sala de mandos importa. El curso de los acontecimientos lo está demostrando.

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