Romper la solidaridad machirula

Entender la perfomance como un gesto de niñatos es una barbaridad.

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Iván Gombel
Iván Gombel
Historiador y Doctor en Estudios de Género

Esto es una manada violadora, misógina, masculina.

Es la amenaza de la violación hecha institución. La fratría que se organiza para dar su mensaje: “vamos a follaros todos, porque vosotras, ninfómanas, lo queréis aunque digáis que no. Porque la resistencia que ponéis es lo que nos estimula a competir por deshumanizaros”.

Y que a nadie se le ocurra decir que lo hacen para hacerse los guays. Entender la perfomance como un gesto de niñatos es una barbaridad. Son chavales que tienen consciencia de que gritar esas burradas es una transgresión de la corrección política. Están atacando al feminismo a través de cuestionar los limites, de resistirse y de doblar la apuesta. Es un aquí estoy colectivo en el que resuena el patriarcado mas violento y amenazador. Los gritos a una, con esa entonación de manifestación neonazi y de partido de fútbol, son advertencias.

Los mitos patriarcales de la violación funcionan en dos direcciones que se conectan cíclicamente: cuidado con lo que te puedo hacer y cuidado porque si te lo hago es porque es lo que realmente quieres. Miedo y negación del consentimiento.

“Son un ejército y se comportan como tal: disciplina, masculinidad, organización, antifeminismo, rabia, rezumar poder y hacerte temer”

El sentimiento de pertenencia a un grupo poderoso y privilegiado es lo que articula una agresión de este tipo. Sentirse interpelado por otros para coordinar un acto de repulsa a las mujeres es violencia. Reducirlo a una chiquillada es violencia. Reducirlo a “no pensé en lo que estaba haciendo” es para mandarte a cagar.

Son un ejército y se comportan como tal: disciplina, masculinidad, organización, antifeminismo, rabia, rezumar poder y hacerte temer. El cántico repetido es la forma de revalidar la creencia, de potenciar el ataque y de dejar claro el mensaje. No es ninguna cima de ninguna pirámide, es la cotidianidad hecha panfleto.

No habrá transformación hasta que no se rompan los lazos de validación de esta masculinidad, hasta que se castiguen contundentemente estas muestras de poder machista y hasta que pongamos todo esto en el centro del debate político sin ruido.

Romper esta solidaridad machirula, estas dinámicas que son violencias reales, no es más que comenzar a construir una sociedad en la que dejemos de ver con buenos ojos, defender y excusar al “hombre de verdad”.

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