“No somos migrantes climáticos, huimos de la represión”

Dalila Argueta es una agricultura hondureña que lleva 4 años exiliada en España por oponerse a los proyectos extractivos de multinacionales mineras

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Tras pasar el fin de semana en Gijón, donde participó en el encuentro de “Luchadoras de alto riesgo”, organizado por Soldepaz-Pachakuti, Dalila Argueta ya está de nuevo en casa. Aunque esto no es del todo cierto: esta agricultora y activista hondureña lleva ya casi cuatro años viviendo bajo protección internacional en el País Vasco tras haber tenido que huir de su país por oponerse a los proyectos de minería en la comunidad de Guapinol.

“La experiencia de las jornadas fue muy bonita y enriquecedora, porque nos juntamos defensoras de diferentes territorios, de diferentes violencias frente a los mismos intereses capitalistas”, cuenta Argueta al teléfono, “somos mujeres que tenemos en común el dolor, el miedo y el arrebato de nuestras compañeras, la criminalización”.

Argueta denuncia “la hipocresía de una Europa que dice que quiere poner la vida en el centro y buscar alternativas, pero no hablan de un cambio en el expolio y el despojo que hacen en nuestro territorio y que nosotras sufrimos desde hace mucho”. La activista tuvo que dejar su país por su “defensa del territorio contra un proyecto de minería. Me amenazaron e intimidaron, y mi única opción fue salir de mi país”.

Sin embargo, desde el exilio sigue denuncian los atropellos de las empresas mineras en Honduras: “Los proyectos de oro, hierro y otros minerales no paran en Honduras, y el 95% del territorio del país ha sido designado a ser tierra de sacrificio para las grandes multinacionales”. De este modo, toda Honduras está sometida “a esta red de empresas que busca abastecer la demanda de Europa, Estados Unidos y Canadá”.

Prosigue Argueta: “Cuando se habla de transición sostenible mi pregunta es: ¿Que la sostenga, quién?, ¿para el bienestar y enriquecimiento de quiénes? No del nuestro”. Y se rebela también contra el cómodo apelativo de “migrantes climáticos” que les pone el gobierno de Honduras: “No somos migrantes climáticos. No huimos del calor. Huimos porque intentamos detener este impacto ambiental y por la represión que hay contra los que luchan. En Honduras ya no queda nada más que miseria”.

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