Itinerarios para la transición: el cine queer más presente del FICX

La eclosión del cine trans pone de manifiesto que los géneros no binarios se incorporan a las narrativas cinematográficas.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Los itinerarios del FICX son también huellas de un tiempo presente. Los festivales de cine también tienen una significación política, suelen ser el mascarón de proa de nuevas o viejas reivindicaciones, voces minoritarias, a veces no tanto, y en ocasiones, pensamientos colectivos que se van abriendo camino en las legislaciones de los países. En ese contexto, tres películas, dos ficciones y un documental, abordan el universo trans sin complejos, desde el realismo dramático pasando por el dietario, alcanzando su cota probablemente más subversiva con una película que incorpora la transexualidad al cine de género más transversal.

La eclosión del cine trans pone de manifiesto que los géneros no binarios se incorporan a las narrativas y, en algunos casos, llegan a ser expresadas como crisis de identidad colectiva, tornadas en metáforas de otras crisis de orden global como son las transformaciones económicas y políticas. En esa trinchera se encuentran Judith Butler, Paul B. Preciado, Virgine Despentes

Como decíamos al principio, el cine no es ajeno y el FICX mucho menos aún, sensible como un radar de baja frecuencia a los cambios que se suceden en las capas subterráneas y también en las que tienen lugar en la superficie de la corteza social del mundo. No está demás recordar que en el parlamento español se discute la primera Ley Trans del ordenamiento jurídico.

Sea como fuere, Mónica de Andrea Pallaoro, Anhell69 de Theo Montoya o Soy Niño de Lorena Zilleruelo son tres ejemplos incorados a las secciones de competición oficial del certamen.

En Monica se estrena en la sección oficial Retueyos y narra la historia de una mujer que regresa a su casa después de cuidar a su madre enferma durante muchos años. En ese momento, se reencontrará con su hermano, conocerá a sus nietos y su cuñada, y, sobre todo, retomará su pasado no sin mucho sufrimiento. La coherencia es el principal arma de una película iluminada, precisa y emocionante.

Patricia Clarkson en una imagen del film “Mónica” del director Andrea Pallaoro.

La transexualidad de Mónica no es el centro de la historia, pero sí la identidad de una mujer trans que como cualquier otra mujer ha de ir recomponiéndose del traumas pretéritos, los que su recuerdo ha ido tejiendo para poder abordar el presente y el futuro.

Tras su estreno mundial en la Semana de la Crítica de la Mostra de Venecia, se presentó en Leipzig esta íntima, desgarradora y audaz pastiche, mezcla de diario personal, ensayo sociopolítico, el documental militante y una ficción con aires vampíricos.

Con un tono melancólico (la voz en off del propio director es demasiado apesadumbrada y solemne), Anhell69 remite al seudónimo que en redes utilizaba uno de los mejores amigos de su director, Theo Montoya, quien además iba a ser el protagonista de su primera película de ficción. Pero el joven murió a los pocos días (como fallecieron entre 2017 y 2021 otros siete seres muy cercanos al cineasta y a quienes está dedicado el film) y es así que Anhell69 se convirtió en un tributo, un homenaje y la reconstrucción -mediatizada por el dolor y la distancia- de aquel proyecto que no pudo ser.

Anhell69 llega a la sección Tierras en trance desde Colombia de la mano del director Theo Montoya, con la marca de la muerte y, paradójicamente, de la juventud. La película muestra una serie de entrevistas que el director hizo en 2016 a algunos de sus amigos con la intención para una película ficcionalizada de terror con una mirada crítica y social sobre la realidad de Medellín. Pero, tal como expone el film en sus breves 70 minutos de duración, muchos de los planes de los jóvenes queer se truncan en Medellín.

La muerte puede llegar de diferentes maneras a personas que aún no han alcanzado los 30 años: suicidio, sobredosis, un tiro de la guerrilla, un tiro de los narcos o de un fanático religioso. Tal como lo expresa el propio narrador mientras se muestra dentro de un ataúd, estar vivo siendo una persona queer o de la comunidad LGBT en Medellín parece ser una lotería. Sus integrantes ni se animan a pensar en el futuro: lo sienten ajeno, lo único que tienen es un presente y un pasado que es mejor olvidar. El presente está marcado por las drogas, el sexo, los sueños en donde hay dinero, fama y arte, y fundamentalmente la familia que se constituye entre los amigos.

Anhell69 es tan dura como conmovedora. Mientras el narrador cuenta que su película sobre fantasmas se desvanece tras la muerte de un puñado de sus amigos, escuchamos los últimos testimonios de estos jóvenes procedentes de familias rotas, que buscan en su imagen, su identidad y sus sueños una suerte de salvación. Así, se va construyendo una película que hace que la realidad nos explote en la cara aunque con gran belleza. El film de Montoya nos explica por qué hace cine, por qué es necesario contar las historias de sus amigos y por qué se han configurado como personas que armaron en los márgenes un nuevo concepto de familia.

Puede que algunos elementos, asociaciones, reflexiones y análisis que propone el director resulten antojadizas o caprichosas, pero Montoya jamás esconde el espíritu absolutamente personal, visceral y hasta catártico de su film. Y lo hace con una dimensión humana y cinematográfica fascinante, que combina imágenes de fiestas en discotecas, tomas con drones de una Medellín nocturna, registros de las protestas callejeras contra el gobierno derechista de Iván Duque y testimonios de sus amigos que en muchos casos ya no están. Una experiencia por momentos extrema y angustiante pero que al mismo tiempo consigue un extraño lirismo y encuentra belleza en los abismos del dolor.

Detalle de Soy Niño de la directora Lucía Cirelluelo.

Soy niño se presenta también a Tierras en trance y completa el fresco del universo queer con un diario de transición, un viaje a la masculinidad que expresa las incertidumbres, anhelos, el deseo y el amor de un adolescente trans cuya entereza ante la adversidad de un Chile también en transformación no deja de iluminar al espectador. Bastian es un joven trans que ha de enfrentarse a una época muy difícil de la vida: la adolescencia. Ésta se hace aún más difícil cuando tiene que poner todo su empeño en afirmar su individualidad.

De los 12 a los 18, Bastian fue filmado por su querida prima Lorena Zilleruelo, quien capta cada atisbo de intimidad y las invariables dificultades del proceso. A lo largo de los 62 minutos del film, somos testigos de cómo los obstáculos sociales y económicos pueden poner en peligro la transición de Bastian. Un viaje que nos presenta a un Chile más abierto de mente y más tolerante gracias a su nueva generación, y también está en procesos políticos de cambio, viviendo su propio viaje a una transición más democrática.


 

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