¿Quién fue Aida Lafuente, la revolucionaria a la que han vandalizado su monumento?

Militante de las Juventudes Comunistas de Oviedo, su asesinato en octubre de 1934 la convirtió en una mártir del movimiento obrero.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El monumento dedicado a Aida Lafuente en el parque de San Pedro de los Arcos, en Oviedo/Uviéu, ha sido vandalizado este fin de semana coincidiendo con el 92 aniversario del inicio de la huelga general revolucionaria de Octubre de 1934.

Los hechos han merecido la condena unánime de la izquierda ovetense. El portavoz socialista, Carlos Llaneza, ha pedido una reunión extraordinaria de la Junta Local de Seguridad para abordar “la presencia de grupúsculos violentos de extrema derecha en Oviedo”. Por su parte IU Convocatoria por Oviedo/Uviéu ha reclamado una respuesta institucional y la limpieza inmediata del memorial, que este lunes por la mañana seguía pintado de rojo. También la agrupación local del PCTE Asturies ha denunciado el ataque y ha calificado a sus autores de «fascistas».

Pero ¿quién fue Aida Lafuente? Su nombre forma parte de la memoria política y popular de Asturies desde hace casi un siglo, y su recuerdo está inmortalizado en canciones tan populares como la de Nubeu, si bien las circunstancias de su vida no son tan conocidas. La militante de las Juventudes Comunistas de Oviedo fue asesinada el 13 de octubre de 1934 en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro de los Arcos, durante los últimos combates entre los revolucionarios y las tropas enviadas por la República, gobernada entonces por las derechas. Tenía 19 años.

Aida de la Fuente había nacido en León el 25 de febrero de 1915, aunque creció en la capital asturiana, donde su familia emigró siendo ella una niña. Su padre, Gustavo de la Fuente, era pintor de carteles y decorados del Teatro Campoamor y uno de los fundadores del Partido Comunista en Oviedo, en el que también militaba su madre, Jesusa Penaos. Amantes de la ópera, el nombre de Aida pudo ser un homenaje a la obra de Verdi del mismo título.

Desde muy joven Aida destacaría en las manifestaciones, huelgas y colectas para los represaliados

Aida creció pues en un ambiente familiar estrechamente vinculado al movimiento obrero. Su compromiso político fue precoz, militando casi desde la niñez en las organizaciones infantiles y juveniles del movimiento comunista. El PCE, fundado en noviembre de 1921 tras la fusión de dos partidos escindidos del PSOE y algunos militantes procedentes de la CNT, era una organización que a principios de los años 30 suplía su debilidad numérica con un sobresfuerzo militante por parte de sus afilados. Desde muy joven Aida destacaría en las manifestaciones, huelgas y colectas para los represaliados. Tanto sus padres como sus hermanos participarían en los sucesos de Octubre de 1934, cuando las izquierdas decidieron responder con una huelga general revolucionaria a la entrada de ministros de la Confederación de Derechas Autónomas en el Gobierno del Partido Radical.

El asesinato de Aida Lafuente en la prensa de la época.

El temor a una destrucción de la República democrática desde dentro, tal y como había pasado poco tiempo antes en Alemania con Hitler, o en Austria con el canciller Dolfuss, motivaría un movimiento insurreccional que fracasaría en la mayor parte de España, pero que triunfaría por unos días en Asturies, donde a la mayor organización y unidad del movimiento obrero se unía una mayor disponibilidad de armas y dinamita.

Los testimonios sobre aquellos días la sitúan a Lafuente realizando distintas tareas de apoyo a los revolucionarios del llamado Soviet de La Argañosa, desde la colaboración en hospitales y cocinas colectivas hasta labores de enlace entre los grupos que controlaban los diferentes barrios de Oviedo/Uviéu, en poder de la Alianza Obrera.

Fosa común en San Pedro de los Arcos en la que fueron enterrados Aida y otros revolucionarios.

La resistencia en la capital asturiana se prolongó durante varios días frente a las tropas gubernamentales dirigidas por el general Yagüe. El 13 de octubre, cuando la insurrección estaba ya siendo derrotada, Aida se encontraba en el entorno de San Pedro de los Arcos, punto estratégico donde los revolucionarios habían apostado una ametralladora que pudo ser manejada por ella. Allí fue asesinada junto a su novio, también militante comunista, por legionarios al mando del teniente Iván Ivanoff, de origen búlgaro.

Un símbolo de la represión de Octubre de 1934

Su muerte convirtió rápidamente a aquella joven militante en un símbolo de la brutal represión desplegada por el Gobierno de las derechas contra el levantamiento del movimiento obrero, y daría lugar a un segundo crimen pocos días despúes, tambien en la capital asturiana. El periodista valenciano Luis de Sirval, desplazado a Asturies para documentar la represión, perdería también la vida mientras investigaba el asesinato de Lafuente.

Con Asturies sometida al estado de excepción, el 27 de octubre el periodista era detenido en Oviedo/Uviéu por uno de sus artículos para El Mercantil Valenciano en los que señalaba los excesos cometidos por los legionarios. Ese mismo día Iván Ivanoff y otros dos legionarios le asesinaban a sangre fría en la propia comisaría de la capital asturiana, ante la pasividad de la policía.

Luis de Sirval.

El suceso y la posterior condena a seis meses de prisión a Ivanoff conmocionarían a la opinión pública progresista, indiganada por el asesinato y el juicio farsa a su autor. En toda España tendrían lugar manifestaciones de protesta y un manifiesto de protesta firmado por algunos de los principales intelectuales de la época, como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez o “Azorín”.

Mientras tanto, el mito de Aida Lafuente no dejaría de crecer. Durante la Guerra Civil, su nombre fue utilizado por el Partido Comunista en carteles y para bautizar uno de sus batallones, y sería una presencia recurrente en la propaganda del partido, sobre todo en la orientada a promover la afiliación femenina.

Cartel de propaganda de Gustavo Lafuente, padre de Aída.

La memoria de Aida sobrevivió también a la dictadura. Poetas y músicos recuperaron su historia y contribuyeron a convertirla en un personaje casi mítico. Rafael Alberti le dedicó el poema «Libertaria Lafuente» y décadas después Víctor Manuel, Nuberu o Nacho Vegas volvieron sobre su figura. Muchas familias asturianas de izquierdas dieron a sus hijas ese nombre en homenaje a la mártir del Ochobre asturiano. En 2004, el cineasta Ramón Lluís Bande reconstruyó su historia en el documental De la Fuente, a partir, entre otros testimonios, del de su hermana Pilar.

El monumento que hoy recuerda a Aida Lafuente en San Pedro de los Arcos fue instalado en 1997. Es obra del escultor Félix Alonso Arena y fue financiado mediante suscripción popular. Objeto de un homenaje anual por parte de IU, PCE y PCTE, en los últimos años ha sido objeto de ataques por parte de Vox, que ha pedido su retirada, y también de grupos fascistas extraparlamentarios.

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