La batalla por la clase media

Frenar la fuga de las clases medias hacia los servicios privados es una prioridad estratégica para evitar la degradación de los servicios públicos.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Veo una gran necesidad estructural de una política de izquierda, es decir, una política que cohesione a la sociedad multiplicando sus bienes colectivos, que benefician a todos por igual”

Wolfgang Streeck

Miles de personas salieron este domingo a las calles de Madrid para defender la sanidad pública. Una movilización de esa magnitud no se explica sin la confluencia de una gran variedad de perfiles sociales. En torno a la salud se sigue dando. Al contrario que otras necesidades básicas, como la educación, donde la escuela pública convive con una fortísima red privada y concertada, o la vivienda, a la que se accede fundamentalmente en el mercado libre, la inmensa mayoría de la población sigue recurriendo al sistema público de salud cuando se encuentra enferma. Incluso quienes tienen seguros privados suelen acudir a la sanidad pública cuando el problema es verdaderamente grave y necesitan de operaciones o cuidados muy costosos.

Hablar de sanidad pública es por lo tanto hablar de interclasismo. En la sala de espera del centro de salud o del hospital nos encontramos todos. De ahí su fuerza. Cuando se toca la sanidad pública se toca algo que se siente propio por una inmensa mayoría de la población. Romper este espacio de cohesión social ha sido una de las obsesiones de las empresas privadas y de los gestores políticos del neoliberalismo. El plan ya lo conocemos: atraer a las clases medias a los seguros privados, convenientemente prestigiados y promocionados, y dejar una sanidad pública de mínimos, pensada para quienes no pueden pagar servicios sanitarios en el mercado. Llevar a cabo la hoja de ruta no resulta tan fácil.

“En la sala de espera del centro de salud o del hospital nos encontramos todos”

La libertad de elección, el prestigio social, el deseo de distinción, la degradación de la calidad de lo público o simplemente el racismo y el clasismo, han estado y están en la base de la migración de una parte de los estratos medios hacia unos servicios privados que les segregan de las clases populares y les acercan, aunque sea de manera simbólica, a las clases más acomodadas. Frenar esa fuga de las clases medias es una prioridad estratégica para frenar la decadencia de los servicios públicos. Solo con unos servicios en los que convivan una pluralidad de perfiles sociales estos podrán funcionar como lugares de cohesión, mestizaje y reducción de las desigualdades.

Manifestación en Madrid en defensa de la sanidad pública. Foto: CCOO

Frente a una derecha y un centro-izquierda que, con diferentes gradaciones, conciben unos servicios públicos para “los más vulnerables”, a las izquierdas, los sindicatos y las organizaciones sociales, les toca atreverse a defender unos servicios públicos atractivos, de calidad y universales, financiados con una fiscalidad verdaderamente progresiva. Una política redistributiva que devuelva a las clases medias sus impuestos en forma de una educación, una sanidad, una ayuda a la dependencia o una vivienda públicas, no solo para “los más débiles”, sino también para ellas mismas.

La mejor forma de combatir el discurso de las derechas en favor de las rebajas fiscales -“donde mejor está el dinero es en el bolsillo de la gente”- es que esos estratos medios que pagan impuestos sientan que ese dinero está bien invertido en servicios públicos de los que también se beneficien y se sientan orgullosos usuarios. Es decir, yo pago impuestos, pero a cambio no pago el billete de tren, o mis hijos van a una buena escuela pública de 0 a 3 años, gratuita sea cual sea mi nivel de renta. Ese es el pacto entre clases medias y trabajadoras que ha permitido financiar los Estados del Bienestar más robustos e inclusivos. La batalla por las clases medias es la batalla por la articulación de grandes mayorías que defiendan en sus vidas cotidianas lo público.

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