Un malestar recorre la enseñanza pública en toda España. Docentes mal pagados, desbordados de trabajo, quemados por el exceso de burocracia, y enfrentados, sin apenas recursos, a unas aulas cada vez más diversas y complejas. Se trata de un cuadro común a todo el país. Pese a ello, el primer gran conflicto laboral de la educación española no estalló en ninguna de las comunidades que peor trata a sus alumnos y enseñantes, sino precisamente en una que presume de apostar por la educación pública y sacar buenos resultados en el Informe Pisa. Sorpresa.
Asturies fue la mecha que encendió la pradera. Tras ella vinieron Cantabria, el País Vasco, Valencia y Catalunya. Hoy el incendio llega a las calles de Madrid, donde la marea verde echa un pulso a la mismísima Isabel Díaz Ayuso.
“Fue una huelga como las de la minería o el metal de los 80 y 90. Hacía años que no se veía una movilización laboral con tanta gente implicada”. Así lo resumen Borja Llorente, secretario de CCOO de la Enseñanza, y uno de los dirigentes de un conflicto que en la primavera de 2025 movilizó a miles de personas, sirviendo como aldabonazo a un reguero de huelgas que desde entonces no ha dejado de crecer por toda la geografía española.

La movilización, unitaria, combativa y sostenida en el tiempo, recordó al mejor sindicalismo asturiano, pero esta vez no con trabajadores de mono azul, sino con docentes de la enseñanza pública, plantillas muy jóvenes y feminizadas que en muchos casos participaban por primera vez en una huelga.
Los 14 días que estremecieron a la comunidad educativa asturiana, hicieron caer a una consejera y pusieron contra las cuerdas al Gobierno asturiano, concluyeron con el histórico pacto Asturias Educa. Una inversión de 70 millones de euros para mejorar los salarios de profesores y profesoras, pero también para mejorar la calidad de la enseñanza pública asturiana.
Los 14 días que estremecieron a la comunidad educativa asturiana, hicieron caer a una consejera y pusieron contra las cuerdas al Gobierno asturiano, concluyeron con el histórico pacto Asturias Educa
En opinión de Llorente ese equilibrio entre demandas salariales y exigencia de mejoras educativas fue una de las claves del éxito de la movilización. Reforzó el sentido comunitario, y no corporativo de la lucha, armó de razones al profesorado, y conquistó la simpatía de la opinión pública asturiana.
Pese al escaso interés de los medios de comunicación españoles por aquello que sucede más allá de Pajares, la huelgona asturiana sí fue seguida con mucha atención por docentes de otras comunidades. Fran Rey, profesor de secundaria y sindicalista de SUATEA, recuerda recibir aquellos días llamadas de compañeros de toda España preguntándole por el desarrollo del conflicto asturiano. “No tengo ninguna duda de que inspiró otras huelgas” explica Rey, para el que la movilización asturiana fue modélica tanto por la unidad alcanzada como porque los sindicatos supieron pararla a tiempo, antes de que la gente se agotara y fuera abandonando la lucha por incapacidad para sostenerla.

Tras la huelgona asturiana, Cantabria, País Vasco, Valencia, Catalunya y ahora Madrid han sido los otros jalones de un conflicto educativo cuya raíz, explica Llorente, está en las políticas neoliberales que apuestan por la educación concertada frente a la enseñanza pública, y en los recortes aplicados a todos los servicios durante la crisis de 2008. “Aunque hayan crecido los presupuestos, también los costes de todo subieron con la inflación, así que es probable que en muchas comunidades autónomas la inversión educativa real esté por debajo de la que había antes de la crisis”.
En opinión de Llorente, fuera del País Vasco, “que juega en otra liga”, Cantabria es la otra huelga educativa que mejor ha funcionado, ya que en su opinión en Catalunya y Valencia los conflictos se cerraron en falso. En su opinión, en Madrid sobran los motivos para ir a la huelga: docentes mal pagados en una de las comunidades con el coste de la vida más alto, infrafinanciación del sistema público, segregación escolar, y un PP entregado a la patronal de la concertada.

Fran Rey considera que la huelga madrileña “está siendo potentísima”, pero que también se está encontrando una resistencia mucho más dura de la que tuvieron que enfrentar los docentes asturianos.
Mientras en Asturies el Gobierno de PSOE e IU-Convocatoria no podía ir al choque con una movilización de sindicatos y empleados públicos que en buena medida son su base social, en Madrid el profesorado de la pública ya ha sido señalado directamente por Isabel Díaz Ayuso como el enemigo interno a batir. Doblar el pulso a los huelguistas es de algún modo doblárselo a la izquierda y al sanchismo. “Ayuso la va afrontar como una huelga política” apunta Rey, para el que la presidenta va a exhibir una defensa rocosa.
Si en Asturies los enseñantes tuvieron a la mayoría de la opinión pública de su lado, incluso a los medios de derechas, que veían en la huelga una oportunidad de erosionar a Barbón, en Madrid todo va a ser mucho más difícil. En vísperas de una huelga general y unas elecciones, Ayuso quiere vencer por KO al movimiento.





























