Canción de otoño

Lo anímico es central en política y el mayor enemigo de las izquierdas es su tendencia depresiva.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y diputado de Podemos Asturies.

En el otoño más caliente de la historia, el del cambio climático, era esperable que también se calentaran las calles. Lo hicieron en Madrid este pasado domingo, con una movilización por la sanidad pública de más de medio millón de personas. Lo anímico es central en política y el mayor enemigo de las izquierdas es su tendencia depresiva. En un país construido comunicativamente desde su capital, una izquierda madrileña deprimida es peligrosa. Si durante esta semana las izquierdas madrileñas cayeron en el onanismo, esta movilización las trae de vuelta (a la fuerza) a la realidad y, con ella, impulsan a Mónica García como aspirante a cabalgar el descontento con la sanidad ayusiana. Todos los demás movimientos progresistas se beneficiarán de una competencia virtuosa: más calle, conectar mejor, transmitir horizonte y optimismo. ¿Hay espacio para movilizaciones por la mejora de los salarios? ¿Y para un nuevo empuje feminista? ¿Para poner en agenda la vivienda?

Con Madrid electrizada, las cosas son más fáciles en el resto del Estado. Si las listas de espera sanitarias son inadmisibles en Madrid, ¿por qué no iban a serlo las esperas de 12 días en el centro de salud de Ciudad Naranco, la falta de pediatra en Panes, Colombres y Cabrales, o la espera de año y medio para una operación en el HUCA? Hay condiciones para una marea por la sanidad pública asturiana, y es necesario ponerla en marcha. Unámonos en las calles.

“Hay condiciones para una marea por la sanidad pública asturiana, y es necesario ponerla en marcha”

El otoño también está deparando otras dulces sorpresas. Que se lo digan a Joe Biden. Los demócratas, sembrados de dudas por el trumpismo, han mantenido contra pronóstico el Senado, arruinando el lanzamiento de la candidatura presidencial de Trump, prevista para esta semana. El ex presidente americano y padre de la internacional de las extremas derechas soñaba con apoyarse en la inflación y el descontento económico. Sin embargo, más que la inflación, pesó más el miedo a los recortes en derechos de la ultraderecha y a su intento de restringir nuevamente el aborto. Malas noticias para las derechas patrias, que creían que un inmaculado Feijóo podría llegar al gobierno a causa del empeoramiento de las condiciones de vida tras la guerra de Ucrania. Pero en política, siempre juega más de uno. Y Pedro Sánchez, en cuanto le aprietan las encuestas, parece rememorar los legendarios versos de Kase-O que apuntaban que “en Zaragoza no hay amor si el guión no lo exige”. Si el guión le requiere amar y girar a la izquierda para recuperar punch electoral, lo hará: “Hay que hacer algo. ¿Ponemos impuestos a bancos y eléctricas? ¡Toma!. ¿Hay que impulsar la gratuidad del tren? Claro que sí. ¿Hay que acabar con el delito de sedición? ¡Vamos con todo!”. La modificación del delito de sedición que encarceló a Oriol Junqueras y otros líderes independentistas es, de facto, un acuerdo de legislatura con Esquerra, quienes necesitaban demostrar que su estrategia de apaciguamiento con Madrid daba resultados.

Yolanda Díaz y Pedro Sánchez. Foto: Moncloa.

Si el otoño está siendo dulce, la primavera aún se podría tornar amarga. Ni Trump ni Bolsonaro han desaparecido, como tampoco lo harán los de Abascal. Las nuevas extremas derechas tienen un proyecto global y, sobre todo, una estrategia con evidentes similitudes trasnacionales. Que baje el soufflé de Feijóo volverá a dar alas a Vox y al ayusismo del PP, amenazas ambas para el ex presidente gallego. Por ello, al gobierno de coalición le quedan tareas relevantes si quiere aspirar a un segundo mandato. Más de cuatro millones de personas no cuentan con una actualización salarial vinculada a la inflación, mientras que 7,1 millones de personas sólo vieron subir sus sueldos un 2,6%, lejos del 9% de inflación. En Asturies, los convenios colectivos firmados implican una pérdida de poder adquisitivo del 6,2%. En total, 11 millones de personas son más pobres que hace un año. Hipotecas y calefacción serán las siguientes señales de alarma. Si no se disponen soluciones, la vivencia del empobrecimiento podría impulsar la abstención electoral, por mucho que el culpable esté en la sala de máquinas de la CEOE. Este es el nudo gordiano de las políticas de Yolanda Díaz y donde se juega, más que en los acuerdos de coalición, buena parte de la credibilidad futura entre sus bases electorales. Tras la actualización de pensionistas y funcionarios, es el turno del SMI y de actuaciones sobre los convenios colectivos y los sectores que no actualizaron sus salarios. Y es que transformar la realidad es siempre un camino más ilusionante que vivir para resistir.

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