“Llevamos 40 años con un modelo de atención primaria que pide a voces una reestructuración”

José Fernández Díaz, presidente de Médicos del Mundo, nos explica cómo funciona la asociación y su labor en la acción humanitaria.

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

José Fernández Díaz es médico y socio de Médicos del Mundo, la ONG de la que es socio desde 1996 y que preside a día de hoy. Aunque ya está jubilado, en su etapa profesional en activo ejerció como tal en la atención primaria, y la mayor parte de su carrera la ha desempeñado en el campo de la planificación y gestión de servicios sanitarios. Además, ha tenido experiencia docente universitaria como profesor asociado durante más de diez años. Hemos contactado con José Fernández para que nos explique en qué consiste el trabajo de acción humanitaria, su experiencia desde Médicos del Mundo y cómo está viendo al sistema sanitario en la actualidad.

Actualmente, eres presidente de Médicos del Mundo. ¿Cómo es el funcionamiento de esta ONG?

Médicos del Mundo es una ONG dirigida al completo por personas voluntarias. La dirección estratégica estatal está en manos de personas de la misma asociación. Tenemos una estructura profesional bastante importante, con la junta directiva, el comité de dirección con una coordinación general, así como una estructura directiva técnica profesionalizada, organizada en departamentos. En Médicos del Mundo España trabajan más de 1000 personas, de las que 140 se encuentran en la sede central en Madrid, otras 170 están repartidas por las sedes territoriales y otra cantidad importante es personal expatriado. El grueso es personal local contratado, donde tenemos proyectos en ámbitos internacionales. Además, formamos parte de una red internacional cuya matriz era en sus orígenes francesa, Médecins du Monde, que se creó en 1981 como escisión de Médicos Sin Fronteras, creada por Bernard Kouchner, el mismo personaje que se había escindido a su vez de la Cruz Roja Internacional.

José Fernández. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cómo fueron los orígenes históricos de vuestra ONG? ¿Qué valores os diferencian de Cruz Roja y Médicos Sin Fronteras?

Bernard Kouchner creó Médicos Sin fronteras escindiéndose de Cruz Roja porque consideraba que no tenía el nivel de autonomía e independencia que se requería en el mundo de la acción humanitaria. Después, a la vista del nivel de especialización y profesionalización, se creó Médicos del Mundo precisamente con la idea de que fuese más bien asociación, con un perfil más marcado desde el punto de vista de la acción humanitaria, cooperación al desarrollo y un cariz muy laico y progresista.

¿Qué relaciones tenéis con estas ONGs?

Cruz Roja es probablemente la ONG más grande en cuanto a acción humanitaria, con un nivel muy elevado y mucha potencia. Luego están las Cruz Rojas locales, que son más bien organizaciones paragubernamentales, y no tanto estrictamente no guberamentales, aunque lo digo sin ningún sentido peyorativo. En el terreno, Cruz Roja tiene un perfil diferente, más amplio, y Médicos del Mundo se dedica específicamente al sector salud. Médicos sin Fronteras, si no existiese, habría que inventarla. Tienen un altísimo nivel de impacto mediático y comunicativo, como es evidente. Y juegan muy bien con este elemento.

Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cómo trabajáis sobre el terreno?

Médicos Sin Fronteras están enfocados a situaciones de crisis emergentes, acuden a los terrenos y responden de forma muy profesionalizada, de manera muy vertical. Esto no lo digo en sentido peyorativo ni mucho menos, ya que son formas de acción que se eligen. Con Médicos Sin Fronteras ni podemos ni debemos competir. Tenemos que ser lo que somos. En Médicos del Mundo, a modo de diferencia, procuramos trabajar en acción humanitaria con un poco más de alcance. Como solemos decir con un lema nuestro, “llegamos y nos quedamos”. Nos servimos del concepto de reconstrucción, o “aguas arriba”, como solemos decir. Es muy difícil ir a una emergencia y no estar allí uno, dos o tres años. También procuramos trabajar la parte de cooperación al desarrollo, fortaleciendo los sistemas de salud de los países empobrecidos.

Una de vuestras misiones es el reconocimiento de la sanidad como derecho humano universal.

Exacto. Esta reivindicación nos lleva a compartir espacios y momentos con organizaciones de la sociedad civil que defienden los sistemas públicos sanitarios. Para nosotros, desde el punto de vista de la universalidad, es condición sine qua non. Luego está la cuestión de la equidad en el acceso: tenemos que luchar contra las barreras económicas, culturales, sociales y jurídico-reglamentarias que evitan que esta equidad se lleve a cabo.

Foto: David Aguilar Sánchez

También defendéis el “empoderamiento mediante la incidencia política”. Normalmente, se suele entender que las ONGs están despolitizadas. ¿En qué consiste esta incidencia?

El concepto que manejamos de incidencia política va más allá de influir sobre las agendas legislativas, los Parlamentos e instituciones, aunque esto también es muy importante. Entendemos que es fundamental entrar en espacios profesionales, educativos y población general para lograr una mayor sensibilización, trabajo en red y alianzas por causas comunes, como puede ser abordar los casos de mujeres en situación de prostitución. A este respecto, Médicos del Mundo tiene una posición abolicionista, por lo que no solo trabajamos por y para mujeres en esa situación, sino también en la incidencia política, legislativa y normativa contra el sistema prostitucional y en espacios educativos dirigidos también a los hombres, ya que entendemos que el sistema pornografía-trata-prostitución es indisoluble. Para nosotros, todo esto lo enmarcamos dentro de lo que llamamos incidencia política y social.

¿Cómo vivisteis el inicio de la pandemia, durante el confinamiento y los meses más duros?

No paramos. Disminuimos el trabajo en sedes, de gestión y administración. Pero intentamos trabajar de otra manera, adaptándonos a la nueva situación para abordar problemas como el de las mujeres en situación de prostitución, o a otras personas que necesitaban alimento o ayuda de algún tipo. En Gijón, el Pabellón de la Tejerona sirvió como albergue para dar cobijo a cientos de personas sin hogar, y en Médicos del Mundo estuvimos trabajando allí mismo junto con otras organizaciones. Sin embargo, el caso de las residencias de mayores fue lo más dramático de la pandemia, y creo que llegamos tarde. Debimos preverlo. Empezamos a generar espacios higiénicos, acompañar al personal de las residencias, dar formación a los profesionales… Pero fue un auténtico drama. No obstante, a pesar de que nosotros hemos sufrido, más aún lo han hecho otras poblaciones del sur global, como los campamentos saharauis.

Foto: David Aguilar Sánchez

Has estado en los campos de refugiados de población saharaui trabajando en acción humanitaria. ¿Cómo es la situación actual?

Hemos podido mantener un mínimo de presencia en el terreno. Los refugios saharauis han sufrido un empeoramiento drástico en estos últimos años, y la pandemia ha venido a darles la puntilla. La cronicidad del refugio es el tema que más pesa sobre los demás. Son ya 47 años en un contexto geoclimático muy difícil con una dependencia absoluta de la ayuda externa. En los campamentos de población refugiada saharaui no hay una estructura socioeconómica, no hay producción de bienes ni sector primario. Yo había estado allí desde 2008, volví en 2017, en 2019 y ahora recientemente. En 2017, la canasta básica de alimentos, que es el suministro de dieta básica alimentaria para la población que proporciona el Programa Mundial de Alimentos, que depende de ACNUR, ya se estaba reduciendo. Estaba en 18 kilos, y ahora mismo está en 5. Además, los niveles de desnutrición son muy elevados. Del total de mujeres en edad de procrear, más del 60% tienen anemias importantes, por lo que llegan a los partos con mucho riesgo de mortalidad materna, además de que las criaturas ya vienen con una mochila de falta de desarrollo que, desgraciadamente, ya no mejorará. La dieta infantil tiene también muchas carencias. Es un círculo vicioso muy grave.

¿Cómo trabajáis sobre el terreno desde Médicos del Mundo?

Tenemos un proyecto con la Agencia Humanitaria de la Unión Europea para llevar a cabo el suministro de alimentos básicos, y proporcionamos el 70% de los medicamentos que necesita la población saharaui refugiada. Sin embargo, es como tapar agujeros que se te escapan, porque los factores determinantes son muy potentes. Hay muchos médicos saharauis, formados casi todos en Cuba, pero actualmente en los campamentos no hay casi ninguno, sino que terminan trabajando en países como España. Como es sabido, hay una crisis de la fuerza de trabajo sanitaria a nivel internacional, y los países del norte global tiramos de recursos y de trabajadores ya formados en países del sur, de manera que seguimos reproduciendo todo el sistema de explotación global. Nosotros habíamos llegado a un acuerdo con las agencias de las Naciones Unidas para generar bolsa de incentivos. Desde Médicos del Mundo habíamos estimado que teníamos que contar con 1.200.000 euros al año para poder retribuir al personal sanitario saharaui para que llegase a los 200 o 250 euros mensuales por médico, que realmente es calderilla, aunque allí es una cantidad importante. Actualmente, no está llegando ni a 600.000 euros anuales en total. El sostenimiento del sistema de salud, educación, alimentación y agua potable son los grandes retos que tenemos en los campamentos.

Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cómo colaboráis en acción humanitaria con ACNUR?

ACNUR es imposible que dé más de sí. En los últimos 20 o 30 años, hemos visto un incremento brutal de flujos forzosos de población. Si en 2017 había sobre 70.000.000 de personas refugiadas, ahora mismo estamos por encima de 100.000.000. ACNUR mantiene su responsabilidad y obligaciones, pero de esos millones de personas, en campos de refugiados de ACNUR puede haber sobre 40.000.000, y el resto están en itinerarios migratorios, tortuosos, peligrosos y sometidos a tráficos de personas, o en asentamientos espontáneos. O ACNUR logra tener una financiación muchísimo más potente, o es imposible que dé más de sí. No se les puede exigir más. Sí que es cierto todo el tema de la burocratización, pero jamás sería crítico con ellos. Sobre el terreno, somos varias las organizaciones que estamos allí. En el sector salud, tenemos la mesa de concertación en salud, donde estuvimos reunidas todas las asociaciones y organizaciones junto con las agencias de Naciones Unidas y la autoridad saharaui, procurando articular líneas comunes para complementar el trabajo en los campamentos. Cuesta mucho trabajo, pero el mundo de la cooperación humanitaria es así.

También trabajáis en España. ¿Cómo desarrolláis vuestra acción?

En nuestros inicios, empezamos Y también con el trabajo en España: empezamos trabajando con las campañas de VIH y Sida, con mujeres en situación de prostitución, con personas en situación inmigrada, con población sin techo y con todos los grupos sociales y colectivos que están quedándose atrás en la cobertura del sistema sanitario público en España. Incluso hemos intervenido en Madrid, donde el déficit asistencial es más palmario, montando centros de triaje a la puerta de los hospitales para apoyar al personal sanitario.

“El mundo de hoy es más proclive a generar estrés, ansiedad y trastornos”

Como es sabido, está habiendo un auge de los problemas de salud mental, o al menos parece que se está desplazando el tabú. ¿Qué opinas al respecto?

Los servicios de salud mental tienen que incrementar muchísimo su capacidad para dar respuesta a las necesidades de una sociedad que genera ella misma sus patologías sociales. Vivimos en una situación en la que no sabemos qué pasará con una sociedad que te obliga a vivir con urgencia constantemente, con expectativas nunca satisfechas, con la frustración, la adicción a las redes sociales y su impacto en población juvenil y adolescente… El mundo de hoy es más proclive a generar estrés, ansiedad, trastornos adaptativos o trastornos del sueño, muchas veces entendidos como menos graves, pero que afectan a muchas personas. Por otra parte, está la dimensión de las enfermedades mentales graves y el estigma que todavía conllevan. Estas personas tienden a situaciones de exclusión interseccional: una persona, por el hecho de tener una esquizofrenia, parece que ya no puede tener una diabetes, una hipertensión u otra enfermedad cualquiera, sino que simplemente es “un esquizofrénico”. Se ha abandonado progresivamente a las personas con enfermedades mentales graves y a sus capacidades físicas y de interacción social. Ahí entran en riesgo de exclusión en salud y de exclusión social, cronificándose su situación. En Médicos del Mundo hemos empezado a incorporar la atención psicosocial: intervención para mejorar las capacidades y competencias psicológicas, la “resiliencia” que se dice ahora, y la capacidad de interacción social.

Foto: David Aguilar Sánchez

En Asturias, el incremento de ansiolíticos, antidepresivos y otros fármacos para combatir los malestares en salud mental se cuenta por miles. ¿Cómo lo estás viendo?

La reforma de la salud mental en Asturias en los años 80 fue ejemplar para España y para el resto del mundo. Pero hemos estado viviendo de las rentas demasiado tiempo, y no podemos resolver los problemas actuales con el mismo sistema, ya que la situación ha cambiado mucho. Es bueno que se ponga la vista sobre los temas de salud mental, y sería muy bueno también que hubiese un trabajo contra el estigma social. El estigma nos lleva a no comunicarlo, a callárnoslo y a automedicarnos, cerrando aún más el círculo vicioso.

“La pandemia dejó al descubierto las costuras del sistema sanitario”

Recientemente, se han visto múltiples reivindicaciones por parte de los profesionales de atención primaria, como la huelga de sanitarios de Madrid. ¿Cuál es tu análisis de la situación?

La pandemia dejó al descubierto las costuras del sistema sanitario. Hemos visto que un hospital potente como el HUCA tuvo una respuesta impresionante en el momento más grave de la pandemia, contribuyendo a minimizar el impacto. En cuanto a la atención primaria, lleva arrastrando un problema organizativo serio desde hace mucho tiempo, como con la salud mental. Estamos viviendo de una reforma estupenda de los años 80, pero estamos en el 2022. Llevamos 40 años con un modelo de atención primaria que pide a voces una reestructuración, mayor inversión, revisión y refuerzo. La atención primaria necesita un esfuerzo de planificación estratégica que produzca un amplio consenso profesional y social, no más de lo mismo. Con los cambios en los patrones de enfermar de la gente y las transformaciones tecnológicas que ha habido, la atención primaria tiene que aspirar a tener mucha más potencia resolutiva de la que tiene. Además, todavía estamos sufriendo las consecuencias del Real Decreto de 2012 con el que el Gobierno de Rajoy lanzó toda una bomba a la línea de flotación del sistema sanitario público, ya que se redujeron mucho las plazas de MIR. Las próximas décadas van a ser brutales, porque las sociedades van a necesitar más personal sanitario debido al envejecimiento demográfico, y no se están tomando medidas. ¿Qué modelo necesitamos? Esta es la pregunta que debemos hacernos.

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