Gustavo Bueno y el atentado de la pintura gris

Se cumplen 52 años de un incidente que marcó un antes y un después en las relaciones entre profesores y alumnos al calor de mayo del 68.

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

Se cumplen 52 años de un incidente que supuso una primera ruptura entre el movimiento estudiantil y el profesorado de la Universidad en España. Todavía en época franquista, la Facultad de Filosofía y Letras, recién ubicada en la Plaza Feijóo (hoy, Facultad de Psicología), vivió uno de sus días más tensos que se recuerdan. En Nortes, hemos contactado con algunos de sus protagonistas, que presenciaron un altercado que hizo tambalear las relaciones entre la izquierda clásica y los nuevos grupos políticos surgidos a raíz de mayo del 68. A través de sus relatos, veremos cómo este suceso condensó una serie de dinámicas que se estaban configurando a diversos niveles, desde el geopolítico hasta el local, así como el surgimiento de diversos grupos políticos cuya influencia llega hasta nuestros días.

Facultad de Psicología en la Plaza Feijóo, antigua Facultad de Filosofía y Letras. Foto: Alisa Guerrero

El día 1 de diciembre de 1970, la Facultad de Filosofía y Letras vivió uno de los momentos más tensos entre alumnos y profesores que se recuerdan. Según informaron varios estudiantes y medios de comunicación, cuatro estudiantes desconocidos se abalanzaron sobre el profesor Gustavo Bueno y le tiraron encima un bote de pintura gris, a la vez que le golpearon e intentaron colgarle un cartel que rezaba “Por lacayo de la oligarquía. Viva el P. C. Proletario”. Ocurrió a la salida de una de sus clases, y junto con varios alumnos, lograron reducir a uno de los cuatro asaltantes y llevarlo hasta el despacho del profesor. “Todo pasó muy rápido, la gente no sabía qué había pasado”. Luis Sevilla, fotógrafo y colaborador actual de Nortes, fue uno de los estudiantes que presenció el incidente en primera persona. “Se decía que el color gris era el color de los lacayos”. Pero ¿quién había sido el protagonista de aquel suceso? ¿Por qué? ¿Qué lo motivó?

Luis Sevilla. Foto: David Aguilar Sánchez

Alberto Caldero Cabré era el brazo ejecutor del Partido Comunista Proletario, una escisión maoísta extravagante y algo enloquecida de la gente más a la izquierda del PCE, y tenían la mira puesta en Gustavo Bueno por considerarlo un traidor y lacayo del capitalismo”, nos comenta Luis Sevilla. Al parecer, el PCP recriminaba al profesor Bueno haber apoyado a la URSS en el conocido conflicto chino-soviético. Este conocido conflicto dirimió el giro de la Unión Soviética en favor de las relaciones con las potencias occidentales tras la muerte de Stalin. Según nos cuenta Sevilla, los estudiantes que ayudaron a Bueno habían sido Eladio de Pablo y Rafael Pérez Lorenzo, que corrieron tras Alberto Caldero y lo encerraron en el Departamento de Filosofía de la Facultad. “Tanto Eladio como Rafael pertenecían a las CRAS, Comunas Revolucionarias de Acción Socialista, un movimiento que por aquellos años tenían influencia”. Según hemos conocido, posteriormente Eladio de Pablo pasaría a formar parte de Izquierda Unida, mientras que Rafael Pérez se integraría en la Organización Comunista de España-Bandera Roja, organización política comunista española de tendencia maoísta fundada en Barcelona en 1968. Alberto Caldero, por su parte, terminaría siendo un distinguido ejecutivo de la política catalana, y actualmente es consultor de planificación, organización y gestión de personal para ayuntamientos.

“Las diferencias políticas eran brutales, pero todos sabíamos que la dictadura y la policía eran líneas rojas que no se podían sobrepasar”

Volvamos a los hechos acaecidos en 1970. “En el despacho, se dan cuenta de que Alberto Caldero no era ningún fascista, sino un izquierdoso pirado”, nos dice Sevilla. Allí, discuten con Gustavo Bueno sobre qué hacer con Caldero, si deciden soltarlo o no. Sin embargo, hay algo que todos tienen claro: “por muy rojeras y pirado que estuviese aquel hombre, tampoco era cuestión de entregarlo a la Brigada Político-Social”. Durante la dictadura, la BPS era la policía política secreta de Franco encargada de perseguir y reprimir a los movimientos opositores al régimen. “Gustavo Bueno lo tenía muy claro también, y se niega absolutamente a entregarlo a la BPS”. Cheni Uría, líder del movimiento estudiantil por aquella época y que llegó justo cuando el suceso había terminado, recuerda los hechos: “al final, entregaron a Caldero a la policía y lo soltaron a los dos o tres días. Eso fue lo que peor nos pareció. En aquellos tiempos, te puedes imaginar lo que significaba entregar a alguien a la policía”. Sevilla coincide: “las diferencias entre los diversos grupos políticos eran brutales, pero todo el mundo tenía claro que la dictadura y la policía eran líneas rojas que no se podían sobrepasar”.

Gustavo Bueno Martínez. Foto: Antonio García

El curso 1970/71 supuso un punto de inflexión en la universidad asturiana en cuanto a las relaciones entre profesores y alumnos, y el caso de Gustavo Bueno fue muy singular. “Bueno era un intelectual marxista, aunque heterodoxo. Pero tras el incidente, hay una ruptura”. Luis Sevilla y Cheni Uría opinan de manera similar: “en los 90, Gustavo Bueno ya no era el mismo. Decía cosas que ya nos sonaban raro”.

“En los 90, Gustavo Bueno ya no era el mismo. Decía cosas que ya nos sonaban raro”.

El mayo del 68 explica buena parte de esta ruptura. La cadena de protestas estudiantiles y sindicales con epicentro en París sentó un precedente que impugnó la praxis política tradicional, particularmente a sus valores de autoridad, jerarquía y belicismo, y produjo una onda expansiva de nuevos grupos políticos que fueron la semilla de movimientos sociales actuales como el feminismo, el ecologismo o el pacifismo, entre otros. El incidente del bote de pintura gris condensó muchos aspectos provenientes de mayo del 68: ya en los últimos estertores de la dictadura, con un PCE que había perdido influencia en lugares clave, como la Universidad, tal como nos cuenta Uría, surge una serie de grupos políticos de izquierda radical que pretendían ser alternativa al marxismo-leninismo realmente existente. “El Frente de Liberación Popular, FLP o ‘FELIPE’, aglutinaba a gente diversa a la izquierda del PCE, de cariz federal”, nos cuenta Sevilla. Era una organización política no reconocida legalmente, pero que actuó en oposición al régimen entre 1958 y 1969. Movida por el fracaso de implantación territorial de formaciones políticas como el PCE, la UGT, la CNT o el POUM, dentro del ‘FELIPE’ coexistían elementos muy distintos ideológicamente, desde el maoísmo-estalinismo hasta cristianos de base, trostkistas… “Con tal batiburrillo, termina estallando y se disuelve a finales de la década”. Uría nos cuenta, además, que el FLP era “la fuerza más influyente dentro de la Facultad de Filosofía y Letras, ya que el PCE había perdido casi toda su influencia”. También tenían mucho peso la Liga Comunista Revolucionaria, de corte trotskista y en la que militaba Luis Sevilla en aquellos años, o el Movimiento Comunista de Asturias, que surgiría en la década de los 70 y del que Cheni Uría sería el líder más destacado desde su fundación. Este último, el MC, ayudaría a impulsar movimientos sociales incipientes, como la Asociación Feminista de Asturias, liderada por feministas históricas como Paloma Uría y que contaría con el apoyo de otras feministas como Justa Montero desde otros territorios. Este grupo humano terminará impulsando a su vez el movimiento contra la OTAN y que cristalizará en Asturies pola Paz, la asociación antiOTAN más relevante a nivel asturiano.

Plaza Feijóo, Oviedo. Foto: Alisa Guerrero

Gustavo Bueno se sitúa política y filosóficamente frente a esta onda expansiva de mayo del 68. Tras el incidente del bote de pintura, se convocó una asamblea mayoritaria en la Universidad. “Gustavo Bueno intervino e intentó justificarse. Cheni Uría, líder estudiantil destacado en aquella época, le metió caña. En ese momento, se produce la ruptura entre el movimiento estudiantil y Gustavo Bueno”, nos dice Sevilla. Cheni Uría, que en su día tuvo una relación cercana con el filósofo, recuerda la crispación del momento: “Gustavo era un tipo extraordinariamente autoritario, egocéntrico. Aquel día estaba histérico, incluso se obsesionó con cierta idea de la conspiración, responsabilizando del suceso a Valdés del Toro, profesor de Etnografía que había sido íntimo colaborador y amigo del propio Gustavo Bueno. En la asamblea, Emilio Alarcos, Decano de la Facultad en aquellos años, fue quien le tuvo que pedir a Gustavo que se calmase”. Detrás de la tensión, latía de fondo el rechazo del filósofo a todo lo que representaba el mayo del 68: “el rechazo del autoritarismo y de las relaciones jerárquicas en la Universidad. Todo lo que significó el 68 era intolerable para Bueno, pero nosotros estábamos encantados y completamente seducidos”.

Fundación Gustavo Bueno. Foto: David Aguilar Sánchez

Aunque da para otro reportaje aparte, la evolución de Gustavo Bueno es bien conocida: de ser cercano al PCE y a la órbita soviética a partir de su traslado a la Universidad de Oviedo, pasó, literalmente, a pedir el voto para el PP en 2011. Sin embargo, como explica rigurosamente Pablo Batalla en su último libro, Los nuevos odres del nacionalismo español (Ediciones Trea, 2021), esa evolución nunca fue tal, sino que hay una profunda coherencia: la idea de imperio vertebra todo su pensamiento. Sirva como apunte para un posterior rastreo de la cuestión.

El curso 1970/71 constituye un punto clave para entender mejor nuestro presente político. Fue el caldo de cultivo del que surgirían posteriormente movimientos sociales radicales, como el feminismo, el ecologismo, el altermundismo o el antimilitarismo, sin los cuales no se entenderían acontecimientos como el 15M. Por otro lado, la filosofía de Gustavo Bueno, aunque cuenta con una potencia incontestable por sí misma, ha servido como herramienta panfletaria al servicio de proyectos políticos expresamente reaccionarios: Vox bebe directamente de esta filosofía. Se suele decir que “de aquellos barros, estos lodos”. Nunca está de más conocer nuestro propio pasado para hacer frente a los líos y problemas del futuro por venir.

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1 COMENTARIO

  1. “Aunque da para otro reportaje aparte, la evolución de Gustavo Bueno es bien conocida: de ser cercano al PCE y a la órbita soviética a partir de su traslado a la Universidad de Oviedo, pasó, literalmente, a pedir el voto para el PP en 2011.”

    ¿Evolución? Más bien involución ¿no?

    Más abajo se dice que su filosofía “que tiene una potencia incontestable” (¿?) ha servido para proyectos políticos como Vox. Los que le embadurnaron con pintura gris no iban tan mal encaminados.

    Desde luego que nunca está de más conocer nuestro pasado, pero esto no es más que una de tantas de anécdotas de la época que no deja claro el motivo exacto de lo que el autor quiere dar a entender con este artículo…

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