Muere Juan Vega, conspirador y protagonista heterodoxo de la Asturias contemporánea

Creador de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo con Antonio Masip y mano derecha de Álvarez Cascos en FAC falleció de manera inesperada.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Ha muerto Juan Vega y cuesta encontrar una palabra para etiquetar a un personaje tan inclasificable. Ni su profesión, empleado de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, ni los cargos que ocupó, gerente de esta, jefe de gabinete con dos alcaldes y viceconsejero de Infraestructuras, dan cuenta de una biografía política tan singular como sinuosa. Una biografía que arranca en la izquierda radical de los 70, fluye por las cálidas aguas de la socialdemocracia en los 80, sortea los rápidos del gabinismo en los 90, se precipita por la catarata del casquismo con el nuevo siglo, y desemboca finalmente en algo que podríamos clasificar como un antiestablishment más allá del eje izquierda-derecha.

Juan fue ante todo un conspirador. Su amigo José Suárez Arias-Cachero “Felechosa” lo define como un “protagonista heterodoxo de la Asturias contemporánea”. El hecho de que casi siempre fuera un actor entre bastidores no le resta en su opinión un ápice de importancia. A Juan le gustaba estar en el ajo y pocas veces dejó de estarlo.

“Los últimos estertores de la dictadura le pillaron en la efervescente y muy politizada facultad de Filosofía y Letras”

Hijo de una familia culta y progresista, su relación con su padre, profesor de instituto, no fue fácil. Hacerse trotskista tuvo algo de “matar al padre”, teniendo en cuenta la cercanía de su progenitor a un PCE, moderado y reformista a ojos del hijo díscolo y radicalizado. Había nacido en Santander en 1957, pero se mudó siendo niño a Oviedo, en cuya Universidad se matriculó en los últimos años del franquismo. Los estertores de la dictadura le pillaron en la efervescente y muy politizada facultad de Filosofía y Letras. Del minoritario trotskismo pasó al más implantado Movimiento Comunista, en aquel momento la principal organización a la izquierda del PCE en Asturias. Como otros muchos militantes de la izquierda radical se sumó con ilusión y entusiasmo a la campaña de Unidad Regionalista para las elecciones de junio de 1977. Allí formó tándem con el abogado Antonio Masip, candidato de la formación izquierdista y autonomista, que confiaba en obtener representación en el Congreso de los Diputados. Tras el fracaso electoral de este conglomerado de partidos y colectivos sociales, Vega y Masip abogarían en solitario por mantener Unidad Regionalista y preparar candidaturas para las municipales. La opinión mayoritaria sería sin embargo dar el experimento por concluido, disolver UR y pagar las deudas, que no eran pocas. Sería el final del trayecto. Tanto Vega como Masip no tardarían en romper amarras con la izquierda extraparlamentaria y pasar a un PSOE que buscaba cuadros políticos para gestionar su éxito. La ruptura sería traumática, y la leyenda cuenta que las desavenencias entre Vega y un conocido militante del MC estuvieron a punto de resolverse a golpes, cuando el primero, iracundo, señaló a su ex camarada como responsable de unas enigmáticas pintadas contra él en varios bares del Oviedo Antiguo.

La periodista Lucía S. Naveros y Juan Vega en la tertulia televisiva El Telar.

Con Masip en la alcaldía de Oviedo y Juan Vega al frente de la Fundación Municipal de Cultura llega uno de los momentos más brillantes de su biografía. Tanto sus amigos como sus menos amigos reconocen de manera unánime el talento que Vega desplegó como gestor cultural. Los años 80 fueron tiempos de efervescencia cultural en la capital asturiana y Vega participó activamente en la ampliación y modernización de la oferta cultural municipal. La transformación del Teatro Campoamor en centro cultural, los grandes ciclos de cine en pantalla grande, el festival de jazz, los primeros murales en medianeras, los encuentros literarios o el salón del cómic fueron algunos de los hitos culturales que llevaron su sello.

Cartel del concierto de Miles Davis en Oviedo.

Siempre difícil en sus relaciones políticas, personales y sentimentales, la ruptura con Masip le llevaría al círculo de confianza de Gabino de Lorenzo. Con el alcalde del PP las cosas tampoco acabarían bien. Condenado al ostracismo en el Ayuntamiento y refugiado en lo que él denominaba “periodismo ciudadano”, pondría en marcha un espacio en una televisión local El Comentario TV, y un blog del mismo nombre, desde el que azotaba con placer al bipartidismo, y en especial a su bestia negra, Vicente Álvarez Areces. Arias-Cachero señala que Vega disfrutaba especialmente en esta faceta de “periodista outsider”, una actividad de riesgo que le costó una agresión en 2007. Más allá de algunas elucubraciones un tanto extravagantes, Vega era un magnífico informante y una excelente fuente para descifrar lo que él mismo denominaba las “tramas negras” de la vida política y económica asturiana. No se le escapaba detalle de los mecanismos de la corrupción y el clientelismo, y conocía por su nombre y apellido a todos los poderes fácticos de la comunidad, así como a sus “recaderos” en la esfera política y parapolítica.

“No se le escapaba detalle de los mecanismos de la corrupción y el clientelismo, y conocía por su nombre y apellido a todos los poderes fácticos de la comunidad”

Militante de un antiestablishment difuso y extraño, podía tanto compartir mesa y mantel con sindicalistas de la CSI y disidentes de IU, como con Francisco Álvarez Cascos, a cuya aventura política se uniría desde el primer momento. Con FAC tocó techo. Fue viceconsejero de Infraestructuras y sobre todo uno de los ideólogos y estrategas comunicativos de la apuesta por un neocasquismo transversal, regeneracionista y anticorrupción. La relación con el autoritario Cascos acabaría sin embargo como el rosario de la aurora. Tras un amago de candidatura a la alcaldía de Proaza, Vega regresaría a su trabajo en el Ayuntamiento donde el tripartito de izquierdas le rescató en 2015, pero sin llegar a reponerlo como gerente de la FMC. Una espina que le quedó clavada y que rebajó su inicial simpatía hacia IU y Somos. El círculo del regreso a la izquierda no se llegó pues a completar, pero Juan no tuvo problemas en ser un habitual de la tertulia televisiva El Telar o en colaborar con Nortes proporcionando siempre buenas pistas informativas.

Juan Vega junto a Francisco Álvarez Cascos en Proaza.

Personaje controvertido en lo personal, todo el mundo destaca de él su inteligencia, cultura y sentido del humor. Una faceta quizá menos conocida sea el gran aprecio y respeto que se le tenía en la plantilla de la FMC. En el capítulo negativo incluso sus propios amigos reconocen que su tendencia a ver conspiraciones por todas partes le jugaba a menudo malas pasadas en su relación con los demás, pero sobre todo en su relación consigo mismo. “Le fascinaba el poder pero tenía una convivencia difícil con él”, apunta “Felechosa”, que reconoce que en su amistad con Vega hubo “épocas buenas y épocas regulares, pero nunca malas”. “Me jodió mucho tiempo y de diversas formas, pero acabé siendo bastante amigo suyo” apunta otra persona que lo define como “un cabronazo de gran corazón”.

Retirado en una aldea de Proaza, lejos del mundanal ruido, Juan Vega ha muerto este martes de manera repentina e inesperada, con tan solo 65 años y una jubilación recién estrenada. Bernardo Álvarez, redactor de Nortes, y quien escribe estas líneas, tenían pendiente una visita a su concejo para comer un pote con él y charlar de “tramas negras”. Quedó pendiente, pendiente como suelen quedar tantas cosas en esta vida. Descansa en paz Juan.

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