El comunismo libertario de Aquilino Moral ya tiene quien lo escriba

Miguel Ángel Fernández recupera la vida de este obrero de La Felguera, uno de los fundadores de la CNT y el POUM en Asturies.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Mi nombre es Aquilino Moral Menéndez, nací en La Felguera, concejo de Langreo (Asturias), el día 5 de agosto de 1893. Mi padre era de Aramil, en el concejo de Siero, el cual de muy joven tuvo que salir del pueblo que le vio nacer, para ganarse el pan de cada día. Se colocó desde el primer momento en la Sección Fábricas de Duro Felguera, donde ganó desde once reales hasta siete pesetas, cantidad esta última que le pagaban en el año 1920, cuando falleció a la edad de 66 años. En la fabrica citada conoció a mi madre, que era natural de Lada, pueblo éste próximo a la Felguera, con la cual contrajo matrimonio, de cuya unión nacieron cinco hijos; yo [fui] el último de ellos”. Así arrancan las notas autobiográficas del militante de la CNT y del POUM Aquilino Moral, notas que junto a otra documentación personal que guardaba la familia, han servido a Miguel Ángel Fernández para poner en pie el libro “Me llamo Aquilino Moral. Autobiografía de un hombre prudente” (Fundación Anselmo Lorenzo). Esta semana se presentó en el Café Macondo de Xixón con la sección asturiana de la Fundación Andreu Nin.

Fernández, vecino de Lada, Llangréu, conoció a Moral en los últimos años de su vida, cuando él era un joven militante de la Liga Comunista Revolucionaria y frecuentaba el Ateneo de La Felguera con Aquilino que “colaboraba con cualquier cosa que sonara a cultura”. Él era precisamente uno de esos obreros autodidactas que apenas habían podido ir a la escuela, empezó a trabajar con 10 años, y para los que el movimiento obrero supuso un espacio de formación y conocimiento que les ayudó a entender el mundo y descubrir las herramientas para transformarlo. Obrero de la fábrica de Duro Felguera, tras trabajar al pie del alto horno siderúrgico, Aquilino frecuentaba el Centro Obrero La Justicia, de filiación libertaria, y donde se impartían conferencias, se podían leer los periódicos y había una biblioteca. Allí comenzaría su politización.

La fábrica siderúrgica de La Felguera a principios del siglo XX.

En 1912, con 15 años, participa en la histórica güelgona de Duro Felguera, un conflicto duro, y en el que se pone de manifiesto una tendencia radical del movimiento obrero, enfrentada al estilo más negociador y menos conflictivo de los socialistas, aliados de los republicanos de clase media. El obrerismo crece en las cuencas mineras asturianas, y su pluralidad y diversidad también. Las ideas anarcosindicalistas penetran con fuerza en los ambientes fabriles, mientras los socialistas siguen conservando la hegemonía en el poderoso Sindicato Obrero de Mineros de Asturias, dirigido por el minero Manuel Llaneza.

Portada de El Imparcial sobre la huelga general de 1917.

En el verano de 1917 CNT y UGT llegan a un pacto. La crisis social y política en España, y las noticias revolucionarias de Europa invitan al optimismo. El oligárquico y corrupto régimen de La Restauración parece tambalearse. Ambos sindicatos llaman a la huelga general revolucionaria. El pulso al poder es fuerte. Moral, de 20 años, es ya un destacado dirigente obrero de La Felguera. Será su bautismo de fuego. La huelga, que en Asturies tiene un especial seguimiento e intensidad, fracasa y Aquilino tiene que esconderse para evitar la represión de la Monarquía de Alfonso XIII, que se ha visto desafiada por esa inédita alianza del republicanismo y las dos grandes corrientes del movimiento obrero.

Presentación del libro de Miguel Ángel Fernández en el Café de Macondo de Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

A pesar del fracaso del 17, el movimiento obrero sigue en alza en una España que sale del boom económico de la Primera Guerra Mundial, y en el que la neutralidad ha servido para hacer grandes negocios con las potencias europeas. La clase trabajadora exige su parte de los beneficios. Las sociedades obreras de La Felguera que aspiran a un movimiento más radical buscan el abrigo de la nueva Confederación Nacional del Trabajo que agrupa a sindicatos de toda España, pero que cuenta con una especial implantación en Catalunya. En torno a 1917 y 1918 muchas de las sociedades obreras de La Felguera se van a incorporar a la Confederación. Aquilino está en el acto de constitución de la Confederación Regional Asturiana de la CNT, que tiene lugar en un local cedido por los republicanos ovetenses.

La radicalización obrera va a llegar también a las minas, en las que comunistas y anarcosindicalistas opuestos al estilo más pactista del SOMA fundan en 1922 una organización rival, el Sindicato Único de Mineros de Asturias. Aquilino, que durante un tiempo trabaja en la mina, estará en esa operación y llegará a ser su presidente. Aunque el SUM no logra superar al SOMA, llegará a inquietar a los socialistas por la fuerza que el Sindicato Único adquiere en determinadas zonas mineras y entre los trabajadores más jóvenes y combativos.

Mineros de La Nueva, Llangréu, 1920. Foto: Archivo Histórico Minero.

En octubre de 1917 una segunda revolución proclama el socialismo en el antiguo imperio zarista. Es la primera vez en la historia en la que una revolución obrera triunfa y se hace con el control del Estado. Es un suceso inédito desde la Comuna de París, y contra su triunfo se conjuran todas las potencias imperialistas, que declaran la guerra a los revolucionarios, que piden apoyo internacional para vencer y extender su movimiento. La CNT se divide entre partidarios y contrarios de que la Confederación se una a la Internacional Sindical Roja que promueve Moscú para generar un polo sindical revolucionario alternativo a los socialdemócratas. Una parte de la CNT simpatiza con los bolcheviques, e ilusionada con la posibilidad de que la revolución iniciada en Rusia se extienda al resto de Europa y del mundo, apuesta por confluir con los bolcheviques, que alientan la formación de partidos comunistas en todas partes.

Una de las pocas imágenes de Aquilino Moral.

Los antibolcheviques se impondrán a la tendencia filocomunista, y Moral, admirador del líder cenetista Joaquín Maurín, le seguirá en sus diferentes iniciativas. Así, Aquilino se convertirá en corresponsal asturiano del periódico La Batalla dirigido por Maurín, y que servirá primero de órgano de expresión de la corriente comunista de la CNT y más tarde, con la expulsión de su director del PCE, del nuevo Bloque Obrero y Campesino, fundado en 1931, y desde 1935 de Partido Obrero de Unificación Marxista, producto de la fusión del Bloque y de la trotskista Izquierda Comunista de España.

A lo largo de los años 30 Moral compaginará su militancia en la CNT y en el pequeño grupo asturiano del BOC primero, y del POUM después. “Era un polemista implacable y al mismo tiempo un gran defensor de la unidad” explica Fernández, que destaca su papel en la Alianza Obrera durante la Revolución de 1934. La idea de la Alianza Obrera había surgido precisamente de Calaunya y de Maurín, al que había conocido en un congreso en Madrid de la CNT, y con el que mantuvo a lo largo de su vida una gran correspondencia personal. Un militante del BOC asturiano, el minero Manuel Grossi, sería el vicepresidente de la Alianza Obrera de Asturias, hegemonizada por los socialistas. También Moral, a pesar de participar en un partido minoritario como el POUM, llegaría a ganarse el respeto de sus compañeros de otras tendencias políticas. En enero de 1937 sería elegido presidente del Sindicato Obrero Metalúrgico Asturiano de la UGT. Duraría poco en el cargo, ya que a los pocos meses la guerra concluía en Asturies.

Miguel Ángel Fernández y Vicente Bernaldo de Quirós durante la presentación del libro en el Café de Macondo. Foto: David Aguilar Sánchez.

Tras la Guerra Civil es encarcelado en Burgos. Sale en 1941, con 48 años. Regresa a La Felguera y a su vida de obrero. En los años 60 retoma cierta actividad política, aunque a un nivel mucho menor que en los 30, y con un antifranquismo ya hegemonizado por el PCE, en el que las dos corrientes en la que él había militado, el anarcosindicalismo y el comunismo disidente han desaparecido del mapa. Con todo, siguió tratando de alentar un polo alternativo en torno a una alianza sindical de anarcosindicalistas, socialistas y cristianos de base. El experimento no fructificó.

Participa en las huelgas del 62, en los fallidos intentos por reconstruir la CNT, en las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista, de José Luis García Rúa, y en el Fondo Unitario de Solidaridad Obrera, al tiempo que escribe con seudónimo para La Batalla, que se edita en Francia por un languideciente POUM del exilio. Será no obstante en la Transición cuando recupere cierto protagonismo gracias a una juventud contestaria que ve en él a un maestro y que busca referentes alternativos al PCE.

“Se le saltaron las lágrimas de emoción cuando un grupo de guajes fueron a su casa para pedirle que les pasara el testigo de la CNT” rememora Fernández, que lo recuerda como un Sócrates obrero y autodidacta que impartía su magisterio en largos paseos por el parque de La Felguera “hablando sobre lo divino y lo humano”, y dando también consejos a las nuevas generaciones de activistas políticos que le escuchaban como a un maestro. “Por su casa pasó todo el mundo” añade Fernández, que rememora las palabras de Moral a aquellos jóvenes impetuosos que como él pretendían “asaltar los cielos”: “chavales, esto ye una carrera de fondo”.

Aquilino con su nieto en 1964.

En 1976 presidió el primer mitin de la refundada CNT asturiana. “Tuvo la suerte de ver el final de la dictadura y los primeros años de libertad y grandes movilizaciones, con las banderas de los partidos y los sindicatos otra vez ondeando. Murió antes de que llegase todo lo malo, las broncas y el desencanto” resume Fernández. Su entierro en La Felguera fue multitudinario, y su féretro fue llevado a hombros desde su casa hasta el cementerio de Pando, donde reposan sus restos. Diferentes entidades sociales y culturales piden una calle para él en La Felguera.

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3 COMENTARIOS

  1. A ver, que me parece que aquí estamos confundiendo las cosas. Para empezar el titular que escribe Diego Díaz, el periodista, ya induce a confusión. Es verdad que Aquilino representa una corriente más libertaria del comunismo que el oficial de corte estalinista autoritario y sus prolongaciones ideológicas e históricas, pero normalmente cuando uno habla del “comunismo libertario”, y así vienen empleando ellos mismos la expresión, se refiere al mundo anarquista o anarco sindicalista, las ideas y el tipo de sociedad a las que ellos aspiran, y eso ya es así desde la época de Bakunin, sin necesidad de esperar a lo que ocurrió en la revolución rusa. En la misma línea parece ir el comentario de quien firma Luis (Playu).
    Pero en honor a la verdad hay que decir que Aquilino Moral no era anarquista ni anarco sindicalista, en el sentido ideológico. En los tiempos actuales, desde la transición acá, es común atribuir a CCOO la condición de “sindicato comunista”, a la UGT la de “sindicato socialista” y a CNT y CGT la de “sindicatos anarquistas”. Pero eso no era así en los tiempos de la República y la guerra civil. Por ejemplo, la afiliación de aquella UGT estaba mayoritariamente en la órbita del Partido Socialista, pero también estaban afiliados a ella los militantes comunistas.
    Los llamados trotskistas españoles defendían la afiliación de sus militantes tanto a la UGT como a la CNT, dependiendo de dónde fuera más aconsejable según la zona geográfica del país y el sector de los trabajadores de que se tratara. Y si en algún lugar o sector industrial la UGT estaba en manos de los comunistas de tipo estalinista, y más después de terminada la guerra civil, los militantes de ese comunismo más libertario, no autoritario en el sentido estalinista, preferían afiliarse al otro sindicato de masas, la CNT, que a diferencia de la reconstituida UGT no logró levantar cabeza con el fin del franquismo.
    Así y todo durante la transición había un partido de corte trotskista, la Liga Comunista, que Miguel Ángel Fernández conoció bien, que propugnaba la afiliación a los sindicatos históricos, la UGT y la CNT, y no por ello dejaban de ser marxistas y no anarquistas. Ese partido después se unificó con otro mayor de nombre parecido, la Liga Comunista Revolucionaria, que a su vez defendía que lo de los sindicatos históricos estaba muy bien, pero que los sindicatos de masas al final del franquismo y en la transición eran la UGT y CCOO. De eso también puede hablar el fotógrafo y colaborador de Nortes Luis Sevilla, en su día militantes de la Liga y afiliado a la UGT de banca, ¿o no?
    En definitiva, en lo sindical Aquilino Moral tiró por la CNT, pero su formación teórica era marxista, como el partido al que perteneció, cuyo nombre ya lo dice todo: Partido Obrero de Unificación Marxista, POUM. Si algo tuvieron en común anarquistas y poumistas fue el sufrir la represión por parte de los comunistas estalinistas, que en España era primero el PCE y luego sus múltiples escisiones, expulsiones y ramificaciones. Eso es lo que se refleja en el film de Ken Loach “Tierra y Libertad”.

  2. Conocí Aquilino. Fui uno de los organizadores del acto realizado en el barrio playu de Cimavilla en recuerdo a Eluterio Quintanilla.
    También me acuerdo que participe en el acto realizado por CNT Gijón en recuerdo a José María Martinez.
    CNT-AIT y todo el Movimiento Libertario en Asturias tuvo MUJERES y HOMBRES en la primeria línea de combate contra el fascismo.
    “LLEVAMOS UN MUNDO NUEVO EN NUESTROS CORAZONES”

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