Alquimistas: entre la estafa y el misticismo

María Pandiello, autora de "Visiones del fuego. Historia ilustrada de la alquimia", presentó su libro en una nueva edición de Alcuentros Nortes.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Dice María Pandiello que la alquimia hasta el siglo XVIII, cuando comienza su declive y desprestigio, fue mucho más que la actividad de unos cuantos chiflados empeñados en convertir el plomo en oro: “era algo que abarcaba cosas muchas más prácticas como medicinas, curas para el sueño o elaboración de perfumes”. De hecho, la alquimia y la química van unidas y son indistinguibles desde la Edad Media y el Renacimiento hasta los albores de la época contemporánea, cuando una se convierte en superstición y la otra es elevada a la categoría de ciencia.

Para descubrir qué fue eso de la alquimia y quiénes fueron esos personajes llamados los alquimistas, Pandiello, filóloga e historiadora del arte, acaba de publicar “Visiones del fuego. Historia ilustrada de la alquimia”, una obra divulgativa que en una muy cuidada edición de La Felguera condensa cinco siglos de este arte devenido en ocultismo y esoterismo en los siglos XVIII y XIX. Este martes la autora presentó su libro en el Toma 3 de Xixón en una nueva edición de Alcuentros Nortes que fue presentada y conducido por Tono Permuy.

María Pandiello y Tono Permuy. Foto: Luis Sevilla

“Podían ser estafadores y al mismo tiempo místicos”, explica Pandiello sobre las contradicciones y ambigüedades de los alquimistas, un arte, oficio y filosofía, en el que sus maestros profesaban una fe en sus principios no incompatible con cierto ánimo de embaucar a incautos y desprevenidos. Paracelso resume en opinión de Pandiello muchas de las contradicciones del gremio: médico, borracho, humanista y al mismo tiempo misántropo.

María Pandiello. Foto: Luis Sevilla.

Con respecto a las relaciones entre alquimismo y religión señala que la alquimia llegó a ser tolerada “de forma ambigüa” por la Iglesia católica, y aunque no siempre estuvo bien vista por la jerarquía eclesiástica, en algunos casos pudo ser admitida como “una forma de luchar contra el Anticristo”. También, a pesar de tratarse un mundo masculino, conoció a destacadas mujeres, hijas de alquimistas, formadas con sus padres experimentando en el laboratorio.

Público asistente al acto en Toma 3, Xixón. Foto: Luis Sevilla

Pandiello, gijonesa, doctorada por la Universidad de Lisboa y en la actualidad residente en Amberes, descubrió los tratados de alquimia durante una estancia universitaria en Florencia. La autora explica que aunque “es muy difícil descifrar el lenguaje simbólico de los alquimistas” por su carácter hermético, pensado solo para iniciados, desde el punto de vista artístico el mundo de la alquimia ha dejado obras de una gran belleza. Su libro reproduce a todo color varias de las páginas de estos espectaculares tratados ilustrados y pretende arrojar luz, y hasta cierto punto reivindicar, una historia que ha llegado hasta nuestros días de manera muy desvirtuada.

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