Los presupuestos de Barbón y la naranja podrida de Ciudadanos

El presidente celebra la aprobación de las cuentas autonómicas sembrando cizalla en Podemos Asturies mientras la portavoz de Cs se queja de que están apoyadas por "la izquierda radical"

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

El Gobierno asturiano ha sacado adelante los presupuestos autonómicos para el año que está a las puertas. Esa es la parte jugosa de la fruta, pero me apetece empezar por uno de los gajos de la naranja podrida… A la portavoz de Ciudadanos en el Parlamento asturiano, Susana Fernández, no le gustan esas cuentas, “las peores de la historia” según el partido naranja, porque están condicionadas por “la izquierda radical”. La representante del moribundo partido podría habérselo currado un poco con la descalificación, porque esa ya está tan gastada como los principios políticos de Cs, si es que alguna vez los tuvo.

Ciudadanos (las ciudadanas que pasen por el aro del genérico masculino o que se vayan a otro partido) fue una obra improvisada y accidentada del capitalismo español de rostro amable. El bipartidismo se desmoronaba y estaba a punto de dejarse los dientes en las alfombras rojas de las instituciones. Podemos había irrumpido en la escena política con una fuerza que no había tenido ningún otro proyecto de la izquierda transformadora, y a la oligarquía financiera le entró el canguelo. Como dijo entonces algún pez gordo, había que crear “un Podemos de derechas” para parar lo que se les venía encima. Dicho y hecho; empezó a circular la viruta (la pasta, la plata, el parné, la guita…), donada gentilmente por grandes empresarios para neutralizar el dinero que aportaban en microcréditos electorales miles de currantes, pensionistas, personas desempleadas incluso, que apoyaban el otro proyecto alternativo al bipartidismo, que anhelaban y que siguen anhelando la llegada de ese día en el que, como dice la canción, dé la vuelta la tortilla y los pobres coman pan y los ricos coman mierda.

Y por ahí había una surtida representación de tontos útiles para ponerle cara al nuevo invento político de la derechita amable, para lanzar en toda España una marca que previamente había cosechado cierto éxito en Cataluña con un discurso visceral que, entre otras cosas, denostaba a las catalanas y catalanes por tener la osadía de pensar y de vivir en catalán en su propia tierra. Albert Rivera se reconvirtió en lider nacional de Cs y se fue a Madrid, no se sabe si con la idea de ‘reconquistar’ Cataluña para el españolismo o con la idea de conquistar el mundo con sus cojones, porque el tipo estaba encantado de haberse conocido.

Rivera se pegó la hostia más pronto que tarde. Su sucesora, Inés Arrimadas se disputa estos días a puñetazos de terciopelo con Edmundo Bal, portavoz naranja en el Congreso, la dirección de un partido que está clínicamente muerto. Y digo yo, ¿hay cosa más patética que no darte por enterado cuando te apagan las luces y sigues bailando con la copa vacía? Bal, que ha ido estrechando el cerco en torno a Arrimadas, todavía tiene la desfachatez de decirles a los suyos (no se lo dice a los suyos en realidad, se lo dice a los medios de comunicación en presencia de los suyos para forzar el titular): “Sois unos valientes apoyando esta candidatura de David contra Goliat”.

Ciudadanos es el juguete roto de ese gran empresariado que se valió de él en su momento y que ahora apuesta por la entente entre el PP y Vox para desbancar a la mayoría parlamentaria de izquierdas. Pero los lerdos de Ciudadanos no se dan por enterados.

En Asturies, la breve pero entretenida historia de Ciudadanos daría para escribir un libro. En la legislatura anterior tuvieron como portavoz a Nicanor García, que hablaba asturiano con naturalidad pero tenía la desfachatez (la desfachatez debe de ser marca de la casa) de dar declaraciones en asturiano a un medio de comunicación en asturiano diciendo que su partido estaba en contra de la oficialidad del asturiano.

Se subió al carro Ignacio Prendes, que había sido diputado único pero casi plenipotenciario de UPyD (el partido de Rosa Díez, otra que tal), con nada menos que media docena de asesores a su servicio en su anodina etapa en el Parlamento asturiano. Pasa a la historia del parlamentarismo con esta anotación por mi parte: No pegó un palo al agua.

En 2019 Cs llevaba de cabeza de lista a Juan Vázquez, ex rector universitario, que por su vanidad (casi tan notoria como su histórica cercanía al PSOE) se prestó a encabezar la candidatura naranja, engañado quizás por alguna encuesta low coast que presagiaba que su partido de cartón-piedra iba a petarlo. Ciudadanos consiguió cinco escaños de los cuarenta y cinco que hay en la Xunta Xeneral y Vázquez salió corriendo. Después de él vino la susodicha Susana Fernández, que tiene una cuenta de Twitter en la que no la sigue ni la Abeja Maya pero, eso sí, tiene de cabecera el emoticono con la bandera de España. La bandera de Asturies no le pareció conveniente ponerla, no vayan a pensar que es representante en el Parlamento asturia… Huy, sí, resulta que ella es la portavoz de su partido en el Parlamento asturiano, pero para el partido de la naranja podrida igual con la rojigualda basta.

Adríán Barbón, presidente asturiano. Foto: Iván G. Fernández

Dejando a un lado el cadáver de Ciudadanos, hay cosas que están cambiando, quizás para bien. Antes lo normal (dentro de la anormalidad ancestral y endémica de la política) era que todas las fuerzas políticas, excepto el partido o los partidos gobernantes, se cuidaran muy mucho de no apoyar las cuentas del año venidero en el año previo a elecciones, para no darles un balón de oxígeno a los gobernantes, que a su vez le endosaban a la oposición el muerto de no haber facilitado unas nuevas cuentas, más necesarias que nunca en esta coyuntura tan difícil, bla, bla, bla… Ahora, en un país, en un estado, en un mundo cada vez más polarizado (para bien o para mal, no sé yo), la línea divisoria entre las izquierdas y las derechas parlamentarias empieza a convertirse en una frontera infranqueable, y a ambos lados tratan de cerrar filas.

El Ejecutivo de Adrián Barbón aprobó el examen de los presupuestos con el apoyo y con enmiendas del PSOE, IU, Podemos Asturies y Grupo Mixto. El presidente, que es un hacha en Twitter, expresó en esa red social su agradecimiento “a los diputados de la FSA, IU y Grupo Mixto, por el acuerdo y a Podemos Asturies por votar a favor tras decidirlo así su militancia”. Barbón no da puntada sin hilo; en este caso la puntada, el pinchazo directamente, iba contra los interlocutores del partido morado en la negociación, y de paso trataba de sembrar cizaña en el que sigue siendo el partido con más representación a la izquierda del PSOE. También barrió para casa con eso de que “hemos conseguido aprobar los cuatro presupuestos de esta legislatura” (en referencia a su partido) y se columpió con lo de que han aprobado los presupuestos “los que aspiramos a seguir gobernado” (en Asturies gobierna el PSOE en solitario).

Sobre estas celebraciones tuiteras de Barbón cabe hacer un par de reflexiones… tres si acaso. La primera es que tiene derecho al desahogo después de una negociación que se supone que ha sido dura e intensa para todas las partes que han querido sentarse a negociar, pero debería tener la elegancia de no agitar el avispero de Podemos Asturies. Más que nada, aquí va la segunda reflexión, porque las dos corrientes internas del partido morado han demostrado que se bastan y se sobran para agitar el avispero y para sembrar cizaña. La tercera es que Barbón, antes de permitirse más desahogos, debería tener presente que lo tiene relativamente fácil para ganar las elecciones de mayo, pero que lo tiene muy jodido para llegar a la cifra mágica de las 23 diputadas y diputados que equivale a la mayoría absoluta, y a partir de mayo volverá a ser fundamental la aritmética de los escaños y la geografía política que delimita los territorios de la izquierda y los territorios de la derecha.

Entre tanto habrá que ver cómo, cuándo y hacia dónde se mueven las izquierdas empadronadas a la izquierda del PSOE. Volverá a cobrar actualidad el debate entre ser cabeza de ratón o cola de león, y el tour de force para dilucidar quién va a ir representando a quién, aunque lo fundamental no es saber quiénes nos representan sino a quiénes representan los que nos representan. Ahí lo dejo.

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