La avaricia empresarial envenena el aire en Trubia

La contaminación persiste en Trubia, donde criticar a las fábricas todavía puede convertirse en un conflicto vecinal.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Hay días en los que una vecina de Trubia mira hacia las instalaciones industriales y dice que el aire parece niebla. Otros encuentra sobre los coches una suciedad oscura que, cuando pasa el dedo, describe como una película grasienta. Lleva años conviviendo con las fábricas, aunque asegura que durante los dos últimos ha empezado a percibir con mayor intensidad algunos episodios de humo. “Una cosa es contarlo y otra cosa es verlo”, repite. Para hablar pone una condición. Su nombre no puede aparecer y tampoco ningún detalle que permita identificarla.

Su preocupación no se traduce, sin embargo, en pedir que las industrias desaparezcan. “Nadie quiere que quiten la fábrica, nadie”, explica. Lo que reclama es que “pongan solución”. Esa contradicción atraviesa buena parte del conflicto ambiental de una localidad donde las fábricas no son simplemente dos puntos de emisión en un mapa, sino parte de la historia económica, familiar y social del pueblo.

En Trubia conviven dos grandes instalaciones con actividades diferentes. Industrias Doy Manuel Morate, que comenzó a producir coque especial para fundición en 1948, declara una capacidad de 125.000 toneladas anuales. Química del Nalón, nacida en Trubia en 1943, destila alquitrán de hulla para obtener breas, naftalinas y aceites y cifra actualmente en 130 los empleos directos de su planta, con una capacidad anual de destilación de 300.000 toneladas.

Los niveles de benceno detectados tras comenzar a medirlo de forma continuada obligaron hace casi una década al propio Principado de Asturias a aprobar un plan específico. Las inversiones posteriores consiguieron reducir aquel contaminante de manera muy notable, pero la historia no terminó ahí. Desde 2025, la medición continuada de las partículas más finas ha añadido otra dimensión al problema, mientras la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies continúa denunciando episodios elevados y algunos vecinos siguen describiendo humos y suciedad como parte de su convivencia cotidiana con la industria.

Cuando Trubia empezó a medir lo que respiraba

Durante años, la estación pública de control de la calidad del aire estuvo situada junto al colegio El Villar, en una zona elevada respecto al centro de Trubia. A petición del Ayuntamiento de Oviedo, fue trasladada en julio de 2016 a las piscinas municipales y se incorporó un analizador de benceno, tolueno y xileno. Antes del traslado, el equipo instalado provisionalmente junto al colegio había registrado entre enero y junio una media de benceno de 3,5 microgramos por metro cúbico. Entre julio y diciembre, ya en las piscinas, la media fue de 7,2. Al no abarcar un año civil completo, aquello no constituyó formalmente un incumplimiento del límite anual, pero llevó al Principado a comenzar en enero de 2017 la elaboración de un plan de actuación.

Química del Nalón de Trubia. Foto: Pablo Lorenzana

El benceno es un compuesto orgánico volátil presente, entre otros procesos, en actividades relacionadas con el carbón y el alquitrán. Está reconocido como carcinógeno para las personas y la Organización Mundial de la Salud sostiene que no puede recomendarse un nivel de exposición que se considere seguro. La legislación fija un límite de 5 microgramos por metro cúbico, pero esa cifra corresponde a la media de todo un año, no a una frontera aplicable a cada hora o a cada episodio.

Manuel Fernández, vecino de Udrión y durante años vinculado al movimiento asociativo de Trubia, recuerda aquel traslado como un punto de inflexión. La asociación vecinal había reclamado que la estación bajase al pueblo porque consideraba que la ubicación anterior no reflejaba adecuadamente el aire que respiraba la población. Cuando comenzó a funcionar en las piscinas y se incorporó el análisis del benceno, “se vio que había un problema grave”, recuerda.

El Principado encargó entonces mediciones para intentar determinar de dónde procedía. La principal fuente detectada para aquel contaminante se situó en Química del Nalón. En mayo de 2017, la propia Consejería señaló públicamente a esta compañía como la principal causante de los elevados niveles de benceno registrados y a Industrias Doy como otra fuente, aunque con una contribución menor.

Industrias Doy. Foto: Pablo Lorenzana

El posterior estudio de dispersión afinó esa fotografía. Los grandes focos canalizados quedaron descartados como explicación principal al registrar valores dentro de los límites medidos y el análisis apuntó fundamentalmente hacia emisiones difusas relacionadas con Química del Nalón. Doy aparecía como una fuente mucho menos relevante para ese contaminante y la aportación de Santa Bárbara Sistemas se consideraba poco significativa frente a la primera.

Muchas de las emisiones que llaman hoy la atención visualmente a los vecinos proceden de Doy, mientras que el principal foco del contaminante que desencadenó la actuación administrativa en 2017 fue Química del Nalón. Aquella atribución explica el benceno estudiado entonces y no permite señalar automáticamente a una u otra industria como responsable de cualquier episodio actual ni trasladar el mismo reparto a las partículas.

El plan funcionó

El 9 de agosto de 2017, el Principado aprobó el Plan de acción a corto plazo para la reducción de los niveles de benceno en Trubia, después de haber ordenado su elaboración en enero y someterlo a información pública en mayo. La actuación obligó a introducir modificaciones en las instalaciones y en las autorizaciones ambientales de las empresas relacionadas con las emisiones.

Química del Nalón anunció aquel año una inversión de 4,2 millones de euros en dos fases y estimó que la primera permitiría reducir sus emisiones hasta un 79 por ciento. Al mismo tiempo, defendía que cumplía la legislación y señalaba que el benceno presente en Trubia podía tener también otros orígenes, entre ellos el tráfico o las calefacciones.

·La OMS recomienda no superar 5, mientras la legislación vigente admite actualmente una media anual de hasta 25

Las medidas dieron resultado. El documento elaborado por Manuel Fernández a partir de los registros de la estación sitúa la media anual de benceno en 5,05 microgramos en 2017 y en 1,9 en 2018. Después se mantuvo generalmente entre 2,5 y 3, con 2,9 en 2019, 2,5 en 2020, 2,6 en 2021, 2,8 en 2022, 2,7 en 2023, 3 en 2024 y 2,5 en 2025. Durante los primeros seis meses de 2026 se situaba en 2,2.

Hasta Fructuoso Pontigo, Fruti, portavoz de la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies y una de las personas que con mayor insistencia ha denunciado la contaminación de Trubia, reconoce aquella mejoría. “Ese plan consiguió resultado”, admite durante la conversación con NORTES. Lo que discute es que el descenso del benceno permita considerar resuelto el problema ambiental del valle.

La lectura oficial coincide en la eficacia de aquella intervención. El propio plan estratégico de calidad del aire del Principado señala que, tras los elevados niveles detectados en Trubia Piscinas, se requirieron medidas urgentes a las empresas y posteriormente se produjo una reducción drástica, con medias anuales entre 2 y 3 microgramos en los años siguientes.

El contaminante que empezó a medirse en 2025

La fotografía volvió a ampliarse en enero de 2025. La estación de Trubia comenzó entonces a medir de forma continuada las PM2,5, partículas de diámetro inferior a 2,5 micras capaces de penetrar profundamente en el aparato respiratorio. Hasta ese momento no existía allí una serie equivalente que permitiera seguir año tras año su evolución.

El primer ejercicio completo dejó una media anual de 14,7 microgramos por metro cúbico, según el documento elaborado por Manuel Fernández a partir de los registros de la estación. La OMS recomienda no superar 5, mientras la legislación vigente admite actualmente una media anual de hasta 25. La concentración recogida en Trubia quedó así casi tres veces por encima de la referencia sanitaria recomendada, aunque dentro del límite legal actual.

Una emisión visible sobre el entorno industrial de Trubia, con el cementerio de la localidad en primer término, en una imagen tomada por una vecina. Foto: vecina de Trubia

La nueva normativa europea establece que en 2030 el límite anual de PM2,5 deberá bajar a 10 microgramos por metro cúbico. También rebajará a 20 el límite anual de PM10 y a 3,4 el del benceno. Un valor de PM2,5 como el registrado en Trubia en 2025 cumpliría hoy la legislación española, pero estaría por encima del futuro límite europeo y, con mayor diferencia, de la recomendación de la OMS.

La media anual no es el único dato que preocupa a quienes siguen la estación. El recuento de Fernández señala que durante 2025 se superaron en 134 jornadas los 15 microgramos que la OMS recomienda no rebasar como media de 24 horas y que en una de ellas se alcanzaron 79. Durante los primeros seis meses de 2026, esa referencia diaria se había superado ya en otras 61 jornadas.

Esos números no permiten afirmar que Trubia haya empeorado recientemente, porque antes de 2025 no existe en esta estación una serie continuada de PM2,5 con la que compararlos. La medición ha permitido incorporar una dimensión que antes no estaba registrada de la misma manera, no demostrar que esas partículas hayan aparecido ahora.

Ahí discrepan también la experiencia individual y las series disponibles. La vecina que habla con NORTES asegura que durante los dos últimos años percibe humos más intensos y más suciedad que antes. Fruti, cuando se le plantea esa impresión, responde que “los datos no dicen eso” y considera que las mediciones reflejan más bien la persistencia de un problema histórico que ha ido cambiando de intensidad y composición.

Una madrugada no es un año

La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies ha intensificado durante 2026 sus denuncias a partir de los registros puntuales de la estación. Solo en septiembre difundió un valor de 34,9 microgramos de benceno el día 4, otro de 56,9 el 14 y 48,7 el 17, siempre a partir de los datos disponibles en la red oficial de calidad del aire.

En su última nota remitida a los medios el 25 de septiembre, la organización denuncia que durante la madrugada la estación de Trubia registró 35 microgramos de benceno, 158 de PM2,5 y 195 de PM10.

La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies lleva años denunciando emisiones visibles procedentes de Industrias Doy

Los 35 microgramos de benceno de un episodio puntual no pueden compararse directamente con un límite de 5 que se calcula como media de todo el año. Una madrugada y doce meses responden a preguntas diferentes. Para la Coordinadora, los picos son relevantes precisamente porque muestran exposiciones puntuales que una media anual puede suavizar y porque cuestionan que pueda considerarse satisfactoria una calidad del aire que combina medias legales con episodios mucho más elevados fuera de la legalidad y de las recomendaciones para la salud.

Con las partículas ocurre algo parecido. La OMS recomienda para las PM2,5 una media anual de 5 microgramos y una media de 24 horas de 15, y para las PM10 fija referencias de 15 y 45, respectivamente. Son recomendaciones sanitarias, no los actuales límites legales españoles, y deben compararse con el mismo periodo temporal de medición.

Lo que se ve y lo que no se ve

Buena parte de la alarma vecinal nace de aquello que se puede observar sin ningún aparato. La mujer entrevistada por NORTES habla de humos de distintos colores, superficies que vuelven a ensuciarse después de limpiarlas y momentos en los que la atmósfera se hace visible “como si fuera niebla”. Las imágenes tomadas por vecinos muestran grandes penachos sobre las instalaciones, aunque ninguna fotografía permite identificar por sí sola qué sustancias contiene una emisión ni determinar su concentración.

La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies lleva años denunciando emisiones visibles procedentes de Industrias Doy. Durante 2025 encadenó nuevos escritos reclamando al Principado que investigase episodios comunicados por vecinos, mientras durante este año ha concentrado buena parte de sus denuncias en los registros de benceno y partículas de la estación.

La historia del benceno muestra que lo más visible no siempre es lo más relevante. Fruti explica que las emisiones de Doy pueden contemplarse directamente, mientras otros contaminantes no tienen por qué producir una imagen equivalente. En 2017 fueron precisamente las mediciones, y no el aspecto de una nube, las que situaron en Química del Nalón la principal fuente del benceno estudiado entonces.

Para las partículas actuales no existe un estudio de atribución equivalente. El Laboratorio Nacional de Referencia de Calidad del Aire, dependiente del Instituto de Salud Carlos III, consideró adecuada la ubicación de la estación fija de Trubia Piscinas para evaluar la exposición de la población a las fuentes industriales. Las campañas con unidades móviles realizadas en otros puntos del entorno mostraron además que una sola ubicación no reproduce exactamente lo que ocurre en cada zona y a cada hora, condicionado también por los vientos y el relieve.

La planta de Química del Nalón en Trubia, al otro lado del río Nalón. La compañía acometió inversiones millonarias tras el plan de reducción del benceno de 2017. Foto: Pablo Lorenzana.

“Si criticas a la empresa, quieres que cierre”

La historia cambia cuando se dejan atrás los microgramos y se entra en las relaciones sociales de Trubia. Manuel Fernández se incorporó hacia 2015 o 2016 a una asociación vecinal que ya llevaba varios años funcionando y que había participado en las reivindicaciones sobre la estación de calidad del aire. Con el tiempo perdió capacidad de movilización y terminó desapareciendo.

Después se creó una Federación de Asociaciones de Trubia que reunió a colectivos vecinales de los pueblos del entorno y a asociaciones culturales, deportivas y festivas. Tampoco consiguió consolidarse. Más recientemente, las noticias sobre nuevos picos de contaminación provocaron otro intento de organización y unas quince o veinte personas acudieron a una primera reunión. En las siguientes fueron cada vez menos hasta que la iniciativa volvió a diluirse.

Fernández no atribuye ese fracaso únicamente al miedo. Él mismo aclara que nunca se sintió personalmente presionado, aunque asegura conocer casos de personas que vivían junto a las instalaciones, protestaron y recibieron presiones. Para Fernández, está relacionado con una economía local que durante generaciones ha dependido en buena medida de esas mismas industrias.

“Es un tema un poco tabú”, explica. En una población pequeña, criticar una empresa en la que trabajan familiares, amigos o vecinos puede escucharse como algo muy distinto a una reclamación ambiental. Fernández lo resume así: “Entonces tú, si estás criticando a la empresa, es que quieres que se cierre la empresa”.

La vecina que habla con NORTES emplea una expresión más dura, “miedo social”. Cuenta que ha visto a personas echarse atrás después de plantearse denunciar y teme que cualquier detalle permita reconocerla. Fruti también habla de presiones y de intentos de organización frustrados, mientras Fernández introduce el matiz de que, además de esas experiencias, existe una falta evidente de base social dispuesta a mantener una movilización continuada.

Trubia no aparece así como una comunidad uniformemente silenciada, sino como un lugar donde empleo, historia industrial y relaciones personales hacen especialmente difícil separar la defensa del trabajo de la crítica a la contaminación. Química del Nalón cifra en 130 los empleos directos de su planta y reivindica públicamente su papel en la industrialización del valle desde 1943.

Manuel Fernández observa además el problema desde fuera del propio núcleo urbano. Vive desde 2003 en Udrión, una localidad próxima, y Fruti insiste en que la configuración del valle hace que la contaminación que denuncia la Coordinadora no termine en el cartel de entrada de Trubia. Habla de momentos de escasa dispersión, de contaminantes que se desplazan según los vientos y de quejas recibidas también desde zonas de Santo Adriano.

En octubre de 2023, la entonces consejera de Transición Ecológica, Nieves Roqueñí, presentó a Doy como ejemplo de adaptación medioambiental y tecnológica

Qué dicen públicamente las empresas y el Principado

Industrias Doy sostiene que lleva años introduciendo mejoras destinadas a reducir sus emisiones. En 2020 anunció junto a EDP una inversión de 13,2 millones de euros para construir una planta de tratamiento de humos con desulfuración, filtrado de partículas y aprovechamiento energético. Según las previsiones difundidas entonces, el sistema permitiría reducir hasta un 70 por ciento los óxidos de azufre y un 86 por ciento las partículas sólidas respecto a los niveles anteriores.

El Principado ha respaldado públicamente esa transformación. En octubre de 2023, la entonces consejera de Transición Ecológica, Nieves Roqueñí, presentó a Doy como ejemplo de adaptación medioambiental y tecnológica y destacó las inversiones realizadas para reducir emisiones y mejorar la eficiencia energética mediante el aprovechamiento de los humos industriales.

Química del Nalón reivindica igualmente su transformación tecnológica y ambiental. En sus comunicaciones recientes presenta la planta de Trubia como una instalación vinculada a una estrategia de sostenibilidad, transformación y crecimiento, y durante 2026 ha abierto sus instalaciones a estudiantes, profesionales y a la asociación vecinal El Volcán para mostrar sus procesos. La empresa mantiene que su actividad genera 130 empleos directos cualificados en la localidad.

El Principado continúa vigilando la calidad del aire y este año ha renovado parte de los equipos de la red. El 13 de marzo de 2026 anunció una inversión de 99.337 euros para sustituir analizadores en cinco estaciones, incluidos los equipos de benceno, tolueno y xileno de Trubia. La Consejería señaló que la red permite comprobar el cumplimiento de los estándares, alertar a la población en situaciones de elevada contaminación y orientar las políticas ambientales.

En las comunicaciones públicas del Principado, Industrias Doy y Química del Nalón revisadas para este reportaje, NORTES no ha localizado una respuesta específica a los últimos episodios denunciados durante septiembre por la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies. Las posiciones disponibles permiten conocer las mejoras que Administración y empresas reivindican, pero no ofrecen una contestación pública reciente a esos picos concretos.

No quieren elegir

Casi diez años después del plan de 2017, Trubia no está donde estaba entonces. Las inversiones tuvieron efectos medibles y el benceno lleva años por debajo de su límite legal anual. Al mismo tiempo, las PM2,5 muestran valores muy superiores a las recomendaciones de la OMS y las denuncias por episodios de contaminación siguen llegando.

Quienes hablan en este reportaje tampoco coinciden en todo. La vecina anónima cree que la situación se ha agravado ante sus ojos durante los últimos dos años, Fruti sostiene que las series muestran más bien un problema histórico persistente y Manuel Fernández concede menos peso a las presiones que a la incapacidad de construir una movilización estable aunque cree, al mismo tiempo, que “hay que concienciar del problema que tenemos.”

Ninguno plantea que la solución consista en cerrar las fábricas que han dado trabajo a generaciones de familias. La vecina que exige aparecer en reportaje desde anonimato lo resume de una manera sencilla. “Nadie quiere que quiten la fábrica, nadie”, dice. Lo que reclama es que “pongan solución”.

En Trubia, esa reclamación lleva implícita una negativa a aceptar la elección que durante años ha condicionado el debate industrial asturiano. Quienes denuncian la contaminación no quieren escoger entre conservar el trabajo y respirar un aire mejor. Lo que reclaman es no tener que elegir.

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