El palacio perdido de Alfonso II sigue esperando ser desenterrado de las profundidades de Oviedo

Bajo la fábrica de La Vega, amenazada por el proyecto de levantar un millar de viviendas, podrían estar los restos de la residencia real.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

A pesar de la importancia de Oviedo/Uviéu como capital del reino de Asturias en la Alta Edad Media, ni Ayuntamiento ni gobierno autonómico parecen haberse preocupado mucho por cuidar de un patrimonio arqueológico que en buena medida sigue oculto bajo la superficie. A día de hoy la capital asturiana sigue sin contar con un espacio que cuente la historia del viejo reino, cuyo palacio residencial sigue enterrado en las profundidades de la ciudad, a la espera de que administración local y autonómica se tomen algún día en serio recuperar uno de los principales restos del viejo esplendor ovetense.

Isabel Ruiz de la Peña, profesora del área de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo/Uviéu, tiene pocas dudas de que bajo la fábrica de La Vega puedan estar los resto del palacio de Alfonso II, un rey de su época, que miraba con interés al viejo Toledo de los visigodos, pero también a otras capitales europeas contemporáneas, como las sedes de la dinastía carolingia. “Las monarquías están intercomunicadas y se imitaban en la Alta Edad Media igual que se imitan ahora” señala la especialista en arte medieval. A la escala del pequeño reino asturiano, “El Casto” trató hacer de Oviedo algo parecido a aquellas cortes que tanto admiraba. Una sede política en torno a la Catedral y una zona residencial en las inmediaciones de Santuyano debían ser los dos grandes centros de gravedad de la corte ovetense. El poder del rey debía entrar por los ojos: a través de la majestuosidad de iglesias, palacios y otras edificaciones civiles.

Maqueta del palacio de Alfonso II. Foto: Ayuntamiento de Oviedo.

Trono de sangre

Alfonso había nacido en el 762 en Oviedo, una ciudad que todavía no era la capital del reino, con sede primero en Cangues d´Onís y más tarde en Pravia. Hijo de una vasca tomada como botín de guerra, Munia, y bisnieto de Don Pelayo, su padre Fruela fue asesinado cuando él era un niño, quedando así fuera del trono. Aurelio primero y Silo después ocuparían el lugar que consideraba le correspondería. Shakespeare bien podría haber ambientado alguno de sus dramas en este reino asturiano donde las sucesiones tendían a ser accidentadas, e incluso teñidas de sangre.

Adosinda en un cuadro histórico de 1853, obra de Lozano Sirgo, y conservado en el Museo Nacional del Prado.

Temiendo por su vida, el hijo del rey asesinado sería enviado a un monasterio de Lugo, San Julián de Samos, donde recibe una sólida formación cultural y religiosa. Aunque desplazado del poder, no renunciará a heredar el reino de su padre, y seguirá conspirando con familiares y nobles para recuperar el trono. Su tía Adosinda, hermana de su padre, será su gran valedora y protectora en la lucha por reconquistar la corona real.

“Desplazado del poder, no renunciará a heredar el reino de su padre, y seguirá conspirando con familiares y nobles para recuperarlo”

No será hasta la edad de 30 años cuando sus derechos sucesorios se hagan valer y Alfonso sea coronado Rey de Asturias. Desde el 791, fecha de su coronación, hasta su muerte, en el 842, Alfonso II va a tener casi 50 años para ejecutar una de las prioridades de su programa político: poner a Oviedo en el mapa político de las cortes europeas.

Iglesia de Santuyano vista desde la Fábrica de La Vega. Foto: Alisa Guerrero

Los primeros años de reinado serán difíciles. Las expediciones musulmanas atacan el mismo corazón del reino y saquean y destruyen Oviedo en varias ocasiones. En la retaguardia también hay problemas. Algunos nobles se conjuran contra él llegando a apartarle por breve tiempo del poder. Sin embargo, el rey Casto logra sobrevivir a las diferentes embestidas internas y externas, pacta una alianza con Carlomagno, interesado en potenciar una barrera de reinos cristianos del norte de la Península Ibérica frente a las invasiones musulmanas, y en el 797 ya está en disposición de lanzar una expedición que llega a tomar la ciudad de Lisboa. En la década del 830 promueve las peregrinaciones a la supuesta tumba del apóstol Santiago en Compostela, en el marco de su política de integración y pactos con los diferentes pueblos cristianos del norte peninsular.

Inauguración del monumento a Alfonso II El Casto en Santiago de Compostela. Año 1965.

Tras superar los problemas políticos y militares más urgentes, Alfonso II El Casto gana tiempo para dedicárselo a su proyecto de engrandecer Oviedo como corte, haciendo de la ciudad asturiana el nuevo Toledo, la histórica capital de la Hispania visigoda hasta la conquista musulmana, y punto neurálgico en las peregrinaciones religiosas a Galicia. El plan del rey es en sentido impresionante. Ordena la construcción en las periferias de la corte ovetense de San Pedro de Nora y Santa María de Bendones, y en el corazón de Oviedo de la Iglesia de San Tirso, en las inmediaciones de la Catedral, así como un poco más lejos de Santuyano.

El Protocolo de La Vega y el futuro de los restos arqueológicos

Junto a Santuyano se levantará también su palacio residencial, que todas las investigaciones suponen enterrado bajo la fábrica de La Vega. El principio de acuerdo entre Defensa, Ayuntamiento y Principado para resolver el futuro de la centenaria factoría armera establece la obligación de unas catas arqueológicas. Sin embargo, desde el bipartito matizan que el protocolo de La Vega puede firmarse sin que estas hayan concluido. Algo chocante para expertos y profesionales, que no entienden que pueda planificarse el futuro del recinto sin saber antes qué puede haber enterrado.

Rubén Montes, presidente de la Asociación Profesional de Arqueólogos, Conservadores y Museólogos de Asturies considera “peligroso” firmar el protocolo antes de esperar a conocer los resultados de los sondeos, y da por seguro que bajo la fábrica hay restos arqueológicos importantes.

De igual manera Isabel Ruiz de la Peña considera que los arqueólogos deben poder excavar el entorno de Santuyano “sin prisas” para así analizar e investigar los restos de esta y otras épocas. La medievalista piensa que si son de interés podrían musealizarse y darse a conocer al público a través de una exposición y visitas guiadas. De este modo, en torno a La Vega podría disfrutarse de un recorrido histórico que llevaría desde la Alta Edad Media hasta la Edad Contemporánea y la Revolución Industrial. Por eso, la historiadora pide a las administraciones públicas sensibilidad para “no perder un patrimonio único”. Pocas ciudades como Oviedo concentran en tan pocos metros tanta historia.

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