Diego Canga o la legitimidad de “un tío serio”

Foro no se va a aventurar a coaliciones que desdibujen su proyecto: liberado del casquismo, busca construir un discurso propio desde un nuevo estilo.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Foro Asturias no tiene nada que hablar con Diego Canga. Se lo han hecho saber con otras palabras, de un modo más cordial, con la nueva cordialidad de Foro, que es un nuevo estilo implantado desde que Carmen Moriyón ha vuelto a ser candidata a las elecciones municipales de Gijón. En la política, no basta con ser “un tío serio”, hace falta algo más, cierta legitimidad democrática.

Diego Canga creía que Bruselas se lo había dado todo, incluso la presidencia del Principado de Asturias. Algo así debió pensar Elías Bendodo, secretario general de PP, y Alberto Núñez Feijóo cuando decidieron que el hombre comunitario fuera el candidato de los conservadores en Asturias. Al ensimismamiento de Teresa Mallada en la oposición, le seguía después un discurso que aunara, cosa nada fácil, tecnocracia europea y trumpismo.

Pero el sistema parlamentario asturiano goza de algo que se ha perdido en otras comunidades autónomas: madurez democrática. Y desde esa ventana es desde la que hay que observar el comportamiento del centro derecha asturiano. Foro no se va a aventurar a coaliciones que desdibujen su proyecto. Busca construir un discurso propio desde un nuevo estilo, inspirado en la cordialidad y la madurez democrática.

“El sistema parlamentario asturiano goza de algo que se ha perdido en otras comunidades autónomas: madurez democrática”

Los desprecios constantes de Diego Canga a la evolución política de Asturias, en peligroso declive, no ayudan a convencer a un electorado agraviado de las supuestas garantías que ofrece el PP, tan dividido o más que antes de su aterrizaje en Ranón. Álvaro Queipo ha sido arrinconado, Agustín Iglesias Caunedo observa la matanza desde un balcón, en Gijón hay una gestora, y algunos calientan la leña del horno para cuando el “tio serio” haya sido derrotado.

Desde su llegada, Canga se ha mostrado pagado de sí mismo. Recuerden las palabras de un veterano conservador a carta cabal que rozaron los oídos de los asistentes al acto del Príncipe de Asturias: “tiene más medallas en la solapa que un mariscal norcoreano”. Otro nombramiento errático fue el de Beatriz Polledo como nueva portavoz del grupo parlamentario. Y el último signo de derrota ha sido proponer como número dos de su lista al parlamento a Pilar Fernández Pardo.

Jaime Fernández-Paíno y Adrián Pumares de Foro Asturias. Foto: Foro Asturias

El PP manda otro mensaje inequívoco con Pilar. Sacrifica a una candidata letal para la socialdemocracia en Gijón e indica una salida en caso de emergencia: cuando Canga haya perdido, habrá otra mujer que tome el mando en el grupo. Como se observa, en todos estos nombramientos y gestos, la dirección del PP no pinta nada. Y eso cuadra bastante mal en la cultura del partido, acostumbrada a que los suyos sean los que están y los que deciden.

La legitimidad democrática en todo este merecumbé, obviamente, brilla por su ausencia. No hay espacio para el diálogo con Foro mientras en el PP sólo haya fuegos artificiales, aunque hayan sido disparados por “un tío serio”. A FORO se la observa como una fuerza política creciente, moderada, ágil, legitimada por los congresos y, sobre todo, liberada del casquismo que vuelve a ocupar portadas en ABC (en Madrid, algunos periodistas afirman que la cabecera trata de encontrar un espacio moderado). No está demás estar atentos a las corrientes subterráneas de Madrid porque siempre crean tendencia en otras comunidades. Adrián Pumares comprende que resulta más persuasivo ante sus votantes cuando lanza al hemiciclo propuestas políticas que cuando ejerce la oposición del no. Cuanto más propositivo, más se acerca al reformismo y más atractivo resulta para una sociedad asturiana que si goza de madurez democrática. Cuanto más negacionista se presta, por el contrario, se parece más al PP.

A lo largo de estos meses, observaremos la capacidad política de unos y de otros para no parecerse, y mucho menos, para no fundirse en una lista autonómica. La legitimidad democrática, un género aparentemente desgastado, también dará votos en las urnas, aunque no tantos como un proyecto y, sobre todo, una agenda. La inmadurez política, en cambio, será castigada y si no, que se lo pregunten a Podemos. Estaremos atentos.

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