Los mejillones tigre encienden “El fuego”

La banda saca su segundo LP con el sello asturiano Boomerang Disc

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Vuelven Los mejillones tigre con El fuego en la mano, su segundo Lp con el sello discográfica asturiano Boomerang Disc que dirige Enrique Patricio (Staytons, Alberto y García). El sexteto jienense ofrece una nueva ración de sonidos garajeros fundidos con el mambo, la cumbia, el boogaloo o la psicodelia. Como dice Fiti, su guitarrista, “siempre mirando y cruzando el charco”.

Los mejillones tigre vienen a confirmar que existe una escena en Jaén con una vocación innata por los sonidos latinoamericanos. De Jaén son también los Guadalupe Plata que dibujan con su guitarra y la batera ese atmosférico, siniestro y espectral rock psicodélico de significados fronterizos y faulknerianos Pero de Jaén emerge el rock empoderado y desinhibido de María Guadaña y también clavan sus raíces los metaleros Santo Rostro.

La cumbia es el nuevo punk, cantan los mejillones, en línea con otro fanático de la cumbia como Pablo Lesuit, logrando que se dibuje una sonrisa inteligente en el rostro a los melómanos más modernos que descubrieron las posibilidades del género de la mano de Jorge Drexler hace más de una década. “Independientemente de que sea una cumbia o un mambo, ese espíritu provocador y jovial es lo que convierte a este sexteto en una banda genuinamente garajera. Y efectivamente, la cumbia es el nuevo punk. Y también “es la forma más cruda de expresarnos. Al final se parecen tanto que no es descabellado pensarlo”.

Los Mejillones se inclinan por letras sencillas, pegadizas, “cortitas y concisas”, capaces de conseguir algo realmente muy difícil: “que el público cante sus canciones a partir del segundo estribillo”. Sureños, garajeros o tropicales, su sonido siempre es enérgico, despreocupado y evocadoramente cinematográfico, con temas como 40 grados (o más) o La fábula del promotor y el trovador que recuperan a unos tipos que crecieron escuchando a los Kinks, Los Brincos y Doctor Explosión.

Porque Los mejillones tigre son eminentemente retromaniacos, abrazados a la cumbia o la guajira, ” y acercándolas a un sonido más sucio, más roto, más rajado, más vintage” afirma Fiti antes de reconocer la influencia de bandas como la de Doctor Explosión que reverberan en Radiación. El asturiano recupera ese sonido que ofrece más posibilidades en español con su último gran disco Superioridad moral. “Jorge Muñoz ya atisbó que el garaje podía fundirse con otros estilos, y en nuestro caso, con los más latinos. El garaje, en el fondo, es como una esponja, lo acepta casi todo”. Los mejillones, fieles a su manera de disfrutar la música, creen que, en esencia, es un estilo sencillo, directo, que hace uso de pocos elementos. “Y precisamente por eso se puede fusionar con todo”.

Los mejillones tigre. Imagen promocional.

Los mejillones tigre surgieron de casualidad, tras una fiesta privada en La tetería de Ubeda. “Aquello salió tan bien que decidimos juntamos y crear una banda de versiones para pasarlo bien, con versiones de Siniestro Total, de Los Brincos, Los Yetis o Los Dorados. Su gran aceptación fue la justificación para empezar a componer música propia. “Sacamos una maqueta y a partir de ahí, apareció Como un imán, un EP con cuatro canciones grabados de manera casera en el local que funcionó tan bien, que la gente pidió mas”.

Aunque el sonido ya estaba sustancialmente desarrollado en su anterior Lp, titulado Tropical y salvaje, la evolución de Los mejillones tigre se ha inclinado por mejorar la producción: “Cada vez somos más pulcros. La esencia es la misma, las ideas surgen de igual modo, nuestra forma de componer no ha cambiado mucho, pero el tema ya no se queda en un boceto llevado al directo sin filtros. Ahora le damos más vueltas, incorporamos nuevos arreglos y texturas para darles otro color. Ese puntito hace que tenga todo más calidad”.

La ironía, el calor, una sensualidad desprejuiciada y dominada por las percusiones y las guitarras, conforman este segundo trabajo de constantes guiños vintage hacia el pasado pero que alimentan el fuego e invitan a contonear las caderas tanto como las cabezas.

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