Bailando en el contorno del abismo: elogio a David González

Siempre fantaseó con hacerse un Rimbaud fílmico y mear sobre otros poetas en un banquete.

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César Maltrago
César Maltrago
Es músico y fotógrafo.

Conocí a David a través del rapero Doris Escarlata (aka Tenedor).

Mi amiga Sara González fue quien nos juntó; era un verano gijonés. Recuerdo que estaba viviendo una etapa oscura de mi vida. Todo estaba mal y recién había regresado de Madrid.

Tras hablar de mil historias y de autores como Bukowski, Henry Miller y Fante, me mentó con gran cariño la ejemplaridad de un poeta gijonés. Su nombre era David González. Me pasó su blog.

La verdad es que tenía razón, se trataba de un auténtico maldito. Un verdadero especimen del underground astur.

Con el tiempo me compré “El amor ya no es contemporáneo”, una de sus antologías más exquisitas. Me quedé totalmente prendado de su sutileza, sencillez, cinismo y pertinaz audacia. Recuerdo que lo leí en el ALSA, de camino a Madrid. Lo recuerdo como una postal costumbrista, entre lo rancio y lo nostálgico. Leer a David en un ALSA… huyendo de Gijón … muy paradójico.

Ha de resaltarse que fue un autor de gran raigambre local.

Me gustó mucho su obra y su forma de interpretar desde un primer momento. Esa visceralidad no era impostada. Gracias a él conocí también a Roger Wolfe, a Karmelo C. Iribarren y “El Ángel” (el poeta madrileño Ángel A. Caballero). Poetas a los que profeso gran admiración. Estoy hablando concretamente de la antología “Disociados” de la Ed.Ya lo dijo Casimiro Parker.

No recuerdo cómo conseguí su e-mail; sino me falla la memoria, creo que fue en su viejo blog personal de entonces.

El poeta David González. Foto: César Maltrago

Decidí escribirle un día. El intercambio epistolar continuó de manera laxa. Compartía mis últimas desastrosas vivencias y escabrosos pensamientos con mi admirado David. Sabía que él podía comprender mi situación y mi estado existencial. Empatizamos ampliamente.

Yo, por aquel entonces, vivía una situación crucial.

La vida me había jugado unas cuantas malas pasadas.

Veía en David una especie de héroe ambivalente.

Más tarde lo conocí en  persona, fue en una presentación de uno de sus libros, en la librería gijonesa La Buena Letra. En el recital conocí a Esteban, a Estefanía González y Ana Lamela. Luego fuimos al Club de Jazz. Más tarde David y yo continuamos de xarana por Cimadevilla.

Acabamos de entamada en el Babylonia. Ese día, además de los lugareños habituales, estaban Nacho Vegas y sus compinches: León Benavente. No se podía pedir más.

La verdad es que entrar en el Babylonia es muy siglo XX. Por aquel entonces aún vivía Ramón.

En ese ambiente sigue perdurando cierta esencia añeja.

Mi recuerdo es grato, un día bastante lynchiano, etílico y mágico. Mi idolatría y proselitismo por aquel entonces eran bastante acuciantes en mi personalidad, como puede comprobarse.

“Por aquel entonces mi vanidad y grandilocuencia eran bastante kamikazes

Con el tiempo fuimos haciéndonos colegas y tras el paso de los años David me propuso que realizase una especie de pieza audiovisual sobre “sus poemas y movidas”. Yo, desde un inicio no supe si lo que quería era un documental, una entrevista … Di rienda suelta al proyecto de manera personal y totalmente autónoma, sin subvenciones ni instituciones mediadoras.

Por aquel entonces mi vanidad y grandilocuencia eran bastante kamikazes. Decidí aceptar con cierto rubor y temor el proyecto. Como fotógrafo era un placer y como interesado en el periodismo de investigación era todo un desafío. Sólo me había atrevido dos veces con el audiovisual de manera puramente experimental. Para mí fue un reto, y también una buena escuela para practicar el método autodidacta. Mi Nikon, el trípode y la TASCAM, nada más.

La cierto es que en la actualidad mejoraría muchas cosas, y puede que lo haga en un futuro…

Recuerdo con cierta candidez los cabreos y berrinches de David. Era una puta estrella del rock del microcosmos gijonés.

David González. Foto: César Maltrago.

Un día te llamaba todo exaltado entre improperios e insultos diciendo que lo dejaba y a la otra semana te llamaba pidiendo disculpas. Su ex, la pintora Covadonga López (R.I.P) parece que le motivaba bastante en su trabajo. Hizo de celestina y moderadora. Tomó las riendas de la logística emocional. Se trata de una cosa que le agradezco profundamente.

Jamás me había aventurado con el audiovisual sino fuese porque David me lo pidió expresamente. Todo mi trabajo se basaba en el retrato, el paisaje, alguna historia surrealista, algunas fotos eróticas y dos vídeos experimentales bastante mediocres, homenajeando el paisaje gótico-nocturno de Gijón. Creo que fue eso lo que a David le encandiló.

Por aquel entonces estaba bastante flipao con Iván Zulueta y sus cortometrajes experimentales.

Tras los días de grabación, venía por casa para fumarse unos flys y supervisar el montaje. Muchas luchas tuvimos en ese aspecto (como es habitual). Siempre deseé rehacer yo el montaje, y aún lo deseo. Recuerdo que Fran y Leire de Covenant, me echaron un gran cable con la posproducción y el etalonaje. De hecho Fran participa musicando uno de sus poemas.

Puedo afirmar con franqueza que el documental se convirtió en una escuela de aprendizaje que me ayudó muchísimo para luego aventurarme en el mundo del videoclip.

Recuerdo que lo presentamos en Logroño, en la Filmoteca Rafael Azcona. Fue Enrique Cabezón el que nos apadrinó fideístamente, puesto que el FICX decidió no seleccionar nuestro trabajo aquel año.

Era la presentación (por todo lo alto) de su documental y David andaba “encoñado” con su pareja. Estaba inquieto y speedico. Se tomó una birra conmigo en una terraza adyacente a la filmoteca. No se despegaba del teléfono, estaba absorto. Al rato se fue; arguyendo que regresaría en breve. No lo hizo. Se marchó con una copia del documental  “Vocación de Perdedor” en su macuto y adiós; suerte que yo tenía otra copia en Blu-ray. El público quedó bastante confuso tras su ausencia. Convivir con David es una experiencia compleja (por así decirlo).

Su sombra es alargada pero su luz cegadora. Su honestidad brutal estaba edulcorada con un fino cinismo de viejo vividor. Un canalla de los buenos. También le rondaban ademanes de viejo Peter Pan.

Con el tiempo nos distanciamos. Llevaba un tiempo en modo ermitaño y con el tema del cáncer.

Por ese entonces siempre le preguntaba al pintor Adolfo P. Suarez por él. Otro habitante del “lado salvaje de la vida” y amigo común.

Me hubiese gustado retratarle en el mismo documental.

La última vez que hablamos David y yo fue hace un mes; sucedió por teléfono. Comentamos nuestras penurias y me habló de la muerte con total frescura y aceptación. Estaba bastante obsesionado con el documental. Me preguntaba que si había alguna manera de “subirlo” a Netflix o alguna plataforma de moda. Yo le contesté que estaba bien en Youtube y que los requisitos eran amplios y tediosos, “un matu de cuidao”. Le comenté que esa fue la decisión final y debíamos respetarla; zanjar lo ya mostrado.

Era muy consciente de que su vida y obra debían ser inmortalizadas. Supongo que esto concuerda mucho con su personalidad fetichista. En su despacho guardaba recuerdos, detalles que le conectaban con algún momento memorable de su vida. Guardaba en oro en paño un manuscrito de Celine que compró Dios sabe dónde.

Siempre fantaseó con hacerse un Rimbaud fílmico y mear sobre otros poetas en un banquete.

Tenía una gran vena de provocador y de romántico.

Creo que le hubiese gustado recitar más poemas frente a cámara. Amaba la cámara. Gozaba de un gran exhibicionismo poético. Su recitar: una experiencia intensa y verdaderamente ácida.

David tenía un doppelgänger muy pronunciado. Su valentía y honestidad eran las dos cuerdas que le ataban a su luz y centro de gravitación permanente. Había un mástil en el va-y-ven de las tempestades.

Su sapiencia vital era increíble. Un hombre de calle que se las sabía todas. Con el tiempo, llegamos a compartir camello y editorial. Recuerdo que me dijo: “mira César… son todo mafias. No existe la neutralidad… no te puedes quedar en tierra de nadie. Tienes que estar con unos u otros, sino lo llevas jodido… Ye así la vida amigu” – me espetó sin más.

Creo que alguna vez me vio como una especie de hermano.

Mi background pequeño-burgués a veces chocaba con su carácter callejero, aunque compartíamos una misma actitud vital. Algún tejemaneje del destino me unió a él y su poesía.

A pesar de lo que puedan pensar por el barrio David no sólo era un míticu de Cimata, sino un gran poeta y un gran conocedor de la literatura y el arte. Un viejo amigo y maestro. Un aristócrata del punk y un tierno poeta de lo cotidiano. Dr Jekill y Mr Hyde.

Un gran abrazo amigo, allá donde estés.

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