Barbón, el COVID y la amenaza fantasma

Con el fichaje de Concepción Saavedra, gerente del SESPA, la señal que transmite la dirección de la FSA es clara y concisa: somos los que derrotamos la pandemia.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

La FSA ha presentado su lista autonómica. Alea iacta est. La suerte está echada. Pero en política, la suerte pocas veces juega un papel relevante. La suerte la hacen los equipos, personas cualificadas, cuadros, verdaderos ingenieros sociales y comunicadores que sean capaces de hacer que la máquina esté engrasada. Para que una fuerza política entusiasme ha de innovar en sus propuestas, en los perfiles que las encabezan. La abrasión del tiempo hace que los gobiernos se desgasten de la misma forma que una oposición débil permite que ese desgaste sea menor e, incluso, no llegue a producirse.

“O cambian o nos cambian”. Los de Barbón llegaron para ser el cambio y tras cuatro años, ese mensaje está obsoleto. Tiene que ser otro. Todavía no sabemos si la lista proclamada este fin de semana obedece a una voluntad realmente ganadora que busca competir en las elecciones y gobernar con solvencia, a través de un nuevo proyecto o, si por el contrario, lo único que pretende es reafirmar su adn más allá de las verdaderas circunstancias políticas y económicas asturianas. Una parte de ese mensaje lo compone la agenda y la otra las personas.

Concepción Saavedra

Adrián Barbón ha tenido el mérito de convencer a la gerente del SESPA, Concepción Saavedra, para que sea ella la persona que le acompañe como número dos independiente en la lista autonómica. La señal que transmite la dirección de la FSA es clara y concisa. Con su incorporación, se busca realzar la identidad de un proyecto que trata de compadecerse de la gestión de la crisis sanitaria. Hemos sido nosotros quienes hemos combatido y vencido al COVID. Aquí está, también con nosotros, la garante de vuestra salud, la gerente del SESPA. Es una hipótesis que sólo se puede verificar relativamente porque el médico de familia, Rafael Cofiño, actualmente miembro del comité de asesores de Yolanda Díaz en SUMAR, también tuvo algo que ver en la gestión de la pandemia. Más allá del debate nominal, lo que nos interesa destacar es la voluntad de los socialistas por inclinar el discurso de la campaña hacia la gestión de una pandemia. Hoy se cumplen tres años de la declaración del estado de alarma. Esa madrugada, nadie durmió en los ministerios. Sin embargo, regresar al COVID hoy, es acudir a la foto fija de la sanidad antes de la pandemia y da un discurso caduco para el día de mañana. Sin ir tan lejos, estas semanas pasadas hemos visto como los trabajadores sanitarios reclamaban mejores condiciones laborales, más plantilla y un apuntalamiento de la sanidad pública asturiana deteriorada después de tres años.

Como en las carreras de Fórmula 1, un motor que ya fue usado en otras temporadas se presta insolvente para ganar más velocidad o más diputados en la última. No parece ser ese el objetivo. En la mente de Barbón se contempla como una meta muy difícil de alcanzar: mayoría absoluta que soñó poco antes de ver como las negociaciones del Estatuto de Autonomía fracasaban. Concepción Saavedra no mueve masas, pero sí permitirá afianzar una mayoría que se impondrá en la Junta en las votaciones, sin riesgos ni sorpresas, y permitirá gobernar razonablemente a Barbón, con una derecha desarticulada, con una izquierda tambaleante y descompuesta.

Pueden ser cuatro años de geometría variable, la amenaza fantasma que atisbó Daniel Ripa hace unas semanas, donde la negociación con el PP, Foro o IU sostendrán la continuidad de un gobierno socialista. No será difícil. El vector Cofiño también se impone. El final de la legislatura estará sellado este mes con la votación de la Ley de Calidad gracias al apoyo de los partidos del centro derecha. Un final agridulce pero, en cualquier caso, un final a una legislatura fallida. Será Cofiño el hacedor de esa geometría como ya lo fue en el 2000, año en el que se aprobó la Ley de Cajas en la Junta del Principado. Entonces Juan Cofiño también era diputado autonómico. Hoy es Secretario socialista en Siero, entonces un diputado raso, tribuno de Villa, que defendía el texto de la ley en la tribuna del sótano de Fruela, con Vicente Álvarez Areces y otros ocho diputados socialistas ausentes del hemiciclo. Aquella fue la madre de todas las batallas en el seno del socialismo asturiano. La ley salió adelante con los votos de los guerristas y del PP. La FSA ya practicaba la geometría desde su grupo parlamentario. El diario de sesiones de la Junta del Principado recuerda cómo Cofiño abjuraba de Tini Areces, presidente asturiano socialista, y de “quienes no quieren la transparencia democrática, los que ven peligrar sus intereses de grupo, los que quieren hacer de Cajastur una presa de sus ambiciones personales y grupales, los lobbies de poder incrustados en su seno y los que están instalados en la ley del pelotazo”. La historia es irónica y si no es así, que se lo pregunten a Manuel Menéndez hoy. Para llegar al acuerdo con el PP, el PSOE dejó fuera a su Gobierno, a parte de su grupo parlamentario, al mismo Ayuntamiento de Gijón, a los sindicatos y a IU.

Adrián Barbón y Juan Cofiño en la Junta General. Foto: Iván G. Fernández

La suerte está echada. Pero como decíamos al principio, en política la suerte la hacen los equipos, las personas, los programas. En esta ocasión, el mensaje que traslada la dirección socialista a sus votantes y a las direcciones locales se parece demasiado a esta legislatura. Se diría que la agenda política asturiana la marcan otras comunidades autónomas. Hacia el Oeste: Rueda; Hacia el Este: el País Vasco y Cantabria. Lejos quedan aquellos días en los que Vicente Álvarez Areces o Javier Fernández eran los que marcaban la pauta.

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