Historia de Masha y de Alexei, resistentes contra la guerra

El régimen de Putin condena a dos años de cárcel al padre de una cría rusa que hizo un dibujo contra la invasión de Ucrania y yo me cago en todos los muertos del militarismo

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

En un colegio de Tula, una ciudad de medio millón de habitantes que está a poco más de 150 kilómetros de Moscú, le pidieron al alumnado que hiciera un dibujo ‘patriótico’. Masha Mashaleva, rusa de trece años, dibujó una bandera de Ucrania y a una madre intentando detener con una mano los misiles mientras con la otra aferra la mano de su hija. A mí, y seguramente a otras gijonesas y gijoneses que leerán este artículo, esa madre nos recuerda de un modo conmovedor a la Madre del Emigrante, la Muyerona que mira con todo su orgullo y con todo su dolor hacia el Cantábrico, sin saber si el Cantábrico se va a conmover ante su dolor o si se va plegar frente a su orgullo.

Fue la propia dirección del centro escolar de Masha (qué forma más miserable y más asquerosa de profanar un oficio tan digno y hermoso como la docencia) la que puso en conocimiento de las autoridades rusas ese dibujo supuestamente ‘antipatriótico’ y a partir de ahí empezaron a investigar al padre, que en redes sociales se mostraba crítico con la invasión de Ucrania… Y yo me cago en todos los muertos que amparan el patriotismo, el militarismo y todas las guerras.

Masha lleva más de un mes recluida en un centro de menores por ese dibujo, que le ha supuesto una condena de dos años de prisión a Alexei Moskaliov, su padre. La madre de la niña desapareció a edad temprana, el padre crio a Masha con toda la nobleza con la que cualquier madre o padre decente criaría a un hijo o a una hija: inculcándole, entre otros principios, que la guerra es embajadora de la muerte, que la guerra es la negación de la vida y que no hemos venido a este mundo para asesinar ni para amparar a quienes asesinan, arrasan tierras, viviendas, hospitales o escuelas, a quienes siembran regueros de miseria y dolor detrás de una columna de tanques, bajo una estela de aviones de combate.

Alexei Moskaliov, en el juicio.

Alexei Moskaliov, de 53 años, al que le arrebataron la custodia de su hija en ese podrido proceso judicial de la Rusia de Putin, huyó al hacerse pública la condena. Lo detuvieron ayer en Minsk, la capital de Bielorrusia, un país gobernado por el dictador Alexander Lukaschenko (gobierna el único país de toda Europa en el que sigue vigente la pena de muerte), un pelele del criminal de guerra Vladimir Putin. Mientras juzgaban a Alexei, su abogado, Dimitri Zajvatov, fue al centro de menores en el que está internada Masha. El personal del centro le entregó unos dibujos que había hecho ella para su padre con un mensaje breve pero eterno: «Papá, eres mi héroe».

Tengo, tenemos la suerte de haber vivido la edad de Masha en un país donde no había guerra. Una de las canciones de mi infancia está vinculada a la serie de dibujos animados El osito Misha (Misha era la mascota de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980). Por cercanía fonética, Masha me ha recordado a Misha y a una canción de esa serie que dice: «Natasha, duerme sin temor, mañana amanecerá. La luna viene a tu balcón despacito y sin rumor, se afina, se afila como una navaja». Ojalá Masha pueda dormir sin temor pensando que todo esto es una puta pesadilla que pasará y que mañana amanecerá.

Pero, si no pasa la pesadilla, que Masha y que Alexei sepan que en este rincón del norte, al pie de la Madre del Emigrante, habrá un montón de gente dispuesta a abrazarlos si deciden o si necesitan buscar refugio en estas tierras del norte. Porque estas tierras son tan nuestras como suyas.

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