Alicia Tuya es la mujer que regenta Alipup, un proyecto de joyería artesanal ubicada cerca del barrio de El Coto, en Xixón. Con apenas 18 años, ya empezaba a dar sus primeros pasos en este ámbito laboral, históricamente masculinizado. Ahora, con 26 años, lleva su propio taller, en el que está trabajando desde 2021. Desde su cuenta de Instagram (@alipup_) se puede ver su labor habitual, tanto las imágenes de sus productos como vídeos de los procesos. Con dedicación e ilusión, pero con mucho, mucho trabajo detrás, la propia Alicia es quien se encarga de la elaboración de todo el repertorio en el taller de su local: desde anillos y pendientes hasta colgantes con grandes historias detrás. Alicia nos ha abierto las puertas de Alipup y le hemos preguntado por su proyecto y su trayectoria profesional.

¿Cuál fue el origen de tu proyecto?
Yo estaba estudiando el Ciclo Formativo de Grado Superior en Ilustración, en la Escuela de Arte de Oviedo, que no tiene nada que ver con la joyería artesanal. En aquella época, yo solía en mi casa hacer las típicas pulseras de chatarrilla, y compraba los abalorios en la tienda de Miguel, un joyero ya veterano. Un día, hablando con él, me animó a ir al taller, a ver qué tal se me daba el oficio. Me gustó mucho y ahí empecé. Estuve un par de años, y después decidí comprar una mesa donde poder hacer yo las joyas desde mi casa, donde estuve otros dos años mientras aprendía por mí misma. Y ahora estoy ya en la tienda, que la abrí en enero de 2021.
¿Tienes algún antecedente familiar o en alguna amistad?
No. Es cierto que es un oficio que se transmite mucho de padres a hijos, y rara es la persona que se abra a alguien extraño al taller para enseñarle el oficio. Yo tuve la gran suerte de contar con Miguel, que no tuvo problema en enseñarme las técnicas. En su día, él había sido maestro de joyería en la época en que en Asturias se enseñaba. A Miguel le gusta mucho la enseñanza, y como me vio que estaba tan emocionada con el oficio, encajamos muy bien.

¿Hay alguna forma de aprender la carrera de joyería en Asturias?
Actualmente, no. Hay ciclos superiores en otras partes de España, el más cercano es Galicia. En su momento, cuando empecé a interesarme, busqué sitios donde poder formarme, pero como ya estaba bastante avanzado el proyecto, decidí continuar por mi cuenta.

¿Sueles tener mucha demanda de pedidos?
Las épocas de mayor venta suelen ser en Navidades, que yo acabo muy cansada, y en bodas. Es curioso, porque Andalucía es el territorio español en el que más pedidos me hacen, por detrás de Asturias. Al parecer, allí tienen bodas durante todo el año, ya que en verano suele hacer demasiado calor. Me resulta curioso el interés que muestran, tanto por escrito como por videollamada. Estoy muy contenta.

¿Cómo es el proceso de construcción de las joyas?
Normalmente, siempre tengo pedidos que me encargan tanto a través de mi cuenta de Instagram como desde la web. Mientras tanto, cuando tengo huecos, también preparo otras joyas para tenerlas en stock en el escaparate. Me encargo de comprar la plata, que es la materia prima, lo voy fundiendo para preparar los lingotes y después le doy las formas, la estiro… Últimamente trabajo bastante con oro reciclado, de personas que me traen pendientes o anillos antiguos que están rotos, y lo aprovecho para construir nuevas joyas. Es muy bonito, porque son piezas que tienen mucha importancia para esas personas.
“A LOS SERES HUMANOS NOS GUSTAN MUCHO LOS AMULETOS, Y ESO SE NOTA”
¿Guardas el recuerdo de algún pedido en especial?
He tenido pedidos con significados muy íntimos. Algunas veces me han traído oro de familiares cercanos o personas fallecidas para darles una nueva forma o convertirlas en colgantes, por ejemplo. A los seres humanos nos gustan mucho los amuletos, y eso se nota.

Tu entorno familiar y de amistad, ¿cómo ve tu carrera profesional?
Nadie se ha atrevido a decírmelo directamente, pero al principio creo que las personas de mi entorno tenían dudas. Mis padres me apoyaron desde el comienzo, porque siempre me vieron a tope. En mi grupo de amigas, soy la única que no estudié una carrera universitaria, y sí que tuvieron algo de preocupación por ver cómo saldría finalmente el proyecto. Yo siempre estudié muy bien, pero estaba ya cansada de estudiar y quería pasar a la acción, porque me gustan mucho los trabajos manuales. Es cierto que al principio no fui muy consciente de la posible inestabilidad que me podría hacer surgido con el proyecto. Si esta oportunidad me surgiese ahora mismo, con 26 años, quizá me lo pensaría dos veces antes de decidirlo. Pero como me surgió pronto y sólo sabía que me gustaba muchísimo, que no paraba de aprender, tiré hacia adelante. A veces lo pienso, y digo: “¡vaya suerte que tengo!”.

Para tener suerte, también hay que atreverse. Además, vives tu trabajo con mucha pasión.
Sí, aunque hay que tener cuidado con el trabajo y la pasión. Me parece una mentira como una casa lo de que tu trabajo tiene que ser tu pasión.
En este mundo de la joyería artesanal, ¿cómo es ser mujer joven, emprendedora y en el barrio de El Coto, a las afueras del centro de Gijón?
Este sector, en Asturias, está muy masculinizado y muy envejecido. Esto es en gran parte debido a que aquí no hay formación en joyería artesanal, porque en otros territorios, donde sí la hay, la gente joven tiene más presencia y hay mayor renovación generacional. Por un lado, he tenido mucha suerte con compañeros con más años de experiencia, todos hombres, que me ayudaron puntualmente y me tomaron en serio en mis inicios. Pero, por otro lado, me he encontrado gente que me cerraba la puerta en la cara y que se tomaba a mal que yo empezase. Veo que en Asturias la enseñanza de joyería artesanal está muy acotada a la transmisión familiar, y todo lo que provenga de fuera, se mira con desconfianza. De todas formas, el proyecto está saliendo muy bien.

También impartes talleres en el propio local.
Sí. No están pensados como talleres de formación, sino más bien como cursos de un día, como un juego. Se puede apuntar quien quiera. Suelo ofertar cuatro o cinco plazas, las personas vienen a la tienda, hacen su propia joya en varias sesiones y, al final, se la llevan. Ahora acabo de impartir unos cursos, después de haber descansado tras la época navideña, y tengo pensado hacer otros en verano, según vaya teniendo tiempo, porque me lleva bastante trabajo organizarlos. Me gusta hacer estos cursos porque quiero que la gente vea lo que hay detrás. Si cierras el taller a la gente y sólo muestras que hay joyas que cuestan cien euros, no serán conscientes de todo el trabajo que hay detrás. Pero yo lo veo al contrario: hay que abrir el taller a la gente, porque así se refuerza el sector, se refresca y se llega a más gente.
¿Cómo se te ocurrió empezar estos cursos?
A mí siempre me gustó mucho estar con gente. Si fuese más ermitaña, quizá no lo hubiera hecho. Y también porque veía que hasta gente muy cercana a mí se sorprendía cuando les enseñaba algún trabajo. Por ejemplo, les enseñaba un colgante y me decían “pero ¿y esto lo has hecho tú?”, y siempre les digo “¡que eres mi amiga, hija!”. Les cuesta imaginarse que es un proceso completamente manual, así que decidí mostrarlo a todo el mundo en persona, aparte de publicarlo en Instagram. Quiero que sean conscientes de que es un trabajo artesanal, y no un producto en serie hecho con un molde y repetido miles de veces.

¿Crees que la gente da un mayor valor a los productos artesanales y de cercanía que a los productos en serie?
Sí. La gente que conoce la tienda a través de Instagram ya es consciente de ese valor especial, porque ve el proceso manual en los videos que publico y ya saben qué precios suele haber. También hay gente que se sorprende mucho con los precios, sobre todo las personas transeúntes que ven la tienda y entran, que no suelen diferenciar si son joyas artesanales o hechas en serie. Pero creo que la gente está un poco cansada de los productos en serie. Sin embargo, si sabes que tu anillo está personalizado, reciclado con un metal que proviene de un familiar cercano, tiene un valor especial. No sé si es porque soy ilusa, pero veo que la gente valora comprar un anillo no sólo bueno, sino especial. La pieza que sabes que es especial, la llevas con más cariño, la miras, la tocas. No es un accesorio más, le atribuyes un valor sentimental.



























