En el año 2017 la prohibición de pastar en territorios quemados dejó de estar prohibido en Asturias. La modificación de la Ley de Montes para que esto fuera así contó con la oposición de Podemos, único partido que siguió apostando por los acotamientos. Paula Valero, bióloga, con una larga experiencia en el sector agroganadero y diputada en aquel momento de Podemos en la Junta General de Asturias denunció la inconstitucionalidad de esta medida. Aquel debate vuelve a la actualidad tras sucesión de incendios en los montes del Principado.
¿El fin de los acotamientos en 2017 podría considerarse como una de las causas de los incendios forestales que hemos estado viviendo recientemente?
El problema no es el acotamiento en sí, nunca lo diría de esta forma. Pero lo del acotamiento, unido a la falta de más medidas que se podían haber implementado, y que nosotros intentamos que se implementaran en aquel momento, acaba facilitando las cosas al que tira la cerilla. Y el que tira la cerilla lo hace para generar pastos, lo dicen claramente las estadísticas. No se trata de acusar al sector ganadero, se trata de acusar a esa mentalidad que existe y que es cultural de que quemar es el procedimiento para generar pastos. Pero es que ha cambiado todo. Tenemos el cambio climático, tenemos el abandono del territorio, tenemos la falta de recursos. Solamente nos dirigimos a la problemática de las zonas rurales cuando ocurren estos incendios. Decimos “qué mala es la gente que ha tirado la cerilla”, y nos quedamos en el blanco o en el negro y nos olvidamos de toda la serie de problemas donde no se ha invertido. Sería muy fácil que yo dijera: “el problema son los acotamientos” pero lo cierto es que la falta de acotamientos es un problema junto con todo lo demás.
¿Qué es todo lo demás?
Nosotros durante toda la ponencia en la que participamos nuestro objetivo era mejorar muchos aspectos de esta ley que habían quedado obsoletos y necesitaban una actualización. Pero solo se quiso tratar lo de los acotamientos. Hasta ese momento los terrenos quemados pasaban a estar automáticamente acotados. A partir de 2017 esos terrenos dejan de acotarse. Y el problema no era solo que pasasen a ser utilizados, sino que pasaban a ser computados dentro de los terrenos que se medían para las ayudas medioambientales.
El no ir complementado con una formación en el territorio con otros planes que gestionaran la participación del sector agroganadero, entendimos que era una mala herramienta. El Partido Popular en cuanto salió aprobada esta ley lo que anunció fue “las zonas quemadas ya pueden ser pastoreadas”. Y eso, el decirlo así, es un arma incendiaria. Sin que haya nada más. Insisto en que la ley no mejoraba nada más, sobre todo aspectos formativos, educativos, participativos. Y no abordaba nada que supusiera una inversión económica que era lo que se necesitaba.
Si se quitan los acotamientos cuando ya se tienen unos buenos planes en el territorio, cuando hay mesas en las que participan todos y se lleva adelante una gestión adecuada del territorio con medios suficientes, entonces puedes quitar los acotamientos. Lo que no se puede hacer es quitarlos antes de tiempo.
Pero lo cierto es que la ley salió adelante con los votos de todos los partidos políticos, excepto el de Podemos, y con el consenso del sector agroganadero.
Efectivamente, los acotamientos se entendían como un castigo, no como una regeneración de espacios quemados. Y eso es un problema porque estamos siempre en la escala de los blancos y los negros. Nos cuesta mucho entrar en la escala de grises. Esta ley al no complementarse con otras medidas pasaba a ser, repito, un arma incendiaria.
Hay que decir que la ley tiene un texto muy rebuscado y dice que no serán computables para ayudas agroambientales aquellos espacios que estén acotados, pero, claro, como la propia ley dice que ya no habrá acotamientos, todos los que se quemen pueden pasar a tener ayudas. A eso hay que sumarle que en los territorios hay despoblamiento, con cada vez menos gente que gestiona, dificultades en aplicar medidas de quemas controladas, no se invierte suficientemente en prevención, en inversión para los equipos que desbrozan o que hacen cortafuegos, etc. Al final esta ley es una herramienta ineficaz.

¿Por qué cree que Podemos se quedó solo en este asunto?
Porque lo de los acotamientos era la parte más fácil que se podía cambiar de la ley. Todas las demás propuestas que pusimos sobre la mesa para que se completara esa medida requerían de un presupuesto. Al PSOE le interesó el cambio, a pesar de que era una propuesta del PP, porque le ahorraba tiempo y dinero a la administración. Sin acotamientos se quitaba mucho trabajo a la administración.
Sí es verdad que si los montes se han quemado más del 50% sí se puede acotar, pero según la ley es responsabilidad de los dueños de esos montes, es decir, de la administración, para que el ganado no entre. Por lo tanto, no está acotado nada porque no van a invertir en cerrar un monte porque además hay unas normas de uso que permiten pasar al ganado por las veredas.
En aquel momento calificasteis la ley de inconstitucional, a pesar de que así no lo entendió el Tribunal Constitucional. ¿Lo sigue manteniendo?
Lo seguimos pensando porque la ley a nivel nacional dice que hay que acotar después de un incendio. Y una ley autonómica no debería ser más flexible que una ley nacional. Bajo esta premisa Podemos llevó esta ley al Tribunal Constitucional. El Defensor del Pueblo también lo hizo. Nos dijeron que se había planteado mal el procedimiento. No fue tanto que nos echaran para atrás el fondo de la cuestión, sino que se equivocó el procedimiento. Y ahí quedó el tema, pero yo sigo pensando que si se volviera a hacer el recurso adecuadamente, el Constitucional lo aprobaría. A lo mejor, en su momento, no tuvimos suficientes medios para volver a hacer otro recurso, redactado de otra manera, con otro procedimiento sin la celeridad con el que tuvimos que hacer el aquel.
A lo largo del tiempo has mantenido que hay corregir el sistema de quemas controladas. ¿De qué forma?
El problema que tiene Asturias con las quemas controladas es que todo se tiene que valorar en función del grado de erosión que pueda provocar. Es decir, la quema se tiene que hacer de una manera muy concreta, muy técnica y además no puede afectar a una superficie con una determinada pendiente, con lo cual muchas zonas se ven abocadas a no poder tener quemas controladas.
“No podemos pensar que el matorral no es necesario”
Falta sobre todo la participación de la gente local para la gestión del territorio, no solo en este asunto de las quemas, sino también en otras cuestiones, como en los planes forestales o en los planes de prevención. Hay demasiado paternalismo. Cono ganadera que he sido, veo que uno pide algo y tienes que esperar a que una especie de ente superior te diga si tienes ese derecho. Parece que te traten cono si fueras menor de edad, como si no tuvieses capacidad para entender la situación. Bajo el conocimiento, bajo la compresión de la situación del terreno es mucho más fácil hacer las cosas. Eso es lo que falta, conocimiento a través de la participación.

Por otra parte se tienen que gestionar más fondos económicos para esta cuestión de quemas controladas. Y en los sitios en los que no se puedan hacer las quemas, que los desbroces sean una herramienta indispensable. Hay que mantener un espacio reticular. Cuando todo está lleno de matorral, hay que hacer una gestión del territorio donde no solo se creen cortafuegos, sino que ponga en productivo esos espacios. No olvidemos que un gran producto que tenemos en Asturias es la miel de brezo y eso requiere de ese matorral. Los incendios han provocado muchas pérdidas apícolas. No podemos pensar que el matorral no es necesario. Es tan necesario como todo lo demás, tenemos que tener un monte diversificado. Pero ahora mismo tenemos un monte continuo y la causa de eso es que no hay iniciativas en el territorio. Al final todo no lleva al despoblamiento, a la falta de iniciativas, a la falta de recursos y a la falta de planes. No se puede actuar en un solo factor que fue lo que pasó con la Ley de Montes en 2017.
Por su experiencia profesional y también política, ¿cree que hay una brecha entre los ecologistas y los ganaderos?
Al movimiento ecologista se le ha relacionado mucho con lo urbanita y no es verdad. Posiblemente esta división de pareceres no sea tanta como a veces se trata de vender en los medios de comunicación. El problema no está ahí, sino en utilizar políticamente eso. No me quiero quedar en una frase corta, acotamientos sí, acotamientos no. Quemas controladas sí, quemas controladas no. La cuestión es: ¿en qué plan? ¿con qué gente? ¿en qué proyecto? Las medidas aisladas solo crean conflicto. Deberíamos ser valientes y apostar por el medio rural con un verdadero proyecto que yo no he visto actualmente en ningún partido.
¿Y cómo debería ser ese proyecto?
El presupuesto hay que ejecutarlo no solo plantearlo. Tiene que haber un plan real, con acciones reales, donde los territorios empiecen a plantearse qué quieren hacer con sus montes. Donde la gente local decida y proponga y que a nivel autonómico se haga un plan que integral que tenga en cuenta todos esas ideas, propuestas y proyectos locales. En Asturias somos pocos, pero diversos, y esa diversidad tiene que formar parte de los planes.
¿Y en cuanto a los que están quemando el monte?
Hay que dejar claro que quemar como se está quemando es un delito, un delito muy grave que tiene que perseguirse. Da igual la causa, generar pastos o lo que sea. Entendamos las causas, pero quemar el monte es delito. Persigamos a los responsables y sentémonos para abordar y enfrentar las causas, con planes e inversión.



























