El Antiguo es el futuro

Pregón de Alfonso Palacio, director del Museo de Bellas Artes de Asturias, a la comida en la calle organizada por la asociación vecinal Oviedo Redondo.

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Alfonso Palacio
Alfonso Palacio
Es director del Museo de Bellas Artes de Asturias.

Un año más, y ya van dos después de la terrible pandemia, este barrio, el más antiguo de Oviedo, y sin lugar a dudas el de mayor categoría, celebra sus tradicionales fiestas, que alcanzan uno de sus puntos culminantes con esta comida que estamos a punto de comenzar. Con esta comida, sí, popular, como son las que nos gustan, y que es la prueba de algunas de las mejores cosas que nos pueden representar a los que nos encontramos a diario por estas calles: el comer bien, el comer y el beber en buena compañía y sobre todo el confraternizar.

Como se trata de un pregón más próximo al cierre que al inicio de las fiestas, lo cual tiene su originalidad y también su enorme encanto, y que sólo podría darse en un lugar como el Antiguo, un barrio muchas veces atravesado por una especie de realismo mágico capaz de marcar sus propias reglas, atrás vamos dejando unas maravillosas horas marcadas por el homenaje a nuestra querida impulsora vecinal Vane; a la música; a las actividades solidarias (un aplauso enorme desde aquí a la labor titánica de nuestra inigualable Cocina Económica); a los reconocimientos a grandes héroes de la sanidad de su tiempo; al arte y a la belleza de contar bien un cuento; a la representación de manifiestos y a horas y horas de buena comida, buena bebida, buena conversación, mucha folixa y mucha alegría. En definitiva, un Oviedo Antiguo que vive sus fiestas bajo una máxima que ya se ha hecho popular y que aquí no paramos de reivindicar: la fiesta es cultura y la cultura también puede ser fiesta.

Como ciudadano que trabaja en el Antiguo desde hace varios años, que viene cada día a este barrio y se pasa largas horas en él, recorriendo también sus calles, desayunando y comiendo en sus bares y visitando sus comercios (aprovecho para reivindicar desde aquí la necesidad de más, de muchos más comercios), a todo aquel que tiene la mala suerte de no conocerlo siempre le digo que me tengo por un auténtico privilegiado. Trabajo en un barrio de gente currante, con un gran sentido de la comunidad y de lo comunitario, que se esfuerza por hacer de sus calles un lugar mejor, más humano. Les digo que trabajo en un barrio solidario, luchador, acogedor, resistente, resiliente y a veces un tanto bullicioso, lleno de plazas, calles, bares y todo tipo de establecimientos de nombres increíbles, fabulosos muchos, míticos otros, originales y personalísimos casi todos. De nombres que parecen salidos de lo más profundo de nuestra memoria o de cualquier fantasiosa historia, y que son un auténtico festín para la vista y los oídos. Un barrio en donde la iniciativa popular ha cobrado un gran impulso y en el que el asociacionismo vecinal, esa red de redes que se ha creado, debería ser un ejemplo extraordinario para otros espacios de esta ciudad.

“El Antiguo es el barrio más culto y cultivado de todo Oviedo, el más inquieto, tanto en el plano institucional como alternativo”

Pero también les digo a toda esa gente que vengo a trabajar a un barrio bellísimo, auténtico contenedor de lo mejor de la historia y de la memoria de esta ciudad. Un barrio hermoso por todo lo que he dicho, es cierto, pero también por el espléndido patrimonio artístico que constantemente sale a nuestro encuentro, y que representa, junto con el factor humano, todo lo mejor no sólo de estas calles sino también de nuestra ciudad. Y ya sabéis que hablar de patrimonio es hablar de cultura, cómo no. Porque el Antiguo es el barrio más culto y cultivado de todo Oviedo, el más inquieto, tanto en el plano institucional como alternativo. Y no puede haber nadie que discuta esto.

Y en este punto, y dado que ahora estamos en una de ellas, vuelvo a recorrer mentalmente sus maravillosas plazas (la de Feijóo, la de la Corrada del Obispo, la de Trascorrales, la del Sol, la del Paraguas, la del Fontán, la de Porlier, la de Riego…) que siempre se han presentado a mi imaginación como islas que componen un archipiélago de vida, cultura e historia; vuelvo la vista a sus desdentadas pero firmes murallas, a sus magníficas iglesias, a sus robustas casas y a sus estupendos palacios, los cuales nos alegran la vista y el espíritu; y también a los edificios con marcado acento industrial, como la antigua Fábrica de Gas, tan bella y tan llena de posibilidades y por la que ahora estamos en lucha, brindo en este sentido por la reciente noticia que anunciaba la conservación de La Popular, acogida por todos nosotros con gran júbilo.

Ahora bien, y esto es algo que ya me atañe a mí personal y profesionalmente, tampoco quiero  olvidar los grandes  museos que hay en el Antiguo, libres y gratuitos la mayor parte de ellos, que están ahí y que debemos sentir como propios. Que debemos sentir como espacios de todos y para todos, que tratan de construir, al menos eso intentamos desde el nuestro, el Bellas Artes, tejido social, barrio y ciudad, y ello desde un discurso atento a todas las posibles voces con las que impulsar un diálogo. Un espacio de todos y para todos, como digo, poroso, permeable, generador de afectos, que escucha y que le gustaría que fuera ocupado por todos vosotros con el fin de construir una confianza común y conjunta, ya que desde hace tiempo llevamos buscando nuevas formas de relacionarnos con la comunidad. Porque no lo olvidéis: los museos somos cultura, pero también somos educación y sanidad (¿o acaso no os han curado muchos de ellos las heridas del alma y del cuerpo cuando los habéis visitado?). Ah, y por cierto, tampoco os olvidéis del jardín de nuestro museo, una de las escasas zonas verdes semipúblicas que están en el Antiguo, abierto a todo el mundo, y en el que os emplazo a encontrarnos. No os defraudará

Acabo. Y aquí incluiré mi única cita en todo este pregón, con la que recordaré a nuestro querido Bertolt Brecht, uno de cuyos personajes siempre decía: “lo primero es la panza y luego viene todo lo demás”. Me parece un gran consejo y más en este contexto próximo a la comida vecinal. Así que, en definitiva, y aunque sea por este momento, yo recomiendo que ahora comamos, bebamos, riamos y confraternicemos. Que nos alegremos de estar todos juntos. Y que en todo Oviedo resuene que el Antiguo, nuestro Antiguo, este barrio que tanto amamos, debe ser, por todo lo que he dicho, el verdadero Futuro de esta ciudad.

El Antiguo es el Futuro. Que nadie lo olvide.

¡Así que Salud y Viva el Antiguo!

Muchas gracias.

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