Un debate para olvidar

Sólo Javier Suárez Llana logra presentar un proyecto político capaz de confrontar con Carmen Moriyón

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Fue extremadamente largo, aburrido, sin nervio. Desde la platea, se tenía la impresión de que los candidatos de los ocho partidos subidos al escenario venían a cumplir un expediente sin excesivas ganas de debatir sobre nada ni con nadie. Un debate para cubrir el expediente, no salirse del guion y a otra cosa. En esas circunstancias, se hace más plúmbeo debatir cuando hay ocho partidos en liza, de los cuales dos están a punto de desaparecer de las instituciones y el resto observa de reojo cada gesto del adversario. Si hay algo que el debate sí permitió reconocer es como se van a conformarse los bloques de la derecha y de la izquierda: ignorándose entre sí. Ayer, sin saberlo, todos estaban jugando al tetris.

Los candidatos de las ocho formaciones tampoco tienen sentido escénico. Su punto débil es el público. Se han acostumbrado a hablarles a los suyos, a los convencidos. En cuanto se enfrentan a ese forma abstracta que es el público, su discurso se tensa, las palabras se apelmazan y sólo queda el recurso de tirar de argumentario encorsetado en un cuerpo blando, tembloroso, políticamente inocuo. No hubo carisma, no hubo grandes frases para el recuerdo, no hubo genio, solo tres largas horas de tedio basados en la sostenibilidad ambiental y financiera de una ciudad que no lograron tumbar a un teatro Jovellanos lleno hasta la bandera que soportó con enorme paciencia el rollo hasta que el reloj se acercó peligrosamente a las 11 de la noche. Este es el análisis de cada intervención.

Luis Manuel Flórez “Floro”, momentos antes del debate. Foto de David Aguilar Sánchez

Luis Manuel Flórez “Floro”. Es un candidato del siglo XX en un debate del siglo XXI. Los socialistas eran muy conscientes de que tenían que pasar ese trago. Era el particular baño de sangre de Floro, al que no se le vio en ningún momento cómodo. A fin de cuentas, se trataba de un debate que no decidía nada ni cambiará nada en el radar PSOE activado hasta el 28 de mayo. Toda la estrategia electoral preparada para el candidato consiste en concentrar el programa y ocupar la agenda política en estos quince días, evitando la confrontación, dotando de relieve a un perfil amable, de vieja escuela, a caballo entre la cercanía de Tini Areces y el sentido institucional de Paz Felgueroso sin restarle su propia personalidad ni empujarlo a la estridencia. Creo que Floro encierra todavía el gran misterio de un hombre que ha visto de todo desde Proyecto Hombre y que aún no ha asomado la cabeza para contarlo a través de sus ojos. Cuando descubran ese otro aspecto vital y descarnado al electorado, los socialistas comprenderán por dónde debe ir la proyección personal y política de Floro. En cualquier caso, el PSOE de Gijón está reseteándose, haciendo su particular terapia para iniciar un nuevo ciclo político que reconecte con la ciudadanía desde el diálogo institucional y social, con el motor de combustión lenta e intensas dosis de amabilidad que hacen de la figura de su candidato algo más permeable entre los votantes.

Carmen Moriyón, minutos antes de que comience el debate, junto a su asesor Jaime Paino. Foto de David Aguilar Sánchez.

Carmen Moriyón. Comenzó nerviosa, a la contra, anunciando que retirará el recurso del gobierno municipal a la sentencia que tumbó la ordenanza de movilidad, advirtiendo que desmantelará, en definitiva, todo aquello que se deba desmantelar aprobado por PSOE e IU durante estos cuatro años. Se alejó del discurso transversal y se abrazó a la contabilidad, a la convivencia en sus dos mandatos, a la conflictividad en este último, al resurgimiento de un partido que empezó fuerte durante la precampaña y que parece haberse desinflado desde el pasado jueves. Moriyón comenzó atacando el pasado más inmediato y también el más lejano. Floro sentenció en algún momento que él era el futuro. Moriyón no tardó mucho en comprender que el debate no iba con Floro sino con Javier Suárez Llana, o sea, IU y con Olaya Suárez, o sea, Podemos, y que desde esas coordenadas sí podría confrontar todo lo que el tiempo, tres minutos,le permitiera sin restar espacio a su programa. Moriyón tiene una cualidad que la honra y es que ha logrado concentrar al centroderecha dotándolo de una normalidad, estilo casual, estilo ZARA, que el PP nunca ha sabido encontrar. FORO es el centro derecha que se mantuvo oculto hasta que llegó en 2011 al gobierno municipal. Pero ese centro derecha, estilo ZARA, no se puede estirar mucho más. Sus adversarios no están en la izquierda. Están a su derecha, si quiere gobernar. Así que la gran casa del centro derecha está en ZARA.

Javier Suárez Llana y Nuria Rodríguez, momentos antes de que comience el debate. Foto de David Aguilar Sánchez.

Javier Suárez Llana. Se llevó el debate de calle. Presentó un modelo de ciudad que pone en el centro de la vida la salud de las personas y el medio ambiente. Fue el único candidato que habló al público y miró a la cara de sus adversarios sin leer un solo texto. Fue el único que estuvo atento y dispuesto a confrontar su modelo de ciudad con el de los demás y, sobre todo, con el de Carmen Moriyón, la adversaria a abatir. Si hubo confrontación, fue en los minutos finales entre ellos. Frente al modelo que pretende desmantelar el Plan de Movilidad, Suárez Llana lo convirtió en el estandarte del Gijón del futuro. Frente a una ciudad con toros, el candidato ofreció una política cultural que proscriba el maltrato animal. Frente a un programa que prevé rebajar los impuestos locales, las tasas y los precios, Llana habló de implementarlos, renovarlos, repensando los tributos y el pulmón financiero de la ciudad. Gijón tiene menor presión fiscal que Oviedo y mejores servicios municipales. Ese es el dato que obligó a todos los presentes a sentirse, al menos, por unos segundos, más orgullosos de lo que se sentían antes. El debate puede ser un punto de inflexión para el candidato de IU que, por primera vez, se le vio seguro, como si se hubiera desprendido de los recelos que generalmente transmite cuando habla a través de los medios. El debate sirvió para dar a conocer un candidato. Minipunto para la izquierda que dejó de ser tímida y empezó a sentirse coqueta y alegre.

Olaya Suárez, antes del debate. Foto de David Aguilar Sánchez.

Olaya Suárez. Comenzó la campaña electoral fuera de Gijón, en Langreo, en Oviedo, en cualquier sitio menos en Gijón. Aún así, la candidata de Podemos estuvo a la altura del debate. Supo transmitir emoción, firmeza, sin grandes datos, jugando al efectismo político, jugando a Podemos. Conviene respetar a Podemos para que haya gobierno de coalición. Entre Javier Suárez Llana y Olaya Suárez se decide un gobierno de izquierdas. La secretaria de Organización de Podemos Asturies se ha quitado el mono de fontanera y se ha puesto, por fin, el de candidata. Ayer se la vio hacer política. Mostró una cara muy emotiva, en la estela de Irene Montero. Defendió con IU y Equo el IBi para ricos, la renovación de la flota de EMTUSA, un solarón alejado de la especulación urbanística, y sembró de dudas la licitación aprobada del Vial de Jove. Quizá el momento más intenso fue también el más bisoño al recordarle a Moriyón la foto de Colón. Si Carmen Moriyón era estilo Zara, el de Suárez es estilo UnoNueveOcho, directo, urbano, moderno y efectista como un hub a la mandíbula, o sea.

Ángel Pumariega antes del debate. Foto de David Aguilar Sánchez.

Ángela Pumariega. Llegó con un discurso inocuo, almidonado, que pretendía ser beligerante pero se convirtió en una serie de slogans, marca Feijóo, de buen rollo, amable, instagramero, sin estridencias, pero muy alejado del climax que puede ofrecer un debate. Uno podría preguntarse perfectamente ¿qué hace esta chicas subida ahí? De algún modo, resultaba tan extravagante como ver a un caballo subido a un velero, compitiendo en una regata. No era lo suyo. Demasiado amable, demasiado light, sin nervio ni electricidad, o sea, guay, pero sin más. Pumariega es la derecha clásica, con un punto de modernidad, eminentemente vacua y suficientemente sofisticada para que abra distancias. Frente al estilo ZARA de Carmen Moriyón, Pumariega representa el estilo Gucci. La derecha de toda la vida. La que maneja la pasta. Estar en un extremo del combate le restó presencia e importancia y sin embargo, la tiene. El Frente Unico por la derecha de Diego Canga no se fragua solo en Oviedo. Gijón será otra pieza si el PP pretende influir algo en la política asturiana. El caso es que Pumariega perdió la ocasión de definir como encaja su proyecto con el de Moriyón. No hubo complicidad alguna. Llegó, sonrió, habló, fuese todo y no hubo nada.

Rufino Fernández, Olaya Suárez y José Carlos Sarasola durante el debate. Foto de David Aguilar Sánchez.

José Carlos Sarasola, Sara García Rouco y Rufino González. Ciudadanos, Vox y Equo cumplieron con el suplicio. El candidato del centro liberal no se apartó de los papeles en todo el debate. Aceleró el verbo hasta hacerlo incomprensible. Se le vio cansado, hastiado, con ganas de irse y dejarnos ahí a todos, con nuestros trastos. Suárez Rouco o sea, VOX, lanzó su filípica contra las izquierdas. Quiso ser Carmen Moriyón con dos décimas de fiebre. Reconozco que los candidatos de la extrema derecha parecen producidos en un mismo troquel. Valen lo mismo para Gijón que para un pueblo de la Alpujarra. Y Rufino Fernández… bueno, ¿no había un candidato más gris?

Faltan 11 días para que finalice la campaña. Hay partido para que se definan los bloques. Este debate, organizado por la Federación de Asociaciones de Vecinos ha fracasado. Todos los debates fracasan, aunque siempre son necesarios. Estimulan el sentido democrático de las ciudades, dignifican, aunque este les haya encontrado a todos en pañales.

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