“Confío en que las canciones sean suficientemente buenas fuera de la pandemia”

Entrevista a Nico Yubero, La Paloma, que tocarán este sábado en el VESU FEST tras publicar su primer LP "Todavía no".

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

La Paloma es una banda eminentemente postpandémica. Hay algo misterioso en ella. El éxito que viven en estos momentos Nico Yubero, Lucas Sierra, Ruben Almonacid y Juan Rojo se debe a un sonido eminentemente noise emparentado con The Strokes, hermanado con Alguien mató a un policía motorizado que convierten a este cuarteto en una referencia insólita dentro de la industria del rock. A penas dos años después de que irrumpieran con su primer EP “Una idea pero es triste” ya han girado por Mexico, EEUU, Francia y Portugal. Regresan a Oviedo este sábado, dentro del VESU Fest después de haber dado un bolazo cuatro meses antes en La Salvaje. Entonces no había salido su primer largo “Todavía no”, publicado en febrero de este año, que remite a una banda generacional, decididamente boomer, a la que le ha explotado todo después de 2020, pero que ha decidido apostar a todo o nada su futuro por la música, con canciones sencillas, corrosivas, de letras apáticas y una frescura en sus guitarras, nítidas y trabajadas. Si Bravo Murillo logró que asomaran la cabeza en el tsunami de bandas que aparecieron en la escena indie, por encima de Carolina Durante (pre-pandemia), la intensidad y arrebatos existenciales de su primer LP los sitúan junto a Biznaga en lo más alto del noise que suena en estos momentos.

“Todavía no” es vuestro primer LP. Tengo la impresión de que es una continuación de aquellos primeros cinco temas reunidos en “Una idea pero es triste”.

El disco en realidad, lo llevamos preparando bastante tiempo. Algunas canciones son de la misma etapa del primer EP, pero decidimos que tuvieran otro tipo de producción. La temática no varía mucho. Son etapas de la vida muy pegadas y muy parecidas. Pero la diferencia principal es que “Todavía no supuso un trabajo de mucho tiempo que ha llevado casi un año entre la composición de las canciones, la selección y la producción.

Nico Yubero durante su último concierto en La Salvaje. Foto de David Aguilar Sánchez.

Es cierto que se percibe como una producción más trabajada, más pensada.

Yo creo que es la clave. A diferencia de “Una idea pero es triste” que es más explosivo, más espontáneo en la producción, en “Todavía no” decidimos ser más pulcros con el sonido, que estuviera más trabajado, más y mejor producido. En ese sentido fuimos más meticulosos, trabajando con muchas referencias de cada uno de nosotros y del productor. La gran diferencia entre uno y otro está en la evolución compositiva. “Todavía no” tiene tiempo. A nivel de sonido le hemos dedicado muchísimo tiempo, porque lo hemos tenido para darle más cera al sonido.

¿Os consideráis una banda de estudio o de escenario?

Somos un grupo que llevamos poco juntos tocando, pero que llevamos sin parar un año. Tardamos un poco en llegar a eso. La paloma nació para tocar en directo. Es inherente al concepto de la banda y lo más importante para nosotros es tocar. Eso ya lo teníamos ganado. Llegar al estudio fue un gran cambio. Te tienes que acostumbrar a las grabaciones. Nada de lo que haces es tan inmediato como un directo. El estudio implica un proceso largo de producción, mezcla, postproducción. Exige tiempo, pero nos hemos dado cuenta de que se nos da bien. Sabemos trabajar conceptualmente en un escenario y en un estudio. En estudio hemos aprendido a trabajar los temas y comprender que es proceso bonito que te permite querer y cuidar cada canción. En cambio, el concierto no deja de ser un paquete de canciones. Cuando grabas, le das a cada canción el tiempo que se merece.

¿La paloma es una banda con brújula que se deja guiar por la intuición o una banda con mapa que sabe lo que quiere hacer y a dónde quiere llegar desde el momento que entra en un estudio?

Hemos tenido las dos experiencias. Con “Tengo una idea pero es triste” vomitamos las canciones. Lo grabamos casi sin tiempo de producción en el estudio. Nunca habíamos tocado y grabado en directo juntos en directo hasta entonces. No teníamos conceptualizado el sonido del grupo, lo construimos sobre la marcha y eso se nota. Yo creo que el EP ofrece un sonido particular. Nosotros podemos notar cómo durante el proceso de grabación del primer EP pudimos construir el sonido de la banda. Y en el segundo, “Todavía no”, nos sumergimos en un proyecto de estudio más largo, hicimos un trabajo de preproducción brutal e intentamos tener muy claro como queríamos tener las canciones, una vez editadas. Cuando comenzamos a tocar, nos dejábamos llevar por la intuición y lo que las producíamos sin darles más vueltas. En el segundo, sí que hemos aprendido a pausar y a trabajar conceptualmente el sonido. Somos más autoexigentes y hemos ido con el mapa.

Rubén Almonacid durante su último concierto en La Salvaje. Foto de David Aguilar Sánchez.

¿Cómo se explica un éxito tan fulgurante?

Hemos viajado a México, EEUU, Portugal, Francia. Yo creo que es como siempre que un grupo llama la atención. Se explica por el contexto, aunque también hay varios factores que se juntan. Planteamos la banda en la pandemia, somos un grupo postpandemia. Confío en que las canciones sean suficientemente buenas, fuera de ese contexto. También se explica por el esfuerzo. No hemos parado de trabajar, no hemos parado de sacar canciones. Ese es el aspecto más importante. Por qué funciona o no, nunca lo sabes con absoluta certeza. Aprovechas las oportunidades. Eso construye un relato que te lleva a sitios, trabajando como cabrones. Eso y un muy buen equipo a nuestro lado, con La Castanya que tiene parte de la culpa de que estemos viviendo un momento tan guay.

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