Los fascistas rodean la Casa del Pueblo de Gijón

Mientras la negociación entre PSOE y Junts encaraba su recta final unas 500 personas se manifestaban frente a la sede de los socialistas.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

No llegaban a 500 las personas que asediaron la Casa del Pueblo de Gijón, blasonados por la bandera de la Cruz de Borgoña. Fueron convocados a las ocho de la tarde y, bajo una lluvia espesa y mansa, gritaron lemas de corte fascista contra Pedro Sánchez: “Pe-dro Sán-chez, hi-jo-de-pu-ta” “Es-pa-ña es una y no cin-cuen-tayuna”. El fascismo es simple, pero rítmico. Mientras tanto, la negociación del PSOE con Junts encaraba su recta final. El imperio empezó en Flandes y se enterró en Flandes, bajo una Cruz de San Andrés.

De toda manifestación siempre llega una postal, la tarjeta política y provinciana del momento, la imagen por la que deambulaba la Trumpina de Bernueces, el Bolsonaro de Somió o la Carmina Urban de La Guía, un bestiario caricaturesco y singular, envuelto entre banderas rojas y gualdas, embutido en telones feudales, bajo la sombra de la Cruz anudada de una España distinta y remota, áspera y ridícula, grotesca y sentimental. La congregación era variadita: jóvenes paradas que habían llegado de Avilés, pensionistas engolfados en su mirada taciturna, larga y doliente, crápulas desgarbados como un alacrán, algún pigarra, turbio de luces, lumpen-proletariado y alguna venezolana con nostalgia de España. Poco daba de sí el encuentro, ante una decena de policías parapetados tras las vallas de seguridad, en pie y firmes, sin necesidad de ejercer en ningún momento la violencia. Los antidisturbios no llegaron a usar sus escudos ni sus porras contra ninguno de los fantoches que profería insultos a esa hora ante la sede cerrada de la Agrupación Socialista de Gijón.

Un momento de la concentración.

La concentración en la Calle de La Argandona transcurrió con mucha calma, entre insultos a periodistas y a socialistas, repartidos de un modo proporcional y equitativo, decantándose más contra la canalla con un “Pren-sa espa-ñola, mani-puladora”, que contra los rojos con un previsible y pobretón “Socialista el que no vote”. Por encima de todos, prevaleció el hit del verano “Que te vote Txapote”.

Entre nostálgicos y algún folclorista del franquismo, también estuve presente un frente juvenil que anunciaba el próximo despertar de España, “Es-ta es la ju-ven-tud de Es-paña” y que, inmediatamente después de clausurarse la reunión, cortaba la calle Manuel Llaneza. No tardaron mucho en ser detenidos e identificados. Y la lluvia caía mansamente y sin parar, sin ganas pero con una paciencia infinita

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