No llegaban a 500 las personas que asediaron la Casa del Pueblo de Gijón, blasonados por la bandera de la Cruz de Borgoña. Fueron convocados a las ocho de la tarde y, bajo una lluvia espesa y mansa, gritaron lemas de corte fascista contra Pedro Sánchez: “Pe-dro Sán-chez, hi-jo-de-pu-ta” “Es-pa-ña es una y no cin-cuen-tayuna”. El fascismo es simple, pero rítmico. Mientras tanto, la negociación del PSOE con Junts encaraba su recta final. El imperio empezó en Flandes y se enterró en Flandes, bajo una Cruz de San Andrés.
De toda manifestación siempre llega una postal, la tarjeta política y provinciana del momento, la imagen por la que deambulaba la Trumpina de Bernueces, el Bolsonaro de Somió o la Carmina Urban de La Guía, un bestiario caricaturesco y singular, envuelto entre banderas rojas y gualdas, embutido en telones feudales, bajo la sombra de la Cruz anudada de una España distinta y remota, áspera y ridícula, grotesca y sentimental. La congregación era variadita: jóvenes paradas que habían llegado de Avilés, pensionistas engolfados en su mirada taciturna, larga y doliente, crápulas desgarbados como un alacrán, algún pigarra, turbio de luces, lumpen-proletariado y alguna venezolana con nostalgia de España. Poco daba de sí el encuentro, ante una decena de policías parapetados tras las vallas de seguridad, en pie y firmes, sin necesidad de ejercer en ningún momento la violencia. Los antidisturbios no llegaron a usar sus escudos ni sus porras contra ninguno de los fantoches que profería insultos a esa hora ante la sede cerrada de la Agrupación Socialista de Gijón.

La concentración en la Calle de La Argandona transcurrió con mucha calma, entre insultos a periodistas y a socialistas, repartidos de un modo proporcional y equitativo, decantándose más contra la canalla con un “Pren-sa espa-ñola, mani-puladora”, que contra los rojos con un previsible y pobretón “Socialista el que no vote”. Por encima de todos, prevaleció el hit del verano “Que te vote Txapote”.
Entre nostálgicos y algún folclorista del franquismo, también estuve presente un frente juvenil que anunciaba el próximo despertar de España, “Es-ta es la ju-ven-tud de Es-paña” y que, inmediatamente después de clausurarse la reunión, cortaba la calle Manuel Llaneza. No tardaron mucho en ser detenidos e identificados. Y la lluvia caía mansamente y sin parar, sin ganas pero con una paciencia infinita



























