Hilario Álvarez Moradiellos es el último asturiano en ser objeto de una “piedra de la memoria” del proyecto Stolperstein (piedras que hacen tropezar). Impulsada en 1992 por el artista alemán Gunter Demnig, esta iniciativa, con miles de cubos repartidos por todo el planeta, pretende homenajear en su lugar de nacimiento o de residencia a todas y cada una de las personas que sufrieron los campos de concentración y exterminio nazis.
En Asturies ya existen varias piedras de la memoria. El Principado quiere ahora completar este mapa de adoquines con 188 nombres asturianos. Este domingo Ovidio Zapico, consejero de Vivienda y Derechos, anunció en Cabrales durante el homenaje a Álvarez Moradiellos, que los próximos presupuestos autonómicos incluirán una partida específica de 20.000 euros para homenajear a los antifascistas asturianos que todavía no cuentan con su adoquín de la memoria.

Hilario Álvarez Moradiellos, quinto de los ocho hijos de Antonio Álvarez Vallejo y de Concepción Moradiellos Moradiellos, nació en Rozagás, en el Valle Altu de Peñamellera, el día 10 de marzo de 1901, si bien vivió buena parte de su vida adulta en Cabrales, tal y como recuerda José Luis Villaverde en el blog que homenajea a los deportados asturianos.

La Guerra Civil arrancó de los valles de los Picos de Europa a este obrero peón, militante del PSOE y la UGT, arrojándole a un lustro de vida nómada de soldado, refugiado y finalmente prisionero de guerra.

Combatiente del Frente Popular, luchó en Asturies hasta octubre de 1937, cuando la batalla por la región se da por perdida y el Consejo Sobrero da la orden de evacuación. Del puerto de Xixón pudo escapar en barco a Francia y de ahí pasar a Catalunya para seguir luchando por la República hasta la entrada de las tropas franquistas. Refugiado en Francia desde febrero de 1939, estuvo interno en algún campo de los Pirineos Orientales.

Para evitar la devolución a España se integra en una de las Compañías de los Trabajadores Extranjeros formadas por el Ejército francés para aprovechar la abundante mano de obra de los refugiados. Hilario se hace pasar por minero y trabaja junto a otros españoles en obras públicas y defensivas para una país que está a punto de entrar en la Segunda Guerra Mundial.
En mayo de 1940 Alemania invade Francia y doblega en 46 días la escasa resistencia de un país muy dividido
En septiembre de 1939 estalla la guerra contra Hitler que los políticos británicos y franceses han tratado de evitar durante tres años al precio de hacer todo tipo de concesiones y sacrificar las repúblicas española y checoslovaca.
En mayo de 1940 Alemania invade Francia y doblega en 46 días la escasa resistencia de un país muy dividido políticamente con respecto a la naturaleza del conflicto. La compañía de Hilario es capturada por el Ejército nazi y deportada a Mauthausen, Austria.

Como más 9.000 españoles Hilario es abandonado por las autoridades franquistas, que dejan en manos de sus aliados nazis el futuro de unos refugiados que en un 60% morirán en los campos de concentración. El asturiano será uno de ellos.

“Tras escasos tres meses en el campo central es trasladado, el 30 de junio de 1941, al campo de Gusen, campo anexo que acabó teniendo autonomía propia, y que fue el lugar en que murieron asesinados mayor número de españoles. Allí se le asignó el número 13079, trabajando con toda probabilidad en una de sus terroríficas canteras. Murió el 24 de diciembre de 1941, en la época más siniestra, de uno de los más siniestros campos creados por el nazismo” explica Villaverde, que señala que su mujer Eloina y sus hijos sufrirían en el pueblo la represión y el señalamiento cruel de los vencedores de la guerra y amos absolutos del país.

Como su paradero era desconocido desde su salida del pueblo, las autoridades sospechaba que Hilario fuera uno de tantos fugaos en el monte, y por eso sometería a su familia a una estricta vigilancia. No obstante, según la investigación de Villaverde, un poco antes de su muerte, Eloina y sus hijos se enterarían de que Hilario estaba interno en un campo de concentración nazi. Su viuda viviría hasta 1987.
Desde este domingo un adoquín dorado mantiene vivo el recuerdo de Hilario en su pueblo.



























