Eric de Los Planetas: “El indie tiene el público fascista de España”

Entrevista a "Eric" Jiménez, batería de Lagartija Nick y de Los Planetas que presenta "La importancia de llamarse Ernesto y la gilipollez de llamarse Eric" el documental que repasa su vida, en el FICX

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Ernesto o “Eric”. Lo mismo da. Lo que importa es que el batera de Lagartija Nick y de Los Planetas ha encontrado, bien sea en la palabra escrita o en la imagen fílmica, otra forma paralela de contarse a si mismo, diferente a un momento sincopado o a un redoble, en lo más alto de una canción. Y sin embargo, todo está nimbado de ritmos, canciones, pesadillas. Instintivo, visceral, contradictorio, anárquico hasta desembocar en un tipo libertario, confundido, acertado que, en cualquier caso, sí sabe una cosa: ha perdido el pudor para reivindicarse como un hombre completamente enamorado hasta las entrañas de su mujer y su hija y que, como todo ser humano, también tiene miedo a demasiadas cosas. Miedo al escenario, miedo al futuro, miedo al miedo. Eric Jiménez sabe lo que es que le apunten con una pistola. El azar le ha permitido esquivar alguna bala y no caer en la tentación mefistofélica de la industria con la misma gracia, para poder contemplar la estela musical que ha dejado su batería en la historia de la música, tanto a los mandos de Lagartija Nick como a los mandos de Los Planetas. Con la misma locura, con la misma honestidad, ateo, volcánico, creyente y sentimental. Así se acerca a Gijón para presentar La importancia de llamarse Ernesto y la gilipollez de llamarse Eric dirigido por Cesar Martínez Herrada al Festival Internacional de Cine de Gijón.

Hay una palabra que no había adquirido ni relieve ni importancia hasta que nació tu hija. Es palabra es “amor”.

La importancia…Cuando no te da vergüenza decirlo es porque sale desde muy dentro. Hay miles de cantantes y bandas que pronuncian constantemente la palabra “amor” en sus canciones y no han estado enamorados en su puta vida. No hacen un análisis de como funcionan los sentimientos en las personas. Yo siempre he tenido mucha falta de esa palabra y la he sentido muchas veces dentro pero nunca he sido correspondido. Por tanto, era muy cómodo por mi parte odiar esa palabra e incluso sentir vergüenza ajena tanto en la música como en las disciplinas artísticas en las que he estado involucrado. Ahora que estoy en un punto de madurez, la tengo muy dentro, es un amor correspondido y no me da pudor decirla porque, entre otras cosas, es de verdad.

Y esa verdad ¿Cómo se transmite? ¿Es a través de la mirada que proyectas hacia tu hija, a tus bandas, a tu público, a tu manera de golpear la batera?

Hay ahí tres factores muy importantes. Uno es mi hija, otro es mi mujer y otro es el público. Creo que son los tres puntos cardinales de mi vida para tener la felicidad absoluta. Mi mujer me da todo el cariño, es como una nave nodriza a la que siempre regreso, que siempre está ahí cuando vuelvo. Mi hija es una prolongación de mí y espero que no sea igual que yo porque entonces las voy a pasar putas. Y después está el público que es el que me ha estado acompañando durante muchísimo tiempo. Fue el público, las personas que estaban ahí, quienes comenzaron a valorarme, aunque sólo fuera por mi manera de tocar la batería. Con ellos comencé a sentir cariño. Sin conocerme, me aceptaron, empezaron a aplaudirme y lograron que me sintiera valorado y querido.

Ernesto Jiménez “Eric” de Los Planetas. Foto de David Aguilar Sánchez.

Además del público, he podido comprobar que con el público te transformas. En Oviedo te he visto antes de un concierto y después, cuando te subías al escenario otra persona. Mi impresión es que cuando te sientas en la batería te transformas completamente en otro, como si te enchufaras a la corriente eléctrica.

Sí, eso es lo que me pasa. Hay una delgada línea al pasar el escenario. Siempre que salgo a tocar creo que es la última vez que voy a salir. Tengo pánico escénico y muchas veces sueño que me están agarrando de los brazos cuando estoy tocando la batería, que esos brazos me bloquean. El público me ha dado tanto, que siempre me siento con él en deuda. Creo que por eso mismo me pongo muy nervioso. Son unos nervios que duran hasta los primeros dos o tres segundos de la canción. Entonces es cuando llego a la zona de confort. Y no sólo me pongo nervioso en los conciertos. Es para todo. Para hablar en público. Sueño con esos brazos o sueño que se cae el teatro o que no puedo acabar la actuación.

En la escena hay otro tipo de brazos que han transformado la industria de la música. En ocasiones, suelo comentar que los artistas se han convertido en brokers de su música, más pendientes de alentar las escuchas en las plataformas que en componer o encontrar un sentido a lo que hacen. ¿De qué manera has surfeado esa ola? En tu caso, tengo la impresión de que la has conseguido esquivar o, al menos, es una ola que no ha conseguido atraparos para seguir siendo Los planetas o Lagartija Nick.

Ninguno de los dos grupos ha estado a las moda ni se ha vendido al marketing. Primero, la mayoría de las bandas indie de primera fila se han vendido al marketing desde que empezaron un disco. Su planteamiento es un un disco, un año de descanso, otro disco, un año de descanso, y así. Nada de eso ha pasado ni con Los Planetas ni con Lagartija Nick. Esto te permite no aburrir a la gente, porque puedes sobresaturarlo de tanto verte o escucharte. Segundo, es necesario dar tiempo, ya no sólo para lo que te apetece hacer. Sino para conocer. Estos grupos tampoco se han fijado en qué tienen que hacer para gustar. De hecho, han hecho discos que la gente ha dicho, esto qué cojones es.

Con el respaldo de las grandes multinacionales inyectando pasta.

Lo que ha pasado con casi todos los grupos que ahora están en primera fila lo han intentado con Los Planetas. Nos han propuesto mil duetos, con Joan Manuel Serrat, con Radio Futura, con todos, Así es como la industria hace que te vayas metiendo hasta que seas como uno de ellos y pierdas tu identidad, de donde venías. Hay una regla fundamental para triunfar en la música. Primero debes llevar un montaje con elefantes, niños y confeti. Después tienes que hacer duetos con más gente famosa y, por último, y esto es muy importante, el cantante se tiene que tirar sudando hacia el público para cantar. Ninguna de eses tres reglas las hemos cumplido esos dos grupos. ¿Perdemos popularidad? Probablemente, pero no nuestra identidad.

¿Los festivales se han convertido en un circo donde lo menos importante es la música?

Y donde siempre hay un fondo de inversión. Son marcas. Las compañías van a descubrir éxitos, no descubres nada más. Igual que contratan por los likes que tiene un tío. Si tiene habilidades con las redes y consigue escuchas, lo contratan. Si ahora vinieran los Beatles y no supieran manejarse en las redes, no le grabarían ni un disco.

En tu trayectoria has vivido el vértigo del abismo, ese momento en que una banda está a punto de desaparecer.

Eso lo vivo a diario.

Yo tenía dos hitos en la cabeza. El primero ante la muerte de Jesús, el hermano de Antonio Arias, con Lagartija; y el segundo cuando terminasteis de grabar Una semana en el motor de un autobús de Los planetas.

Ese vértigo, como te digo, lo vivo a diario desde que comencé con ellos porque son unos grupos con mucho carácter. Están locos y como están locos de la olla no sabes cuándo van a terminar. Y esa sensación la he tenido siempre. Nunca se sabe. Son gente que se mueve por su estado anímico. Es muy importante conocer su estado anímico. Si no están bien para una gira, sabes que no la van a hacer; si en mitad de un disco no están bien, sabes que no van a grabar el disco. Y les da exactamente igual. No están comprometidos, no tienen que dar cuenta a ninguna multinacional y si fuera el caso, no hay detrás la oficina de un manager que quiera que toques todos los años en todos los festivales porque tiene que recaudar el dinero que ha invertido en macromontajes. Eso da muchísima libertad. Ahora, si quieres ser muy popular y quieres tener dinero, el negocio va por otra garita.

Ernesto Jiménez “Eric” de Los Planetas junto al director adjunto de Nortes, Víctor Guillot. Foto de David Aguilar Sánchez.

Habéis combatido esa tentación. Me contaba Antonio que cuando llegásteis a Nueva York a tocar el Omega con Enrique Morente, os fue a ver Sonic Youth y Lou Reed. En aquella gira, con el Omega, fuisteis completamente indiferentes a esa tentación de convertiros en el fenómeno flamenco rock de aquel momento.

Es que hay que tener muchísimo cuidado con esas cosas. Nosotros somos interesantes en el sonido del Omega porque nuestras influencias no son las mismas que se dan en otros mestizajes con fueron Veneno o Pata Negra, que habían bebido del blues y el funky. Nosotros escuchábamos a gente como Sonic Youth. Pero que pasó. Luego llegaron los Sonic Youth y nos proponen hacer algo con Enrique. Realmente lo que hacen es meter un acople y a tomar por culo. O sea, que no se trabajan las cosas. Nosotros teníamos esa influencia de rock americano, al estilo de Sonic Youth, pero trabajándolo. En el flamenco les gusta mucho compadrearse. Puede ser con Michael Jackson o Nick Cave que yo quiero con ese. Forma parte de su cultura. El flamenco ha sido tan castigado que siempre han tenido la necesidad de cantar para reyes, para presidentes, y de ahí puede suceder que alguien intente cantar una bulería con Mark Knofler de Dire Straits pegue o no pegue. Yo creo que es fruto de ese sentimiento de marginalidad que han tenido de siempre. Han tenido esa sensación de decir “si ese es grande yo también quiero hacer algo con él porque se supone que me va a abrir puertas”. En el caso de Enrique no le hizo falta porque con pilares como Federico García Lorca o Leonard Cohen, ese elenco de guitarristas y luego un sonido que era diferente a la fusión flamenca, se abría las puertas él solo. Era lógico que al principio no lo entendiera la gente pero después lo entendió.

Siempre habéis puesto el foco en textos de Lorca, Buñuel. Habéis fijado la mirada y el oído en los surresalistas y el 27 español, Val del Omar. Para cuándo una visión de Lagartija Nick de textos de otros autores que miren hacia la literatura anglosajona. T.S. Elliot y su Tierra Baldía, por citar un ejemplo.

Para cuando Antonio vaya a un rastrillo y se compre un libro de T.S. Elliot. Estoy totalmente de acuerdo, pero eso surge…Generalmente, quien escribe es Antonio. Va a un mercadillo, encuentra un libro que puede ser de Elliot o de jirafas o de coleccionistas de llamas. Y si le ve algún sentido y cuesta mucho que realmente lo quiera la gente, se va a meter.

Ernesto Jiménez “Eric” de Los Planetas junto al director adjunto de Nortes, Víctor Guillot. Foto de David Aguilar Sánchez.

¿Cómo se construye esa plasticidad y versatilidad al estar en diversos proyectos y no perder el horizonte musical ni de Lagartija ni de Los Planetas? Pienso en Jota, que acaba de publicar Plena Pausa y que no deja de ser un proyecto muy personal sobre la figura cinematográfica y sentimental de Iván Zulueta. Lo que me sorprende es esta capacidad para producir desde una solidez intelectual tan desarmante y a la vez tan intuitiva.

Tu sabes muy bien que las personas más expuestas al público también son las más solitarias y ese tiempo lo tienes que emplear en la creación y darle la vuelta a las cosas porque si no te vuelves loco. Ahí estás continuamente fluyendo porque si no lo sueltas, si no las expresas, se te puede volver en tu contra y puedes tener un demonio dentro. Lagartija Nick y Los Planetas, en este sentido, son dos casos diferentes. Jota es una persona que tiene temporadas en las que está en su casa pensando, después ve algo y, como todo el mundo, se deja influir. Cuando te influencias de algo y lo ves claro, te tiras a por ello. Si en tres años no le viene nada o no le convence, Jota no lo hace o hace algo y, si duda, después no lo saca. Antonio, en cambio, sí es más culo inquieto. Está continuamente viendo qué hay detrás de cada cosa que le viene a la cabeza. Primero llama a un contable y pregunta si va a dar dinero y si el contable le dice que no va a dar ni un duro, él va y lo hace. Es una broma, pero no está pensando para nada en el éxito comercial. Con los dos últimos discos yo he disfrutado mucho. Especialmente con La zona temporalmente autónoma de Los Planetas, y Los cielos cabizbajos y Buñuel de Lagartija. Entonces dices, vamos a tocar esto. Son discos que tienen tantas capas, que son tan diferentes, que ya no son el punk o el garaje del principio de nuestras carreras que piensas: si yo ya no doy esa caña, esa energía, entonces la tengo que transformar en otras cosas. Me sucede lo mismo cuando veo El guateque de Peter Sellers: cada vez que la ves, encuentras un detalle. Pues Buñuel es eso. Cada vez que lo escuchas estás viendo sonidos nuevos que no habías observado antes. Y los cielos cabizbajos es uno de los discos más emotivos.

Los cielos cabizbajos da en el nervio de la condición humana en Occidente en el siglo XX. Te interpela en Gaza, en Ucrania, en Irak o en la antigua Yugoslavia.

Totalmente. Es un disco que habla del pasado pero que es prácticamente visionario.

Me confesaba Jota este año, cuando presentaba Plena Pausa en el teatro Campoamor, que el disco que más dolor le había producido fue Una semana en el motor de un autobús. No sé si también te sucedió algo similar o no recuerdas haber sufrido nunca en la producción de un disco.

En su caso es diferente. Porque Jota venía de publicar dos discos con Los planetas. Una semana…es su tercer disco y la banda está en unas condiciones en las que no se puede saber si debe ir a un estudio, a un psiquiátrico o a un centro de desintoxicación. Ahí también había mucha presión, había mucha presión porque la banda iba para arriba y si te tambaleabas…y tampoco, el pop es mucho más comercial realmente que Una semana en el motor de un autobús. Entonces, durante la grabación se da un giro, se empieza a meter orquesta, se empieza a dar un giro que no mira tanto a la canción bailable. Segundo premio puede ser una gran canción pero no es una canción bailable. Yo supongo que la presión y la situación de la banda, con un batería nuevo, con nuevo bajista, con Floren chungo…es una situación un poco jodida porque probablemente podían pasar dos cosas: o renovar a Los Planetas o irse definitivamente al traste.

Ernesto Jiménez “Eric” de Los Planetas. Foto de David Aguilar Sánchez.

De qué manera contarse a uno mismo a través de dos libros de memorias y un documental, hasta que punto la reflexión que haces de tu manera de ver el mundo, conecta con las corrientes de pensamiento político que hoy están confrontando. ¿De qué manera estas dos bandas cuentan el tiempo de este país de los últimos treinta años?

Yo creo que cualquier política es una puta utopía. Tanto Los planetas como Lagartija Nick cuentan este país y, si se significan en él, es en algo que no existe: en defender la persona y al ser humano. No creo que haya un programa político de ningún partido que haga eso. Creo que todo son intereses y creo que es muy difícil que, incluso, dentro de un mismo partido, coincidan entre ellos mismos. La política se ha convertido en un acto completamente individualista. No soy anarquista, pero me acerco bastante al anarquismo porque hay tantas contradicciones dentro de los diez principales dirigentes de los partidos políticos…Está la religión para no matarnos y en la música tiene que haber una etiqueta, el indie, para vender. Nada es real. Yo creo que Los planetas se han tirado a un corriente anarquista, como en Una zona temporalmente autónoma, en un sentido individualista y anárquico.

Vosotros siempre habéis metido una coz al fascismo y a la extrema derecha en bastantes canciones y, no deja de sorprenderme seguir viendo, durante esta última etapa de cinco años, a militantes de Vox que iban a los conciertos de los festivales indies y, por supuesto, a vuestros conciertos.

El indie es quien tiene el público fascista de España. Es así. El indie han sido todos los niños de derechas de este país. He ido a mil festivales y he visto siempre las mismas caras. En muchas discográficas están los empollones fachitas. Son listos, tienen mucha cultura cinematográfica y musical, después se compran la gafita de pasta y descubren que con eso pueden follar en los festivales. Y eso es así. Del mismo modo que hubo gente muy bien posicionada en la movida madrileña, aquí es igual. En tu casa, si huele mucho a patrico y tienes un padre demasiado recto, tiendes a hacer lo contrario, pero en el fondo, tu sabes que formas parte de una dinastía que conserva por dentro tu alma de derechas.

¿Qué tiene la Semana Santa de Granada que la hace tan mística y tan popular?

Todas tienen lo suyo, mientras sea en un entorno antiguo. Una virgen en la M-30 me la pela. A mi lo que me gusta es ver una performance que puede ser de la Fura els Baus. Si veo la Alhambra, oigo la campana de la Torre de la Vela, huelo a incienso y escucho a un cantaor interpretar una segurilla que es una saeta cantada como si masticara la sangre de Cristo y, claro, a mi me parece todo eso una performance acojonante. Con el tiempo pasa a formar parte de los espectáculos que quieres ver, como en Valencia pasa lo mismo con los petardos. A mi me tocan los huevos los petardos pero supongo que si fuera de Valencia lloraría porque lo tienen muy interiorizado. Soy muy curioso. Me gusta saber la historia que hay detrás de las cosas, por ejemplo, qué ha pasado en este salón, aquí donde estamos, quien lo habitó antes. Me gusta pensar que hubo antepasados míos que han visto la misma cara del mismo Cristo resucitado en el mismo sitio que lo he visto yo. Eso me arraiga mucho. Estoy harto de decirlo. En América tienen Halloween pero nosotros tenemos los cristos crucificados que acojonan mucho más y un espectáculo, si te acojona, te gusta. Tenemos un continuo amor hacia lo desconocido y lo que da miedo.

Puedo ser ateo y sobrecogerme cuando pasa ante mi el Cristo del silencio.

Exactamente. Yo soy ateo pero cuando me acojono rezo por si acaso.

¿Has visto la muerte alguna vez de cerca?

Sí. En dos ocasiones me encañonaron con una pistola.

La primera, fue tu padre.

No. Ese fue un gesto. No llegó a encañonarme. Pero lo hicieron dos veces. La primera en la Feria de Granada, en la caseta de la CNT. Recién casado con 16 años, me encontraba con mi mujer de entonces y su hermano, que se había peleado con una gente de allí. Sacaron la pistola, se oyó un disparo y cuando me encañona se la quité a él. Yo conocía a quien llevaba la pistola, me la puse frente a mí y no dispararon. Después mataron a uno con esa misma pistola en la caseta de al lado.

¿Y la segunda?

La segunda fue en un after de Granada. Iba con unos narcotraficantes y hubo una reyerta. Yo había escuchado un par de sonidos muy comprimidos que no parecían disparos. Entonces yo pensaba que sonaban como en las películas, bang, bang, y resulta que no, era un sonido hueco. El caso es que una de las balas me pasó de cerca y fue a dar a una barandilla. Luego, a la salida del after, estaba Canal Sur grabando. Eran las 10 de la mañana y me acuerdo que el autor del disparo venía conmigo. Yo no lo sabía en ese momento. Me acuerdo bien porque el tipo me dice: me voy a entregar, así que vamos a meternos lo que nos queda, porque nos lo van a quitar los maderos.

Ernesto Jiménez “Eric” de Los Planetas junto al director adjunto de Nortes, Víctor Guillot. Foto de David Aguilar Sánchez.

¿Cuándo ves a decenas de miles de personas en Ferraz qué se te pasa por la cabeza?

España va para atrás absolutamente. El enemigo más grande de un país es la incultura. No contrastar. A mi me da mucho coraje que mi hija, porque yo soy de izquierdas, ella también lo sea. O que crea en Dios por lo mismo. Si es de izquierdas, de derechas, católica o terrorista, que lo sea porque lo ha buscado y lo ha encontrado; pero en España, como nos gusta mucho los toros y el vino, lo que nos tira es hacer lo que hace papá. Yo creo que los títulos universitarios los regalan por la asistencia. Puedes aprender a hacer un oficio, pero es más importante buscar por ti mismo tu talento o qué piensas de las cosas. Ya no se enseña a la gente a reflexionar porque a la mayoría de las partidos no les interesa que pensemos. ¡Hostia!, pero si no soy de derechas, pero si soy gay. Yo creo que hay gente que ve ese tipo de cosas, que se da cuenta de lo que ha estado votando pero que como es una tradición del padre, ha convertido ir a votar en una tradición de Nochebuena.

Empezamos hablando de tu hija. Vamos a terminar con ella. Has ofrecido una mirada libertaria de tu hija. ¿Tienes miedo, orgullo, esperanza, pánico, le alientas con tu entusiasmo cuando observas el futuro?

En el momento que eres padre nace un miedo continuo aunque te guste el camino que ha tomado tu hijo. Miedo tengo, es cierto que he vivido una época de dictadura, pero viví la llegada de la democracia y esa explosión. Estamos en una fase que yo diría que es pre-democrática. Me da mucho miedo a nivel social que haya una cosa que no ha cambiado en la puta vida y es que está sociedad está dividida al 50%. En cambio, en otros países las corrientes se han movido y en otros sitios se hace política y se negocia. Aquí, España es un cortijo de unos o de otros. Estamos en esa fase en la que estamos aprendiendo que hay que negociar y que puede haber varios partidos en un mismo gobierno.

Pero Pedro Sánchez ha negociado y ha sacado una mayoría con otros siete partidos, incluido Junts.

Exactamente.

No se puede hacer política volando puentes.

Exactamente, eso es negociar. Un país no tiene que estar dirigido sólo por la izquierda o solo o por la derecha. Un país gobernado por un mismo partido más de ocho años se convierte en un cortijo. Con ocho años te da tiempo a desarrollar un programa político pero no para quedarte con todo el país. Yo creo que es muy bueno que haya muchas opiniones para que nadie pueda hacer y desahacer.

Ernesto Jiménez “Eric” de Los Planetas junto al director adjunto de Nortes, Víctor Guillot. Foto de David Aguilar Sánchez.

Me hablabas antes del miedo pero, entiendo, que tendrás algún sentimiento más de cara al futuro.

Veo mucha esperanza de cara a la mujer. Hay mucha gente que ya mide sus palabras, que aprende a comportarse de cierta manera. Ahora pegan en sus casas, no pegan en la calle, ahora matan en el garaje y algunos solo en las plazas. Vamos avanzando algo. Hay un retraso tan grande… pero empiezo a ver a muchos hombres incómodos, cosa que me alegra bastante. Muchas veces, cuando pienso en el futuro de mi hija me digo: ojalá sea lesbiana porque los tíos somos unos hijos de puta. No quiero generalizar pero, no sé, como ley de vida somos más fuertes. Si ya la raza humana es así, nos gusta un pollo, lo cogemos, lo matamos y nos lo comemos… A ver si viene un extraterrestre, de izquierdas o de derechas, nos mete un bocado en la cabeza, y que nos den a todos por culo.

No lo creo, porque habrá escuchado a Los planetas y pensará que aún merecemos una oportunidad

O lo mismo dice: voy a meter un bocado a estos que son tóxicos y me voy a poner ciego.

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