Agnés Godard: “Lo más importante de las películas no es la tecnología sino la carne y el alma con que están hechas”

La directora de fotografía recibe el Premio de Honor del FICX y defiende el alma y la carne de las historias, ante un cine digital

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

A lo largo de las últimas cuatro décadas, la carrera Agnès Godard (Dun-sur-Auron, 1951) ha creado imágenes que se quedarán para siempre en la retina de los espectadores. Veterana directora de fotografía, ha colaborado con diferentes directores como Henri Alekin, Win Wenders, Agnés Varda y, especialmente, Claire Denis, con quien ha realizado más de 15 filmes para cine y televisión. Godard ha sido galardonada con el Premio de Honor 2023 del Festival de Cine de Xixón.

¿Qué significó para una mujer que estudió periodismo y se sumergió inmediatamente después en el cine de la mano de Henri Alekan trabajar después con Win Wenders? Tengo la sensación de que daba un paso a un cine eminentemente masculino

Mis padres no querían que me dedicara al cine. Estudié periodismo porque no querían que estudiara cine. Mientras estudiaba, conocí a Alekan, que participó en el jurado que admitió mi ingreso en la Escuela. Si tuve la suerte de trabajar en Paris Texas de Wenders, fue gracias a Alekan, que me propuso. Mi ingenuidad no dimensionaba el nivel en el que estaba ni tampoco de que se trataba de un mundo muy masculino. Había dificultades por ser mujer, pero yo las metía en el mismo saco de las dificultades generales de cualquier trabajo. La misoginia, que la había, no me afectaba directamente. Robert Muller me había visto trabajar y propuso que estuviera. Es cierto que hubo y todavía hay momentos difíciles por ser mujer, pero es algo que está evolucionando bastante.

Con Agnés Varda o Claire Denis, se abre a una mirada femenina que aporta otra forma de entender la luz, el color, la composición de la imagen, muy diferente a la que se pueda aportar desde una mirada masculina como la de Wenders, Handke o Techiné?

En el cine nunca me he acercado ni enfrentado a las cosas así. Son mujeres pero ante todos las veía como profesionales, como cineastas. Tienen una singularidad por la personalidad, más allá de una cuestión binaria relativa al género.

Foto: David Aguilar Sänchez.

Como directora de fotografía, casi como autora, ¿ha tenido la dificultad de tener que adaptarse a las exigencias de un director o, en cambio, han sido ellos los que la han reclamado por su manera de entender el movimiento, la luz y el color.

En verdad, uno nunca sabe por qué te eligen. Es muy difícil de decir pero si puedo precisar que un cineasta es un artista que crea algo desde el comienzo. Yo llego para acompañar un trabajo sobre la base de lo que otro está proveyendo. El cine es un ejercicio de colaboración. Mi tarea la efectúo investigando, tratando de averiguar qué le conviene tanto a la película como al cineasta. Aporto mis ideas, desde luego, pero mi trabajo es una aportación sobre la creación de otro. A veces soy sólo una interprete.

Además de la parte más industrial de la producción y del rodaje de una película, usted ha desarrollado una faceta más creativa con la cámara estática y que tiene que ver con su obra como fotógrafa. En 2012 expuso My Favorite Dance, un estudio del cuerpo que ha sido valorado, al igual que en su cine, por su sentido de la sensualidad. ¿Qué es para usted precisamente la sensualidad?

Una cosa muy importante es que yo siempre opero con la cámara. Para mi es muy importante. En eso interviene mi singularidad como directora de fotografía. Por lo tanto, mi relación con la imagen es bastante íntima. Operar la cámara, filmar a la gente, es algo que me resulta muy sensual. Esas imágenes, incluidas en My favorite dance, no las tomé con una cámara fija, sino que las filme y después las extraje. Filmar no es sólo detener la mirada, hay un movimiento que envuelve la persona entera y en ese movimiento se expresa la sensualidad que está en el cine. Y es como el misterio, de algún modo es algo que sigue funcionando. ¿Por qué vamos al cine? Porque hay algo misterioso que se crea entre quienes participan en una película. Puedo agregar que el funcionamiento y la definición del cine está cambiando con las reglas que Hollywwod impuso: el star sistem. Pero el misterio sigue ahí. La idea primigenia de hacer soñar a través de la identificación sigue presente.

La directora de fotografía Agnes Varda junto al director adjunto de NORTES, Víctor Guillot. Foto: David Aguilar Sánchez.

¿Ha sentido que en la transición de la imagen analógica a la digital, se perdió un sentido orgánico del cine, a cambio de una homologación estética con la llegada de la industria digital proyectada hacia el conjunto del resto de cinematografías

El cine y la historia del cine ha sido un movimiento continuo. Con la llegada del digital, era dificil olvidar la estética impresionista que dejaba el celuloide. Pero la industria digital se ha perfeccionado en la naturaleza y la manera de trabajar la imagen. Hay que abordar este cambio de manera positiva, no se puede ir contra la evolución digital que, en cualqueir caso, hay que tratar de dominar. Y no debemos olvidar que hay algo que nunca va a cambiar: lo más importante de las películas son las ideas, no la tecnología, son la carne y el alma con la que están hechas las películas.

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