César Cascante (Madrid, 1953) llegó a Asturies en 1977 como maestro de la escuela de Aboño. Atrás quedaba los años de militancia en el movimiento estudiantil antifranquista, una experiencia que como siempre nos recordaba a los jóvenes activistas en la Universidad de Oviedo/Uviéu, dio el gran salto adelante cuando logró enlazar las inquietudes democráticas y ansias de libertad de las minorías más politizadas con los problemas profesionales, más generales, de la primera generación que accedía de manera más o menos masiva a la educación universitaria, y para la que el régimen tenía como proyecto ser mano de obra barata en los servicios públicos y la nueva economía española. De formación pedagogo, Cascante ha sido profesor en la Universidad asturiana y en la valenciana. En la actualidad está jubilado y reside en Xixón. Critica el “moralismo” de la izquierda e insiste en la necesidad de replantear la estrategia política y sindical en defensa de la educación pública para ir más allá de “los de siempre”.
El otro día escribías en NORTES que el Informe PISA tiene bastante de camelo
Lo que planteaba en mi artículo, que titulaba PISA con garbo recordando la letra de una vieja canción, es que PISA es una reliquia o un fetiche, algo a lo que se le otorga un poder de evaluar el sistema educativo que no tiene. Se le otorga ese poder en virtud de un relato, el de las teorías del capital humano del neoliberalismo que han acabado aceptando hasta algunos sectores progresistas. Mi opinión es que PISA es un fetiche. Es como un crucifijo o una patita de conejo a la que le concedemos unos poderes que no tiene. No se le puede conceder la capacidad de evaluar el sistema educativo por que tres pruebas tipo examen que se limitan a matemáticas, comprensión lectora y científica, no permiten evaluar ni siquiera las competencias en esos campos que no pueden ser los únicos.
¿Qué son las competencias?
Las competencias son básicamente los saberes aplicados a la vida cotidiana. Las actividades de las clases, estando relacionadas con la vida cotidiana, son las que permiten observar a lo largo de un cierto tiempo si los contenidos de las materias se manejan. Para eso es mucho más interesante lo que puedan observar los profesores que conviven a diario con los alumnos que lo que obtienen unos evaluadores externos con sus exámenes y resultados numéricos. Lo que están haciendo es desvirtuar las cosas para poder hacer rankings y clasificaciones de países y de regiones con el mensaje político y social que lo acompaña.
Bueno, PISA también os da la razón a los que lleváis años insistiendo en la relación entre clase social y rendimiento académico
¿Necesitábamos PISA para decirnos algo que es sabido desde hace por lo menos medio siglo? Necesitaríamos borrar buena parte de la sociología crítica de la educación, la sociolingüística … para que esta relación nos sorprendiera. La clase social y la cultura de la familia influye decisivamente en la educación. El lenguaje de las clases altas es el lenguaje escolar. Aunque sea el mismo idioma, utiliza un código más parecido al de los más ricos que al de las clases populares.

Tenemos una fuga de clases medias a la educación concertada. ¿Hay manera de frenarla?
Todo el mundo lo que quiere es que sus hijas e hijos se puedan ganar bien la vida. Lo que hacen las clases medias, pero también buena parte de las populares, es moverse hacia donde creen que están las mejores oportunidades de ascenso social, sea eso verdad o un bulo. Y si creen que en la concertada hay más oportunidades, menos conflictos o relaciones sociales más interesantes para conseguirlo, llevarán a sus hijos ahí.
“Se necesita un proyecto propio de la educación pública”
Vuelvo a preguntarte: ¿hay manera de frenar eso?
Eso es imparable si la educación pública no deja de interiorizar el discurso de la privada y se dota de un proyecto propio que afronte los problemas básicos que tiene la educación: contribuir a la formación de ciudadanas y ciudadanos que con información y criterio propio se puedan enfrentar mejor que las generaciones anteriores a los problemas que tiene planteados la humanidad a nivel general y local; y, por otra parte, no redirige la relación entre educación y empleo para dejar de someter a la educación a los intereses de las empresas, cualquiera que estos sean, y tiende puentes sólidos entre educación pública y buenos empleos que marquen y condicionen la relación entre educación y empleo en general. Necesitamos, que la intervención del Estado, ayudando y comprometiendo a las empresas públicas y privadas que no opten por la sobreexplotación de la juventud, asegure buenos empleos cuando se termine de estudiar. En lo que no pueden caer las y los defensores de la educación pública es en un moralismo por el que debes estar en la pública porque eres progresista. Se necesita un proyecto propio de la educación pública en ese sentido de formación de ciudadanía y de vinculación con empleos dignos. En la medida en que se avance en esta línea la educación pública será atractiva para educadores, estudiantes, madres y padres.
Sueles incidir en que estamos tirando el dinero educando a futuros precarios
En España el 30% de los jóvenes está en el desempleo. Es la cifra más alta de Europa. Eso es bastante más importante que los resultados del Informe PISA. A esta cifra habría que sumar los ninis, que ni trabajan ni estudian ni buscan empleo, los trabajadores pobres y todos estudiantes sobradamente preparados que al egresar de sus estudios tienen que irse al extranjero para poder encontrar empleo.

En este aspecto es dónde la izquierda tiene que incidir: ¿basta con promover la igualdad de oportunidades si a lo que que conduce es a competir por empleos precarios o es necesario que el Estado intervenga para que el dinero que ponemos todos en la educación vaya a formar a gente que pueda dedicarse a trabajos dignos, especialmente a aquellos que con más urgencia necesitamos, como los relacionados con la crisis ecológica, el cambio de modelo productivo, pero también la sanidad, la educación o los cuidados?
¿De qué hablamos cuando hablamos de teoría del capital humano?
Es la traducción al ámbito educativo del neoliberalismo. Hay que romper con la de idea que cuanto más cualificado estés las empresas más te van a demandar. Tenemos una buena parte de la juventud sobrecualificada que desempeña trabajos precarios, así que el problema está en otra parte. La llamada excelencia educativa no se está traduciendo en buen empleo, como nos dicen los neoliberales. Singapur saca las mejores clasificaciones en las pruebas PISA y es uno de los países más ricos del mundo por que cerca de la mitad de su población vive en semiesclavitud y no cuentan ni para PISA ni para los índices de riqueza.

La sensación sin embargo es que tenemos una educación muy economicista, muy volcada al empleo
Es un economicismo mal entendido como sometimiento a todo lo que diga o hagan las empresas. Se trata de salir de ese sometimiento para conseguir que la juventud egresada del sistema educativo encuentre empleo y de esta manera pueda devolver a la sociedad lo que se ha gastado en su formación al mismo tiempo que se gana la vida. Esto no es economicismo, forma parte del sentido social de la educación. Pero no todo es el empleo La juventud sale del sistema educativo sin garantías de ganarse la vida con dignidad, pero tampoco lo hace con una buena formación ciudadana. ¿A qué llamo formación ciudadana? A la que contribuye decisivamente a que ante los problemas de la humanidad se tenga un criterio propio e informado. Se trata de que al acabar la formación obligatoria se puedan expresar opiniones fundadas y tener actitudes comprometidas ante los dilemas que llevan consigo los objetivos dela Agenda 2030.
Los profesores siempre os acusan a los pedagogos de estar en la teoría pero desconocerla realidad dura de los institutos
No me siento formando parte de un colectivo pedagogas y pedagogos. Con algunas y algunos iría a cualquier parte, y con otras y otros a ninguna. Me considero en primer lugar un educador. He dado clase en todos los niveles. En la educación básica, la especial y la universitaria.
¿Cómo ves al movimiento estudiantil?
El movimiento estudiantil tiene que plantearse los problemas del empleo y de la precariedad como problemas centrales para ir reclamando y encontrando soluciones fuera del relato neoliberal. Necesita conectar los problemas de la educación con el empleo, que tienen un enorme potencial político y social.



























