Unai Sordo: “Las libertades no se otorgan, se conquistan”

El Secretario General de CCOO celebra en la Casa de Cultura de Mieres el 50 aniversario del Proceso 1001 a los 10 de Carabanchel

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

El 20 de diciembre de 1973, 10 sindicalistas reunidos clandestinamente en el convento de Oblato, situado en Pozuelo de Alarcón, son detenidos por la Brigada Político Social y trasladados a los calabozos de la Puerta del Sol. Acusados de asociación ilegal y procesados por el Tribunal de Orden Público el mismo día en que el Presidente franquista, Carrero Blanco, era asesinado por ETA, fueron condenados. En los estertores del franquismo, la dictadura daba un nuevo golpe al corazón de un nuevo sindicalismo que había logrado poner contra las cuerdas al Sindicato Vertical en los últimos diez años a través de un modo de organización nueva, original que había encontrado, por fin, un método que aceleraría el proceso de conquista de libertades democráticas que cristalizaría en la Constitución Española de 1978. Eran las Comisiones Obreras. Los diez sindicalistas detenidos, procesados, juzgados y condenados ocuparon las cabeceras de los medios internacionales más importantes durante esas fechas. Sus condenas sumaban 162 años. Se llamaban Nicolás Sartorius, Marcelino Camacho, Eduardo Saborido, Francisco García Salve, Fernando Soto, Juan Muñiz Zapico, Francisco Acosta, M. Ángel Zamora, Pedro Santisteban y Luis Fernandez. Eran los 10 de Carabanchel.

50 años mas tarde, Unai Sordo, Secretario General de CCOO, celebró el aniversario en la Casa de Cultura de Mieres junto a José Manuel Zapico, Secretario de CCAA de Asturias, Juventino Montes, presidente de la Fundación Juan Muñiz Zapico, Paco Acosta, uno de los 10 de Carabanchel, Cristina Almeida, abogada laboralista que defendió a los sindicalistas durante el proceso y la periodista Helia González.

Foto: David Aguilar Sánchez
Helia González, Paco Acosta, Cristina Almeida y Juventino Montes, sobre el escenario del Salón de Actos de la Casa de Cultura de Mieres. Foto: David Aguilar Sánchez.

“El proceso 1001 ya no es patrimonio de CCOO, sino de España y su democracia, y es un hito histórico que nos resulta muy útil para explicar cómo se consigue la libertad y los derechos laborales en nuestro país”, afirmó Sordo ante un salón de actos lleno hasta la bandera.

La reflexión del Secretario General trascendió más allá del valor intelectual que puede tener su registro en los anales de la historia el Proceso 1001 y la biografía de los 10 de Carabanchel. Sordo quiso pulsar el nervio de la autoestima de los trabajadores y la lucha sindical española. “El proceso 1001 nos explica como país” defendió ante la familia de Juan Muñiz Zapico “Juanín” y Paco Acosta, otro de los procesados. “El relato oficial de la Transición no es falso, pero es sesgado. Nos habla de un régimen agotado y no homologable con otros países del entorno que había que hacer transitar hacia una democracia de élites políticas muy inteligentes, que capitaneadas por un Rey, esperaron a que Franco muriera en la cama, para ir desde las leyes franquistas a la Constitución. Es la transición virtuosa hacia una democracia concedida. Y esta idea de la democracia es peligrosa”. Sordo contrapuso otra visión de la democracia, la de una democracia conquistada: “Sí es cierto que hubo responsables que jugaron un papel decisivo, pero no lo es menos que la democracia no se habría conseguido sin al sacrifico de la parte más concienciada de la clase obrera”. Como ha afirmado Sartorius, “Franco murió en la cama, pero la dictadura murió en las calles”.

Marcos Muñiz, Toño Huerta y Unai Sordo. Foto: David Aguilar Sánchez

Sordo acusó a las fuerzas vivas del franquismo de querer limitar las libertades “en una democracia limitada en la que se vería qué se legalizaba, cómo, cuándo y quiénes. Querían una falsa transición, un franquismo sin Franco”. El proceso 1001 fue la expresión de una represión irracional de las libertades de la clase trabajadora .

José Manuel Zapico, Secretario de CCOO de Asturias. Foto: David Aguilar Sánchez

José Manuel Zapico, Secretario regional de CCOO de Asturias, representó a través de sus palabras el proceso 1001 como el principio del fin del franquismo. “Ellos fueron los protagonistas de una lucha colectiva, entendieron que la democracia era necesaria para mejorar las condiciones materiales de vida”. Aún se mantiene el hilo rojo entre lo que es hoy CCOO, el principal sindicato del país, y aquellos hombres y mujeres que construyeron la organización desde que comenzaron las huelgas del 62, abriendo el camino a la movilización y la negociación sindical de nuestros días. “Nos enseñaron que el derecho de huelga se construye con huelgas, que el derecho de asociación se defiende asociándose” reivindicó Zapico, quien se mostró orgulloso del crecimiento actual del sindicato, con 2.800 nuevos afiliados. El líder de CCOO expuso las tareas para esta nueva legislatura, entre ellas la reducción de la jornada laboral y el encarecimiento del despido.

“La pobreza es la gasolina para la derecha, la inflación tritura a nuestra gente, la crisis eléctrica beneficia los oligopolios”, relató antes de reclamar un empleo de calidad, una industria moderna y trabajadores mejor protegidos: “la mejor política social es una política social justa”. La sincronía entre Zapico y Sordo es total. Sorprende como el discurso de uno se complementa con el otro.

Durante el coloquio que tuvo lugar tras la proyección de la película documental “Diez para la libertad” producido por CCOO junto a RTVE, Cristina Almeida y Paco Acosta recordaron algunos momentos del largo proceso de los 1001. “Visitaba bastante las cárceles. Yo les llevaba vidilla, les contaba cómo estaban sus mujeres y Jaime Sartorius les llevaba la información”, contaba la abogada. Acosta recordó que CCOO no se creó en los despachos, sino como forma espontánea, organizada, original e imaginativa de hacer frente desde la vida cotidiana a la represión laboral franquista.

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