El 27 de enero se conmemora la liberación en 1945 por las tropas soviéticas del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau. Esa fecha fue oficialmente proclamada en 2005 por la UNESCO como Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Como cada año, con motivo de su celebración esta semana se realizan actos y homenajes en diferentes localidades asturianas, entre ellos, uno muy relevante con estudiantes de secundaria. Cuatrocientos alumnos de siete institutos de Oviedo/Uviéu, Siero, Llangréu y Mieres recibieron este martes en la sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe una sesión monográfica para conocer e interpretar los crímenes del nazismo.
La actividad, un clásico de esta semana, se realiza en colaboración con el Grupo Zivia Lubetkin de Educación sobre la Shoá, la Consejería de Educación y el Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu. El grupo toma su nombre de una judía polaca y destacada dirigente del ala izquierda del movimiento sionista. Nacida en 1914 en el antiguo Imperio ruso, Lubektin se unió al sionismo en su adolescencia, y más tarde a la resistencia, participando en 1944 en el levantamiento del gueto de Varsovia contra los carceleros nazis. La resistente sobrevivió a la represión de la revuelta por parte del Ejército alemán y más tarde tomó parte en la colonización de Palestina y la fundación del Estado de Israel.
El grupo, dedicado a tareas educativas y culturales, está vinculado a la Comunidad Judía del Principado de Asturias y a la Asociación Asturiana de Amigos de Israel, dos entidades que han gozado desde su fundación de un fuerte apoyo institucional tanto por parte del Principado como de los gobiernos locales del PP en Oviedo/Uviéu, y que cuentan con estrechos vínculos con la Embajada de Israel en España.

¿Memoria de todas las víctimas?
Los materiales del Grupo Zivia Lubetkin de Educación sobre la Shoá son públicos y pueden consultarse en su web. Su memoria del Holocausto se centra en el exterminio de 6 millones de judíos, pero saca de escena a los otros 5 millones de personas que fueron asesinadas por el nazismo en el marco de sus políticas de limpieza étnica, eugenesia y persecución política. Así pues, en la web del grupo no encontraremos casi referencias a las otras víctimas del nazismo, como los gitanos, homosexuales, Testigos de Jehová o antifascistas y militantes de izquierdas. Apenas una línea.
Tampoco veremos menciones a las políticas de exterminio de discapacitados y habitantes eslavos del Este de Europa y la URSSS, considerados igualmente una raza inferior por parte de la ideología nazi. Todavía más chocante resulta la falta de referencia a los más de 9.000 antifascistas españoles, un buen número de ellos asturianos, que pasaron por los campos de concentración de Hitler. Sólo un tercio de ellos sobrevivieron. Sin embargo, se encuentran desaparecidos en los materiales del Grupo Zivia Lubetkin de Educación sobre la Shoá, en los que todo parece orientado a equiparar el Holocausto únicamente con el antisemitismo, y no con el proyecto global del fascismo alemán para Europa.

Una lectura interesada del Holocausto
La otra idea fuerza del discurso pedagógico del Grupo Zivia Lubetkin es muy clara: la inevitabilidad del Estado de Israel como consecuencia directa del antisemitismo y del nazismo. Sin embargo, ¿hasta qué punto esto esto fue así? ¿Hasta qué punto el Holocausto hacía inevitable la formación de un Estado judío en una Palestina ocupada mayoritariamente por población árabe?
El politólogo norteamericano Norman Finkelstein, hijo de judíos polacos supervivientes del Gueto de Varsovia, ha expuesto en su controvertido ensayo “La Industria del Holocausto”, que el sionismo tardó dos décadas en convertir la Shoá en el mito fundacional y legitimador de Israel, y que en sus primeros años de vida prefirió centrar su relato en otros episodios históricos de la tradición judía que remitían no a la imagen de la víctima, sino a la de un pueblo belicoso y colonizador. Según el académico y activista, fue a raíz del la Guerra Árabe-Israelí de 1967 cuando el sionismo comenzó a explotar a fondo la memoria del genocidio cometido por los nazis para así blindar su política colonial, cada vez más explícita y cuestionada internacionalmente, con respecto a la población árabe palestina. Construir un relato del Holocausto a la medida de esos intereses políticos se convierte a partir de ese momento en algo estratégico: una cuestión de Estado.
Al sionismo y a Israel se le dedica un apartado entero, en el que no hay una sola mención ni a la existencia del pueblo palestino
El discurso pedagógico del Grupo Zivia Lubetkin de Educación sobre la Shoá parece ir en esa línea de relato sionista sobre el Holocausto. De hecho, al sionismo y a Israel se le dedica un apartado entero, en el capítulo “Conceptos Básicos”, y en el que no hay una sola mención ni a la existencia del pueblo palestino ni a la llamada Nakba: la expulsión de 700.000 árabes palestinos tras la fundación del Estado sionista en un proceso de limpieza étnica realizado para lograr la hegemonía judía en el nuevo país que acaba de nacer.
De algún modo, señala Finkelstein, la formación de Israel es presentada en este relato histórico como la consecuencia inevitable del Holocausto, obviando por ejemplo que otros grupos perseguidos, los gitanos por ejemplo, no reclamaron un estado como compensación por el exterminio, que muchos judíos de todo el mundo siguieron sin considerar necesario un Estado étnico para defenderse del antisemitismo o que tras el final de la Segunda Guerra Mundial miles de judíos europeos optaron por rehacer la vida en sus países o prefirieron antes emigrar a EEUU y otros lugares de América que a Palestina.
Una matanza desprovista de contexto
Otro aspecto de los materiales de la entidad educativa es su práctica ausencia de contexto histórico. Las leyes de segregación racial se pusieron en práctica antes en los EEUU que en la Alemania de Hitler, la esterilización forzosa de discapacitados se dio en muchas democracias liberales europeas y cabe recordar que el campo de concentración para civiles no fue inventando por los nazis, sino mucho antes por los militares españoles en la Guerra de Cuba y por los británicos en la Guerra de los Boers, en Sudáfrica. La relación del Holocausto con el racismo, el imperialismo, el colonialismo y el fascismo no aparece en un relato preocupado ante todo por mostrarnos que el nazismo fue la prolongación de una línea histórica de antisemitismo que se remontaría a los tiempos del Imperio romano, y no la expresión más dura de unas prácticas mucho más comunes de deshumanización de enemigos políticos, minorías y pueblos colonizados. El exterminio de los judíos por el nazismo forma parte de esas políticas de deshumanización que continuaron en todo el mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial, en algunos casos llevadas a cabo por los sionistas.

La web dedica un apartado entero a la Resistencia judía, pero pasa de puntillas por el hecho de que muchos judíos no resistieron al nazismo en organizaciones exclusivamente judías, y mucho menos sionistas, sino dentro de organizaciones antifascistas organizadas por razones ideológicas y no étnicas o religiosas.
Aunque el Grupo justifica la necesidad de la educación sobre el Holocausto en la “preocupación por el crecimiento del racismo y la xenofobia en el mundo”, lo cierto es que el relato que se hace va más en la línea de reforzar la singularidad y excepcionalidad del exterminio judío, que en la de buscar una lectura mucho más universalista de los crímenes nazis de cara a hacer analogías con situaciones del presente y fomentar así entre el alumnado los valores democráticos y la defensa de los Derechos Humanos.

En esta línea de reforzar la “singularidad” y “excepcionalidad” del Holocausto, en el acto del martes, José Antonio Álvarez Riesgo, presidente de la Asociación Asturiana de Amigos de Israel, criticó el uso, “con demasiada ligereza”, del término genocidio en nuestros días. Una referencia nada velada a las críticas a Israel por su política con la población palestina.
Si a todo esto añadimos el alto contenido de mensajes a favor de Donald Trump, la invasión de Gaza o contra la inmigración africana a Europa que nos encontramos en la cuenta personal de Twitter de Aida Oceransky, presidenta de la comunidad judía asturiana, quizá aumenten todavía más las dudas acerca de la idoneidad de que la enseñanza del Holocausto a los escolares asturianos recaiga en un colectivo como el Grupo Zibia Lubetkin, si de lo que se trata es de que el Holocausto se convierta en una enseñanza de valores democráticos y humanistas, y no en una herramienta de legitimación de nuevas políticas nacionalistas y colonialistas, esta vez desarrolladas por Israel.



























