“No se trata de conservar una chimenea aislada sino de preservar conjuntos industriales y populares”

El urbanista Xavier Matilla, arquitecto jefe de Barcelona con Ada Colau, estuvo en Oviedo para hablar sobre nuevo modelo urbano.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Xavier Matilla (Terrassa, 1975) es arquitecto y urbanista. Su trayectoria profesional y académica se caracteriza por su compromiso para avanzar hacia ciudades y territorios más saludables y justos. Militante de los Comuns catalanes, entre 2019 y 2023, con Ada Colau en la alcaldía, fue Arquitecto Jefe del Ayuntamiento de Barcelona. Este lunes estuvo en Oviedo/Uviéu invitado por IU para hablar sobre nuevo modelo urbano y la experiencia de los ocho años de gobierno de Barcelona en Comú, en la actualidad en la oposición.

¿Por qué está disparado el precio del alquiler?

Por diferentes factores. Está constatado que la presión turística está suponiendo un alza de los alquileres, pero sobre todo que no ha habido una política de vivienda de alquiler, sino de promoción de la propiedad. Lo resumió Arrese, el ministro franquista, con esa frase de “No queremos un pís de proletarios, sino un país de propietarios”. Viena y su más de 50% de vivienda pública de alquiler sería el modelo opuesto a lo que se ha hecho en España desde los 60.

La especulación inmobiliaria se ha convertido en una forma de capitalismo popular

Se ha generado la cultura de que si tienes unos ahorros te conviene invertir en un piso. Es algo que no sólo hacen los ricos, sino también gente de clase trabajadora con cierta capacidad de ahorro. La responsabilidad en todo caso no es de los pequeños ahorradores sino de las administraciones por permitir esta situación.

Xabier Matilla en Oviedo/Uviéu. Foto: Alisa Guerrero

¿Están contentos con la política de vivienda de estos años en Barcelona?

Se habrá pasado de 6.000 viviendas públicas en 2015 a casi 12.000 en 2023. Y eso ha sido posible con un esfuerzo de despliegue de políticas públicas con presupuesto importante y múltiples instrumentos. Construyendo directamente vivienda pero también cediendo suelo a cooperativas o promoviendo un operador mixto. Otra cosa que ha hecho el Ayuntamiento es ejercer el derecho al tanteo para adquirir fincas en barrios centrales, como el Ensanche, y así evitar que toda la vivienda pública vaya siempre a las periferias y tienda a repartirse en todos los distritos. El Ayuntamiento hizo estos años lo que anteriores gobiernos locales o la Generalitat no se preocuparon nunca de hacer.

¿Cómo garantiza el Ayuntamiento que el precio es asequible cuando entran las empresas privadas a participar en la construcción y gestión vivienda pública?

Se regula que las viviendas sean alquiler protegido, por debajo del precio de mercado. Hay empresas que participan en el sector de la vivienda pública de alquiler, lo que quiere decir que aceptan un retorno de la inversión a mucho mayor largo plazo que otros promotores privados.

¿De qué alquileres hablamos?

Entre 400 y 700 euros al mes.

Bloque de vivienda pública en Barcelona.
Vivienda pública en Barcelona.

Antes hablabas de Viena, dónde un 50% de la vivienda está en manos del sector público. ¿Cómo logramos que la vivienda pública deje estar estigmatizada?

Incrementando el parque público de alquiler. Cuánta más vivienda pública tengamos más perfiles sociales variados las habitarán. Mientras sea escaso va a ser un tipo de vivienda muy restringido para personas en situación de emergencia social.

“Se ha generado la cultura de que si tienes unos ahorros te conviene invertir en un piso”

La otra gran apuesta de Barcelona en Comú han sido las superillas

La superilla no es una idea que se invente Barcelona en Comú. A principios de los 2.000 se diseña la idea de superisla en la Agencia de Ecología Urbana, en cierta medida recuperando algunas de las ideas originales de Cerdá para el Ensanche de Barcelona. El Gobierno de Trias ya empezó a hacer un plan, pero fue el de Colau el que hizo suyo el plan y llevó a cabo las actuaciones. Primero en Poble Nou y luego en San Antoni. El objetivo es cambiar la movilidad liberando calles para peatones, bicis y transporte público.

Xavier Matilla. Foto: Alisa Guerrero

El proyecto ha tenido muchos detractores

Estamos ante cambios culturales que necesitan tiempo. En Poble Nou cometimos errores y aprendimos de ellos. En San Antoni todo se hizo con más participación y corregimos errores.

¿Ha cambiado la movilidad?

La movilidad en coche ha caído por primera vez por debajo del 20%. Barcelona ya tenía un alto porcentaje de movilidad a pie y en trasporte público, pero la gran novedad es la bicicleta, que se ha doblado. Hay más carriles bici y un servicio de bicis compartido con bicis eléctricas, que es muy útil en una ciudad que tiene una gran pendiente.

El antes y el después de las superillas.
El antes y el después de las superillas.

¿Los niños vuelven a jugar en la calle con las superillas?

En muchas partes se ha conseguido. Todas las actuaciones han ido acompañadas de un plan de juego infantil. En todas las superillas hay áreas jugables. También se ha buscado una mayor amabilidad para la gente mayor, en el mobiliario urbano, en que haya zona de sombra para poder sentarse…

“El mensaje no puede ser la demonización del coche, deben ser las alternativas”

Algunos críticos hablan de una “gentrificación verde” con estas actuaciones.

No podemos renunciar a mejorar la ciudad o a construir equipamientos por temor a que suba el precio de la vivienda. El mercado está recalentado y sube tanto en los barrios con mejoras como en los que no las tienen, porque lo que expulsa a los vecinos de sus casas no es invertir en los barrios, sino el descontrol del mercado inmobiliario. Por otro lado con respecto a los locales tradicionales hemos tratado de protegerlos de las subidas con un plan especial de usos que limita la concentración de actividad turística. La legislación vigente puede exprimirse mucho más para hacer este tipo de políticas.

Carril bici en Barcelona.

Hay también una oposición a la limitación del coche que a veces viene de la gente de las periferias que necesita el automóvil para trabajar.

El mensaje no puede ser la demonización del coche, deben ser las alternativas. La gente muchas veces no está usando el tren porque las cercanías no funcionan. Necesitamos que el transporte público sea de calidad y dejar de construir barrios segregados y sin acceso a transporte colectivo de alta capacidad. Parte de la reducción en el uso del coche se puede conseguir en el planeamiento urbanístico.

Can Batlló en el barrio de Sants.
Fabra i Coats en Sant Andreu.

Barcelona ha avanzado mucho en los últimos tiempos en reutilización de patrimonio industrial. ¿Qué podemos aprender en Asturies de vuestra experiencia?

Barcelona no ha sido nunca un ejemplo de conservación. Las Olimpiadas del 92 supusieron la destrucción de mucho patrimonio industrial. En el mejor de los casos se dejó alguna chimenea, pero no se trata de conservar una chimenea aislada sino de preservar conjuntos y paisajes industriales y populares. En los últimos años hemos hecho un esfuerzo por recuperar esos tejidos. Ha sido una novedad.

La paradoja de los gobiernos de Ada Colau y Barcelona en Comú ha sido el contraste entre el reconocimiento internacional de sus políticas y los malos resultados electorales: ¿Por qué?

Hemos sufrido campañas de desprestigio muy fuertes por parte de sectores con mucho poder económico y mediático, pero también creo que algunas transformaciones se han quedado a medias. Ha faltado tiempo para que la gente las pudiera ver completadas. En Francia los gobiernos locales duran seis años y creo que eso ha beneficiado a Anne Hidalgo en la alcaldía.

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