Juan Álvarez ya tiene placa en Oviedo/Uviéu, la ciudad que en gran medida contribuyó a redefinir a finales de los 80. Una calle recordará al ingeniero socialista en La Florida, el barrio de que fue creador durante el segundo mandato de Antonio Masip.
Nacido en Pola de Gordón, León, entre 1987 y 1991 Álvarez planificó lo que serían los futuros desarrollos residenciales de la capital asturiana: La Florida, Monte Cerrao, Otero Norte, La Corredoria y Les Campas. Hijo de un padre franquista, se acercó a las ideas de izquierdas a través del catolicismo social, una corriente ideológica que en los años 60 comenzaba a abrirse paso en sectores de la Iglesia española. Había estudiado ingeniería, pero profesionalmente se dedicó a la enseñanza, al igual que su mujer, a la que conoció mientras ella estaba destinada en Pola de Gordón.

Su vinculación con Asturies llegaría de la mano de ella, Emilia Areces, natural de Grao. El matrimonio se afincaría en 1967 en la villa moscona, y posteriormente en la capital asturiana, donde Álvarez abriría la Academia Galileo, una empresa familiar que serviría para dar empleo a numerosos profesores y profesoras represaliados por su actividad antifranquista y vetados para ejercer la enseñanza en la educación pública.
En 1977 participaría en la candidatura Unidad Regionalista, impulsada por el MCA y otros partidos y personas de izquierdas
Cada vez más implicado en la oposición democrática, en 1977 participaría en la candidatura Unidad Regionalista, un frente electoral impulsado por el todavía ilegal Movimiento Comunista de Asturies y otros partidos y personas de izquierdas. La plataforma se mostraría muy dinámica y lograría aglutinar a casi todo el espectro político a la izquierda del PCE, pero quedaría lejos de lograr su objetivo de obtener un diputado. “Fue una experiencia que reunió un capital de talento político inversamente proporcional al reducido número de votos que cosechó” ironiza su hijo Juan Álvarez, también ingeniero de minas y concejal socialista en Oviedo/Uviéu.

Tras el fracaso de aquella aventura, Álvarez y algunos otros participantes en la UR se incorporarían a un emergente PSOE necesitado de cuadros y técnicos para gestionar su enorme poder institucional. Así llegaría Juan Álvarez al Ayuntamiento de Xixón, primero como asesor del alcalde José Manuel Palacio, y después como encargado del desarrollo del Plan General de Ordenación Urbana diseñado por Ramón Fernández Rañada, recientemente fallecido. De esa etapa saldrían proyectos tan importantes como la cesión por parte del Estado del Cerro Santa Catalina o el parque de Los Pericones.
Si desde el planeamiento Ramón Fernández Rañada dibujaba la ciudad del futuro, desde la oficina de desarrollo del PGO, Álvarez y su equipo hacían realidad aquellos planos que comenzaban a poner orden en un Xixón que había crecido al ritmo de la especulación inmobiliaria favorecida por los ayuntamientos franquistas, sin apenas espacios verdes ni respeto a las más elementales normas del urbanismo moderno.



En 1987 el abogado Antonio Masip, con el que Álvarez había colaborado en Unidad Regionalista, le reclutaría para su segundo asalto a la alcaldía de Oviedo/Uviéu. El PSOE revalidaría el bastón de mando, pero con una mayoría muy precaria, dependiente de los apoyos de Izquierda Unida y el Centro Democrático y Social.
Al frente de Urbanismo Álvarez desarrollaría grandes proyectos como el parque de Santullano y el Purificación Tomás, una zona verde esta última, que pretendía ser el arranque de un gran parque periurbano del Naranco. La derrota de Masip en 1991 frustraría el proyecto dejándolo a medias, dado el desinterés de su sucesor, Gabino de Lorenzo, por la recuperación de lo que los gobiernos locales socialistas habían definido como objetivo prioritario: hacer del Naranco el “pulmón verde” de la capital asturiana.

Su hijo también destaca de esta etapa “la devolución a la ciudad de los cuarteles de El
Milán, desarrollando un nuevo barrio con una planificación que integró en la trama urbana una parcela que separaba los barrios de Teatinos y Pumarín”. Se trata de una intervención modélica de la que la ciudad debería tomar nota para planificar el futuro de la fábrica de La Vega. No obstante, sería La Florida, el barrio que ahora le recuerda con una calle, su principal empeño: “planificó un barrio de amplias avenidas y espacios verdes y un gran bulevar central”. Aunque el gabinismo desfiguró en parte el plan inicial, aprobado en 1991 por todos los partidos, al permitir edificaciones de mayor altura, Juan Álvarez señala que su padre siempre se sintió orgulloso de lo que consideraba su proyecto más ambicioso.
El borrón en esta trayectoria urbanística es el derribo de la Estación de El Vasco. Una decisión de la que “siempre se arrepintió”, señala su hijo, y que consideró su mayor error político. Con aquel derribo la ciudad perdió un patrimonio que habría hecho seguramente de la capital asturiana una ciudad mejor.


Tras la derrota del PSOE ovetense Álvarez siguió vinculado al Ayuntamiento como trabajador municipal. Jubilado como técnico, permaneció en el PSOE, pero ya sin cargos ni responsabilidades.
Este viernes Ignacio Cuesta, concejal de Urbanismo, Alfredo Canteli, alcalde de la ciudad, Alejandro Calvo, consejero del Principado, sus hijos Enrique y Juan, y Carlos Llaneza, portavoz socialista, participaron en el acto, que rinde homenaje al inventor de un barrio en el que viven ya más de 7.000 ovetenses, y que se prolonga hasta Les Campes por la calle que lleva su nombre. Para su hijo Juan es un motivo de orgullo que el nombre de su padre figure por fin en unos planos que “soportaron muchas horas de trabajo”.



























