FSA, Foro y PP: Polarización y Centro de Gravedad Permanente

La ausencia de polarización consolida al PP en Asturias y a Foro en Gijón

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Extraña ecuación. Difícil de calcular cuál es la X y cuál es la Y. En realidad cambian en la medida que cambia la actualidad. Pero esta es la sensación que produce la FSA cuando la polarización se disuelve en el hemiciclo. Lo hemos visto esta semana con el PP asturiano. La ecuación se transforma o se difumina o, directamente, desaparece. Los efectos, sin embargo, son apreciables. La FSA deja de ser confiable con su puesta en escena en los sótanos de Fruela. Su discurso se hace volátil. Se convierte en un partido que gravita sobre una idea sin ser capaz de liderarla. Un cambio en el guion perturba la brújula que lo guía. Pierde necesariamente el norte y el rumbo se convierte en un océano que lleva a cualquier parte.

Esto es lo que se verificó en la última sesión de control parlamentario. En cuanto el PP de Álvaro Queipo expresó su apoyo a la aprobación de la próxima ley educativa de 0 a 3 años, Adrián Barbón se cayó de la peana y no supo qué contestar. Era un boxeador lanzando golpes al aire. Balbuceaba en cada mensaje sin darse cuenta de que nadie estaba en ese combate. En cambio, el Presidente del PP adquirió peso y logró situarse en la centralidad institucional, en el centro de gravedad permanente. La izquierda encarnada en el Asturias first perdió el equilibro en el último round, desbarrancando en cuestiones absolutamente anecdóticas que la dejaron fuera del juego político, aunque hubiese tomado la iniciativa. La ley se hizo polvo de Battiato.

Álvaro Queipo y Alberto Núñez Feijóo. Foto: PP

Extraña ecuación. Difícil de calcular cuál es la X y cuál es la Y cuando la alcaldesa de Gijón condena el último y lamentable vídeo producido por el Sporting para celebrar el Día de la Mujer Trabajadora. Conclusión: Carmen Moriyón comprende perfectamente el contexto del 8M y el jefe de comunicación de la institución deportiva no. ¡Que le corten la cabeza!. La óptima lectura de las corrientes sociales de la ciudad es la que está permitiendo liderar a Moriyón una ciudad sin perder el centro de gravedad permanente. Y no sólo ha comprendido el contexto político de la ciudad sino que, durante los últimos meses, lo ha controlado y moldeado, estableciendo equilibrios, exponiendo y ocultando a sus concejales, la mayoría de ellos bastante incompetentes, como quien enseña y esconde la bolita en los cubos de un trilero.

Se puede ser feminista y se puede no serlo a la vez. Es cuestión de saber manejar los tiempos y de saber manejar las palancas que articulan el tejido social de la ciudad. Dicho de una manera más vulgar: show me the money. La política y el trile no son lo mismo, pero pueden llegar a serlo. De manera que se puede celebrar el aniversario del Tren de la libertad y, al mismo tiempo, tener a un concejal tránsfuga (ex-Vox) en el gobierno municipal sin estar en el gobierno municipal. Es cuestión de dinero. Show me the money. Es cuestión de mostrar y de ocultar la bolita. Ya hemos hablado aquí de la derecha cuántica y su capacidad de estar dentro y fuera del centro de gravedad permanente. De modo que hay muchas maneras de alcanzar la institucionalidad, lo que no quiere decir que todas sean siempre permanentes ni tampoco necesariamente honestas. A fin de cuentas, es política, es comunicación, es estrategia, es trile, es la chispa de la vida, es el poder.

Tiene razón y no la tiene Pedro Sánchez cuando defiende la necesidad de construir liderazgos que trasciendan más allá de las siglas. No la tiene cuando elimina cualquier existencia de contrapesos en el control interno del poder de los partidos y a su vez la vuelve a tener cuando las democracias occidentales exigen agilidad, rapidez y contundencia a la hora de gobernar y tomar decisiones urgentes. Parece que el siglo XXI prefiere definir las cosas con un nombre y un apellido antes que con unas siglas que aglutinen colectividades. Pero después están las ballenas, las corrientes de pensamiento, los movimientos económicos, sociales y culturales que se suceden lentamente bajo la corteza terrestre de los partidos y alteran de forma imperceptible el mapa sobre el que otros toman decisiones.

Carmen Moriyón en la rueda de prensa. Foto: David Aguilar Sánchez

Regresemos a la ecuación. Carmen Moriyón ha comprendido perfectamente la teoría del liderazgo de Sánchez, pero no siempre la ejecuta bien. El PP también la ha entendido pero no es capaz de mostrarse ágil, ni fuerte ni tampoco tiene un nombre y un apellido sobre el que encarnar su proyecto. El liderazgo no es una cualidad abstracta. Se mide por escalas y varía según el ángulo desde el que se observa. Moriyón puede liderar asuntos domésticos, puede hacer ejercicios de equilibrio entre partidos dentro de su propio gobierno y también puede desarrollar una gestión básica que no admita demasiada ambición, siempre que no se trate de absorber y proyectar una ciudad con hambre de futuro. Gobierna para una ciudad envejecida que no desea complicarse la vida con demasiados problemas. En cambio, a una escala mayor, a una medida diferente y más prolongada del tiempo y del espacio, como puede suceder con la instalación de Umicore en el puerto de El Musel o el dudoso compromiso de Arcelor con una planta DRI en Veriña, el liderazgo de la presidenta de FORO se hace pequeño, por no decir que se presta ausente. Foro se diluye y pierde el centro de gravedad permanente, abriendo la posibilidad a que lo ocupen otros. Su Gijón first se disipa. Se convierte en un muñeco en manos de Barbón. Por eso, cuando la Alcaldesa de Gijón decide no apostar por el Campeonato Mundial de Fútbol, Foro descalabra su liderazgo y el presidente de los populares, Pablo González, aprovecha el hueco para ocupar el centro de gravedad permanente. Lo consigue sin erosionar a sus concejales, lo condiciona marcando claramente unas reglas de juego. Lo puede hacer desde su veteranía en asuntos locales, desde su astucia en el manejo del discurso, desde su escaño en el Senado, desde su despacho en Álvarez Garaya. No necesita estar en el Ayuntamiento para transmitir mensajes. No necesita liderazgo. De todo esto se deduce que cuando la Alcaldesa, digamos que la X, se niega a liderar un proyecto, se activan otras fuerzas políticas, digamos que las diferentes Y´s (el PP, el PSOE, IU) y Pablo González.

Pablo González, líder del PP gijonés recogiendo donativos para Stop Muro. Foto: PP Gijón.

Como en el resto de España, la polarización condiciona el discurso en el Parlamento de Asturias y en el Ayuntamiento de Gijón. Cuando Queipo lo atempera, Barbón pierde el rumbo. Demasiados problemas que atender a un mismo tiempo y serios síntomas de agotamiento perfilan al ejecutivo asturiano. Cuando se intensifica y se acelera la polarización, Carmen Moriyón se sitúa en un serio compromiso que sólo encuentra legitimidad en el tejido social (8M y Tren de la libertad) y, sobre todo, en los errores de la oposición, ocultando la composición y la legitimidad de su gobierno. A 10 meses de las elecciones del 28 de mayo, el PP en Asturias ha conseguido tomarle la medida a la polarización, arrinconando a Foro y desorientando a Barbón, tanto en Asturias como ahora en Gijón, sin que los intereses de Queipo se hayan definido como los mismos que los de González. Me pregunto que pensará de todo esto la gata de Chelshire. Estaremos atentos.

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