Fue el Comisario francés de Mercado de la UE, Thierry Breton, quien ha visto en las crisis, como afirmó en su día Jean Monnet, el motor de la integración europea. “La lenta reacción al principio de la pandemia puso de manifiesto la necesidad de adaptar los mecanismos europeos de cooperación y toma de decisiones en tiempos de crisis. En lugar de confiar en soluciones improvisadas, necesitamos herramientas estructurales para anticipar y gestionar futuras crisis […]. La UE está poniendo en marcha estos mecanismos en los ámbitos de la salud, la energía y la libre circulación de bienes, servicios y personas. Es probable que todo ese proceso se detenga o se acelere tras las elecciones europeas del 9 de junio y, sobre todo, tras los comicios estadounidenses de noviembre donde podría volver a ocupar la Casablanca Donald Trump. El binomio Trump-Putin puede dejar en una seria desventaja a una UE cuyo parlamento se teñirá probablemente de color azul en unos meses, en el contexto de una guerra que en breve se intensificará, en cuanto pase la rasputitsa y dejen de ser un barrial las tierras negras de Ucrania. Un buen conocedor de la UE y la política exterior y de defensa es Borja Lasheras (San Sebastián, 1981), asesor externo del Alto Comisionado para la Política Exterior, el socialdemócrata Josep Borrell. Lasheras es un está estrechamente ligado a Ucrania por razones sentimentales y, en estos momentos, es uno de los principales observadores de las líneas estratégicas que adoptará la UE ante un escenario muy adverso donde se hace necesario reforzar la integración y alcanzar acuerdos entre los estados miembros de la UE que apuntalen su propia seguridad. El autor de Estación Ucrania, un magnífico libro a caballo entre el periodismo, el diario y la literatura de viajes, presentará su libro este jueves por la tarde en Les Cigarreres de Gijón.
¿Qué posibilidad de rearme existe entre los estados de la UE si el conflicto en Ucrania se recrudece y se inicia una expansión de Rusia hacia Estonia y Moldavia?
La cuestión va más allá de Ucrania. En la entrevista que Tucker Karlston celebró con Putin, mencionó hasta 37 veces la palabra Polonia y otras tantas Finlandia y, por supuesto, Moldavia. Slavoj Zizek, hace un par de días, afirmaba en una entrevista que el de Rusia es un imperialismo expansionista y que cuanto más tardemos en afrontarlo será peor. De momento, la UE como tal no se está rearmando. Los escandinavos están más expuestos hacia un ataque y están planteando un aumento de la producción de armamento militar. Si Trump sale elegido en noviembre, ha dicho recientemente que preferirá que Rusia ataque a los países que, en su visión, no paguen a la OTAN. El escenario es, por lo tanto, a medio y largo plazo, incierto. En la medida en que Rusia no logre una victoria en Ucrania tendrá problemas para alcanzar otros objetivos. Pero, dicho de otro modo: si Rusia logra una victoria en Ucrania no sólo será un infierno para los ucranianos; también se rearmará en un periodo de 3 a 5 años y probablemente buscará otros países como Estonia o Moldavia.

¿Por qué Moldavia, más allá del conflicto en Transnitsia?
Hay que entender que hay instalados unos cuantos septuagenarios en el poder de Rusia que no tienen otro objetivo que sea el de restablecer el imperio ruso. Esta situación se produce en un contexto de profundo deterioro de las elites rusas instaladas en ese poder que han establecido objetivos cada vez más maximalistas. Cada día es mayor la distancia entre sus objetivos y sus capacidades para alcanzarlos. Moldavia es un país que no quiere entrar en la OTAN, pero sí en la UE. Tiene un gobierno pro-europeo que busca alejarse de Rusia. De alguna manera, lo que estamos viendo durante las últimas semanas es un incremento de las actividades de desestabilización del gobierno de Maia Sandu y, teniendo en cuenta que este país tiene elecciones presidenciales en otoño, se prevé desestabilizarlo y derribarlo. Eso supondría, probablemente, abrir otro frente en Ucrania. El gobierno de Putin busca construir un imperio ruso en la medida que pueda y regresar, no ya a las fronteras de 1990, sino a las de 1922. Se inspira en pensadores que formaron parte del neofascismo ruso, como Ivan Ylin, que abrazaron la idea de una Rusia inspirada en la Tercera Roma.
Es curioso porque hace unas semanas, Enric Juliana establecía un paralelismo similar entre Vladimir Putin e Iván El Terrible. Desde tu punto de vista como asesor del Alto Mando para la Política Exterior de la UE, ¿Cómo será la estrategia de alianzas en la política exterior y de defensa de la UE? Te lo pregunto porque siempre ha sido un fracaso cuando se ha pretendido establecer en ambos casos una política común.
La UE es un bloque económico y político que defiende, sobre todo en el ámbito económico, sus intereses. No somos la Madre Teresa de Calcuta. La UE se ha ido dotando de ciertas competencias de seguridad, llamémoslo de seguridad blanda, y ahora afronta una guerra. Esta idea de la construcción de la política exterior fuerte se rompe cuando los estados europeos actúan divididos ante la brutalidad en Gaza, después de haber mantenido la unidad en cuestiones medulares como el apoyo Ucrania. Aquí hemos visto una política común aunque la letra pequeña de esa unidad sea más complicada y la realidad demuestre que es un fracaso. No hay una política exterior europea. En un mundo con Putin más poderoso, los europeos nos encontramos en una situación de debilidad, al menos, en la medida en que no logramos tener una visión compartida de como superar estos retos. Yo creo que a medio plazo, en caso de que se mantenga en la Casablanca Joe Biden, tendremos intereses compartidos con EEUU. Pero no nos despistemos. La realidad es que EEUU se ha salido, con matices, eso sí, de la guerra de Ucrania.
¿Y si ganase Trump en las elecciones de noviembre?
Si gana Trump tendremos el dilema de estar unidos, primero frente a Trump. Algunos gobiernos como el de Georgia Meloni tratarán de tener una relación especial e intentarán crear un eje europeo cercano a EEUU. Los europeos, en algún momento, pasarán a tener su propia autonomía estratégica porque, más tarde o mas temprano, los EEUU saldrán del espacio de seguridad europeo. Esto es una realidad. Los EEUU se quieren centrar en la seguridad ante China. Por otra parte, mantener siempre la idea de que EEUU será una especie de protector de Europa es una idea que está condenada al fracaso, aunque muchos estados europeos sigan apostando por la OTAN como un escudo de seguridad básico. Llegado el momento, habrá que construir otro escudo alternativo aunque esta estrategia no avance al ritmo que yo creo que debería. A corto o medio plazo, ¿cuál será la respuesta europea con Trump o, incluso, Biden?. La respuesta es que no puedes estar pendiente de lo que sucede en EEUU cada cuatro años. No puedes estar pendiente de eso. La autonomía estratégica es un desafío de los europeos que tiene sus su pros y sus contras. Emmanuel Macrón está en esa línea pero somos muchos estados y ponerse de acuerdo entre todos llevará más tiempo.
Emmanuel Macron reiteró hace una semana que no descarta el envío de tropas terrestres a Ucrania. Aunque Francia no tendrá elecciones hasta dentro de tres años, sus palabras transmiten el mensaje del rearme meses antes de las elecciones del 9 de junio. Tras esos comicios, es posible que se produzca un giro azul en la composición del Parlamento Europeo y en las instituciones comunitarias. Manfred Webber como director de orquesta, haciendo guiños a la ultraderecha más atlantista, Ursula von der Leyer ocupando la presidencia de la Comisión, más ornamental, y Christine Lagarde dirigiendo la economía desde el BCE. Se vienen años con una impronta muy conservadora.
Las últimas encuestas sitúan a la ultraderecha como segunda fuerza en las elecciones europeas. Es cierto, se viene una Europa más de derechas, aunque también es verdad que, en sentido estricto, la ultraderecha llegará muy dividida al Parlamento Europeo. Por ejemplo, reconozco que que ahora me cuesta situar al partido de Georgia Meloni, Fratelli d´Italia, entre los partidos de la ultraderecha europea y empieza a situarla como la derecha nacionalista italiana. En cualquier caso, ese giro a la derecha tendrá efectos importantes y claros en las políticas de inmigración.
Ya se ha producido antes de llegar a las elecciones del 9 de junio, tras los acuerdos del Consejo Europeo de hace unos meses.
Y dicho esto, quizá es un poco pronto para hacer algunos pronósticos. A lo mejor le estamos damos demasiada importancia. Me preocupan más las elecciones alemanas o las francesas. En el Parlamento Europeo no dejará de haber un grupo conservador, un grupo socialdemócrata, otro liberal, el movimiento de los verdes y entre todos ellos seguirá existiendo una mayoría pero es un hecho que en algunos países europeos habrá un giro a la derecha, estilo Ley y Justicia en Polonia, que fue primera fuerza en las elecciones polacas, aunque hoy gobierne Donald Tusk. Eso va a dificultar mucho la respuesta ante la situación económica y ante la inmigración. Macron dispara una reflexión en marcha. El Servicio Exterior Europeo hizo una serie de propuestas sobre cómo mejorar la situación en Ucrania. Hay una serie de programas, por ejemplo, de entrenamiento, que pueden tener lugar en Zaragoza, aunque tienen que ser mas cercanos a la realidad de los ucranianos. Estos programas son importantes, pero hay cosas que se han visto que no funcionan bien.
¿A qué te refieres?
Nuestras fuerzas no están preparadas para lo que están resistiendo los ucranianos en el frente. Se ha visto que tiene que haber entrenadores en suelo ucraniano precisamente para que sea más efectivo. Y no son fuerzas de combate. También se ha hablado de operaciones de desminado, porque una tercera parte de Ucrania está minada. Y Macrón ha añadido, sin entrar en muchos detalles, que no se pueden excluir operaciones que sean legales, conforme a la Carta de Naciones Unidas y el derecho a la legitima defensa. Dicho de otro modo, no está hablando de fuerzas de combate realmente.

¿Entonces de qué está hablando?
Macron está jugando a la ambigüedad estratégica. No sólo está enviando un mensaje a la prensa, también se está dirigiendo a Putin. Lo que le está transmitiendo es lo siguiente: tengo bastantes cartas en la mesa, no pienses que no las voy a utilizar. Eso es la ambigüedad estratégica. Y es un paso muy diferente al que han dado Olaf Scholz y Joe Biden, con el lio de los Misiles Taurus que no se pueden enviar y la conversación que se filtró entre militares alemanes. Macrón, cuando anuncia que no descarta enviar tropas a Ucrania, se aparta de Scholz y Biden porque, básicamente, han dicho todo lo que no van a hacer.
Las elecciones alemanas de 2025 no ofrecen una gran expectativa al PSD y nos podemos encontrar con una CDU que retome la Cancillería después de que Ángela Merkel se retirase definitivamente. ¿Implicará eso un giro en la estrategia europea después de que Scholz haya hablado explícitamente del rearme ante los avances de Putin?
No lo sé. La actual oposición está aprovechando la situación del país para debilitar Scholz. En el Parlamento se presentan más agresivos de lo que son. Habrá que ver qué candidato intenta llegar al poder. Intuyo que serán muy cuidadosos en evitar desviarse de EEUU. La realidad es que me temo que vamos a tener una posición muy agresiva que obligará a repensar algunas cuestiones políticas. Si sale elegido Trump e intenta salir de la OTAN, la cuestión es qué harán los europeos y cómo harán para no depender de terceros países. Ya lo vimos en la pandemia.
Parece que la UE sólo parece progresar en la integración comunitaria cuando se dan situaciones de facto que no prevén los tratados y sólo parece fracasar cuando lo intenta hacer desde el acuerdo y los tratados.
Lo que hemos hecho estos dos años ha sido ir improvisando y utilizando instrumentos que ya existían sin repensar en el esquema institucional. El Fondo Europeo para la Paz, que impulsó Josep Borrell, no es un fondo que pertenezca al Presupuesto comunitario. No lo vota el Parlamento ni la Comisión. Es un fondo intergubernamental que ya existía y que se está utilizando ahora para embolsar el apoyo militar que envía España a Ucrania. Es ayuda militar indirecta. Por otra parte, tampoco se ha tocado el edificio institucional. Hemos tenido la propuesta del Comisario de Mercado Interior, Thierry Bretón, en el sentido de avanzar hacia la integración en políticas de defensa. Pero más allá de eso, yo creo que serán las circunstancias las que nos van a impulsar a llevar a cabo una mayor integración. Has mencionado la pandemia. Cuando eclosionó, Europa no tenía mascarillas. No tenía autonomía en esa materia. Para avanzar en la integración, creo que una de las cosas que se puede hacer en Europa y que no tiene que ver tanto con la guerra, es la reindustrialización. Tu coges un tren y te vas de París a Grenoble y te encuentras un montón de fábricas abandonadas que están en China porque es mas barato, porque hay menos derechos laborales, etc. Eso es una debilidad. El primer paso, siendo un sistema abierto, es que no dependas de terceros países. Esto da una idea importante de lo que significa reindustrializar y eso pasa por invertir en proyectos industriales y tener un plan que ahora no tenemos. Estamos hablando de una estrategia de defensa pero ni siquiera tenemos una estrategia industrial.
En ese sentido, debería llamar la atención que Georgia Meloni acaba de renacionalizar su planta de Arcelor en Tarento mientras en España esperamos la toma en consideración de la multinacional para iniciar definitivamente sus planes de descarbonización.
Exacto. Una de las cosas que hay que tener en cuenta es la economía de escala. No todo tiene que tener una solución europea, pero algunas respuestas sí necesitan una solución europea. Si las primeras respuestas a la pandemia fueron nacionales, pronto se advirtió que era necesario dar otra de mayor escala. La UE está llevando a cabo la integración, forzada por los acontecimientos. Precisamente, la ausencia de estas políticas europeas son las que refuerzan, en estos momentos, a la ultraderecha en Francia. No se si la industria requiere una respuesta de renacionalización, pero que sí se necesita una política industrial europea. Y la guerra la está regenerando. Sigo siendo un socialdemócrata tranquilo y creo en el papel del estado nación, pero hay cosas que requieren impulso a la producción desde una escala europea porque juega un papel positivo.
“Se necesita una política industrial europea”
Las elecciones del 23 Julio rompieron la estrategia del presidente del PPE, Manfred Webber, al menos de una manera transitoria de cara a lo que serán las elecciones europeas. España era un pivote del maro conservador. ¿Cómo se percibe a Pedro Sánchez en el seno de las instituciones europeas? Lo digo porque fue recibido como una rock star en el congreso donde se eligió al candidato socialista a las elecciones europeas? Reconozco que llevo centrado dos años en la guerra, pero creo que hasta ahora, por lo menos, en Europa, ha sido visto como un líder europeísta que también defiende sus intereses nacionales. También ha existido la percepción de que España ha sido más activa en el ámbito europeo con las propuestas de autonomía estratégica junto a Holanda. Por lo menos en comparación con el periodo de Rajoy. Ahora se le percibe como un presidente que tiene problemas domésticos de estabilidad, que podría perder peso, en comparación con el periodo 2018-2022. Creo que en ese sentido, estamos viviendo un cambio de percepción. Es verdad que fue varias veces a Kiev y que ese gesto se valoró mucho y también es verdad que siempre ha sido muy activo en los debates europeos. En cambio, con el debate interminable de la amnistía y la pérdida de poder en las elecciones regionales, ahora se tiene la percepción de que, o bien será un líder que estará aquí años o que terminará su época. En realidad, ya es uno de los líderes más longevos dentro del Consejo Europeo. Pero esto es una impresión personal.
Como socialdemócrata tranquilo, qué opinión te merece el candidato europeo Nicholas Schmit, ¿supone un declive de los socialistas en el marco europeo? No parece que sea un perfil muy sugerente para los votantes más jóvenes a las próximas europeas.
Yo mismo no lo conocía y con eso está dicho todo. Hablamos de un declive que es real y obedece, quizá a la pérdida de referentes en la socialdemocracia europea que, por otra parte, también ha sido una historia de éxito aportando una vertiente más social.
Es cierto que con figuras como Delors, casi 90 años y recientemente fallecido, se pierde la visión de los genuinos constructores de la UE. Si me apuras, está el papel de Josep Borrel que ha tenido, quizá, un papel más político y pragmático, bien sea porque su actividad ha estado más adherida a la convulsa situación internacional. Pero figuras que hayan construido, arquitectos de la UE, no se han vuelto a encontrar.
Es cierto. Quizá sean figuras que pertenecen a otro periodo. Las actuales no son muy inspiradoras. Los partidos socialdemócratas han intentado unirse con los verdes y eso no ha funcionado muy bien. Ahora se enfrentan a un dilema muy importante con la gente del mundo agrario que son contrarios a las políticas del New Green Deal, políticas que, por otra parte, en el seno de la PAC, no tienen fácil solución.

¿Crees que Zelenski tendrá un apoyo permanente de las fuerzas de su propio estado, de su ejercito, de los partidos, cuando los tanques atraviesen la estepa inmediatamente después de la rasputitsa?. ¿Tiene garantizada su continuidad?
La sociedad ucraniana es muy crítica y, a la vez, es una sociedad que lo problematiza todo. Las criticas a Zelenski y a su partido son abiertas. Es cierto que ha perdido popularidad debido a los reveses del ultimo periodo, bien por decisiones propias y del mando militar, bien por casos de corrupción. En la percepción popular hay hastío. Pero los ucranianos siempre lo debaten todo y aun así, sigue siendo una figura popular. Hay otras figuras que no tienen mucho respaldo. Pienso en la vieja guardia como Timochenko y otros partidos pequeños con poca influencia. Los ucranianos y Zelenski mantienen la unidad esencial. Y hay una razón muy sencilla. Todos los días mueren civiles. La semana pasada fueron veintiún personas, tras los ataques de misiles. Las fuerzas rusas disparan un misil y cuando acuden los servicios de emergencia y los servicios de bomberos, suelen disparar otro. De manera que hay una unidad esencial en una sociedad muy problematizadora. Por otra parte, existen tensiones entre el alcalde de Kiev y Zelenski que son bastante conocidas. Sea como fuere, el verano será un momento muy peligroso para Ucrania. Ahora se discute si aumentará o no la movilización de soldados, porque necesitan más gente y eso implica que personas que trabajan en los restaurantes de Kiev, en los bares de Lviv, pueden ser movilizados. El debate continua y la ley lleva meses parada en el parlamento. En cualquier caso, el verano será un momento muy peligroso.
¿Si Trump es elegido presidente, la escena internacional forzará una capitulación?
No. Trump puede salir elegido. Para EEUU, Ucrania es un debate académico. EEUU ya ha salido de la ecuación, dejó de enviar ayuda. El último paquete se aprobó la semana pasada y es de última hora. Si Trump regresa a la Casablanca, cosa que no está decidida y establece una nueva relación con Putin, podrá decidir lo que sea, pero los ucranianos ya demostraron que no bailan a la música de EEUU y tras las diferencias expresadas por ambos países en la contraofensiva del verano pasado, eso quedó bastante claro. Si Trump es elegido presidente de los EEUU, se debilitará la posición de Ucrania. Si Trump hace lo que dice, a la mitad de Europa nos pondrá en una tesitura muy complicada. Si tu dejas de armar a Ucrania, Europa contará menos. Porque Putin no tiene la intención de parar. Ese es el objetivo fundamental y no deja a Ucrania otra opción que luchar. No tiene otra alternativa. El escenario es complicado para Europa pero también lo será para Rusia, que tendrá problemas de stocks en otoño y es por eso que sus generales están intensificando las operaciones de aquí al verano. La duda fundamental tras las elecciones rusas es si Putin se dotará de una nueva movilización y entonces se verá .



























