La Universidad juega un papel clave en la investigación militar israelí, así como en otras formas de contribución a la colonización y genocidio del pueblo palestino. La Universidad se ha convertido también en una arma diplomática para mejorar la deteriorada imagen de Israel. En 2012 la Universidad Hebrea de Jerusalén animaba a los estudiantes españoles a estudiar en Israel, tanto por la calidad de sus estudios, como para “superar estereotipos”.
Como durante la lucha contra el apartheid sudafricano, académicos y universidades de todo el mundo llaman hoy al boicot a la máquina de guerra israelí, y apelan a la responsabilidad del mundo universitario en frenar el genocidio en Gaza.

Nuevamente es Sudáfrica el país que lleva la delantera en este movimiento. La Universidad de Johannesburgo fue precisamente una de las que primero en romper lazos con las universidades de Israel. La Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (UIUC) y la Universidad de Columbia son algunas de las que en EEUU se ha sumado al movimiento, que en Gran Bretaña se apuntó en 2013 tantos tan importantes como la adhesión del físico Stephen Hawking.
Una campaña contra instituciones, no contra personas
La Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) está en marcha desde 2004, y en estos años ha recibido el apoyo de la American Studies Association, la National Women’s Studies Association y la African Literature Association, de Estados Unidos, el Sindicato de Docentes de Irlanda la Federación de Estudiantes Francófonos de Bélgica, la Unión Nacional de Estudiantes del Reino Unido, la Junta de Representantes Estudiantiles de la Universidad de Qatar o los sindicatos de docentes de la Universidad de Nueva York, entre otros.
En EEUU, donde el movimiento ha cobrado mucha fuerza en los últimos años, la Asociación Americana de Antropología, con 12.000 miembros, una de las más grandes del país, ha sido la última gran institución en sumarse. La fuerza adquirida por la campaña de boicot entre académicos y estudiantes ha llevado al mundo universitario sionista a contrarrestar la ofensiva acusando de antisemitismo a los partidarios del boicot.
El boicot académico es un boicot a instituciones académicas israelíes cómplices, no a individuos, dejan claro desde la campaña: “Este boicot debe continuar hasta que las instituciones académicas israelíes reconozcan los derechos del pueblo palestino y pongan fin a todas las formas de complicidad en las violaciones del Derecho Internacional por parte de Israel”.
En España el movimiento ha tenido por ahora escaso eco. Aunque la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas ha manifestado su “preocupación y rechazo por la escalada bélica en Oriente Próximo”, la declaración no ha pasado de reafirmar el compromiso “con la paz, la justicia, los derechos humanos y los valores democráticos, contrarios a cualquier guerra o acto terrorista”. El movimiento estudiantil, en un momento especialmente bajo, tampoco está por ahora jugando un papel relevante, aunque algunos colectivos se hayan manifestado por el boicot universitario.



























