Frente al espejo

Llevamos tiempo cayendo en los mismos errores que hacen de la política y la vida asociativa un lugar poco atractivo para las nuevas generaciones

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Matías Hevia
Matías Hevia
Es coordinador de IU Mocedá y concejal de Noreña.

Queridos lectores y lectoras, a veces, uno debe hacer introspección, debe mirarse en el espejo para analizarse, para observar en lo que se está fallando cuando lo de siempre ya no funciona, cuando la finalidad para la que naces se encuentra de frente con el rechazo-o por lo menos la indiferencia-social hacia lo que uno hace o defiende.

Ya que últimamente se abre el melón de las organizaciones y su relevo (o no relevo), de los jóvenes y su implicación (o no implicación), recojo el guante que Ángela Otero dejaba en el tendal de este medio para continuar reflexionando en las siguientes líneas sobre el futuro incierto que afrontamos como fenómenos sociales en sentido amplio.

En la política y la vida social enfocada en sus organizaciones, existe un modus operandi anclado en el tiempo, un modo de enfocar las cosas que por la inercia de atender lo urgente, ha dejado de lado lo importante. Tenemos la mala costumbre de no tomarnos tiempo de análisis de las situaciones y por lo tanto nunca llegamos a verdaderos ejercicios de diagnosis que nos indiquen el camino a seguir. Las organizaciones están en crisis, pero ¿Por qué?

Llevamos a mi juicio demasiado tiempo cayendo en los mismos errores que hacen de la política y la vida asociativa un lugar poco atractivo para las nuevas generaciones, lo que va por supuesto unido a un momento de desilusión e incerteza. Vivimos en un momento de desactivación del corazón social que en algunos momentos da ritmo a la ciudadanía, que cuando late, da el impulso necesario para involucrarse en la causa justa de la buena vida. Desfibrilar un corazón parado es complicado, requiere de mucha energía y de un trabajo de diagnóstico severo, pero es que nos va la vida en ello, así que manos a la obra, miremos a nuestros adentros:

La salud mental se ha convertido en una de las puntas de lanza del discurso progresista, que ha detectado las carencias de un sistema que conduce a la infelicidad, a la insatisfacción y al hastío ciudadano. Quizás, a mi juicio, uno de los mayores problemas de los que adolecen nuestros espacios, es que plasmar el discurso de la responsabilidad afectiva, el cuidado al otro y la construcción de lugares amables de convivencia en un programa o una tertulia, resulta ciertamente más sencillo que aplicarlo en las casas propias. O quizás es que no nos lo hemos creído por completo, o que no nos hemos parado a revisar nuestras estructuras y modos de actuar…

La hostilidad tradicional de los espacios políticos y asociativos en general, y de los espacios progresistas en particular, ha resultado fuente de desencanto constante para muchas personas, ha sido causa de freno al ritmo del corazón social que en algún momento pudiera haberles hecho mostrar un mínimo interés. A veces-quizás porque soy un fiel defensor de los métodos alternativos para la resolución de conflictos- pienso que sería bueno tener espacios de mediación con profesionales dentro de las organizaciones…algo así como un mediador de cabecera.

Enemistades inexplicables, enfados perfectamente remendables, sobrecargas de trabajo agotadoras, y muchas miradas para otros lados. Tantas y tantas veces hemos oído que un compañero o una compañera se ha “quemado” …que lástima, porque además, suelen ser personas valiosas que en algún momento apostaron fuerte y lo dieron todo, que creyeron en la causa justa que defendían. ¿Cómo van a querer los y las jóvenes involucrarse en lugares así? Entiendo que a veces no sea sencillo militar o asociarse, porque perseguir objetivos sociales siempre es complicado, conlleva contradicciones y muchas cosas más, pero ¿Por qué nos ponemos trabas a nosotros mismos?

Acto del Área de Mocedá de IU

Se preguntaba Ángela Otero en NORTES si nos falta “punk”, y la verdad es que yo creo que mejor nos vendría tocar mejor un piano pausado y sensible, una canción de las que emocionan. Ya hemos echado demasiada gasolina sobre los cuerpos militantes. Llegó la hora del perdón a aquellos con quien algún día nos sentimos dolidos, compañeras. Además, y de forma honesta, esa falta de amabilidad interna tiende a proyectarse, porque uno solo puede esconder su verdadero ser durante un tiempo. Quizás es hora de deconstruirse como organización, revisar nuestros patrones de conducta internos y así, quizás comencemos a proyectar hacia el exterior aquello que realmente queremos ser.

Soy consciente de la complejidad que atesora la deconstrucción de las organizaciones en el sentido que yo comento, que no se basa en otra cosa más que en la deconstrucción individual pero de forma acompañada de quienes han perpetrado diferentes modos de actuar perjudiciales. Hay que estar dispuestas a ello ¿Estamos por la labor? 

Me permito un párrafo para referirme a la organización de la que tengo el honor de ser coordinador, que es IU Mocedá. Desde que comenzamos en este proyecto hemos mostrado en todos nuestros quehaceres la voluntad de aplicar los cuidados hacia nuestros compañeros y compañeras, y, por el momento, el espacio va tomando forma como algo más allá de lo meramente partidario, para dar lugar a un sitio de convivencia sana, ocio y debate político. Si no comenzamos nosotras como jóvenes a cambiar las formas de administrar la militancia ¿Quién lo va a hacer?

Termino esta reflexión apelando a todos los espacios que afrontan el reto de mantenerse o construirse como partes del puzle que es la sociedad civil organizada. Haced de la amabilidad y el cuidado vuestra bandera, sembrad valores de esperanza entre vuestras gentes, porque nada atrae más ni resulta tan atractivo como la esperanza de que uno tiene en sus manos el contribuir a la buena vida de todos y todas. Recordad, que cuando algo no funciona haciendo “lo de siempre” quizás es hora de cambiar la táctica, quizás, ahora toca deconstruirse.

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