Confianza en el samurái

La apertura de diligencias marca un antes y un después en la agenda política española que tiene en 16 días unas elecciones catalanas y celebrará el 9 de junio otras europeas

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

El presidente del Gobierno ha publicado una carta a la ciudadanía en la que ha anunciado que suspende su agenda política y se da hasta el lunes para reflexionar su futuro. La apertura de diligencias contra su mujer, Begoña Gómez, durante la mañana del miércoles era poco menos que una absurda comedia romántica entre alguaciles que aceptaban a trámite la denuncia de Manos Limpias, bajo el ruido de periodistas y acusaciones de diputados del PP y de Vox a lo largo de este último mes.

La mañana de este miércoles, el ambiente político se iba pudriendo lo suficiente como para que a la tarde, el presidente nos invitara a hacer una reflexión colectiva sobre lawfare a través de una carta que nadie esperaba en su buzón. Como afirmaba en twitter el periodista Fernando Garea, la denuncia de un grupo de extrema derecha contra Begoña Gómez es absurda y sin contenido alguno y la admisión a trámite para una investigación penal es incomprensible”. También lo fue contra Pablo Iglesias, lo fue contra Mónica Oltra y lo fue contra los independentistas.

La apertura de diligencias marca un antes y un después en la agenda política española que tiene en 16 días unas elecciones catalanas y celebrará el 9 de junio otras europeas. Todo ha desembocado vertiginosamente en un nuevo y electrificante capítulo de la política española, similar a la convocatoria anticipada de elecciones generales el pasado 29 de mayo, tras la derrota en las autonómicas; similar a su dimisión de la Secretaría General del partido, el 1 de octubre de 2016, fecha en la que inició su reconquista. En la misma frecuencia, en la misma onda gravitacional, se ha vuelto a situar el presidente del Gobierno cuando anunciaba por carta a la ciudadanía un plazo de cinco días para meditar su posición en el gobierno. Más allá de la cuestión ética que pueda justificar la decisión de Pedro Sánchez, nos encontramos ante otro movimiento maestro que ha desencajado los pronósticos de todos los asesores políticos de este país.

A las diez de la noche, medio centenar de personas se congregaban a las puertas de Ferraz , aclamando a “Pedro Sánchez, Presidente” mientras los periodistas de este país tratan el abordar cuál será el próximo paso. El cierre de filas de su partido ha sido inmediato.

Como indicaba de forma muy perspicaz el politólogo Eduardo Bayón esta tarde en twitter, “la última vez que un presidente del gobierno dimitió en España fue para evitar un golpe de Estado que se acabó produciendo. Obviamente, hoy los golpes tienen otras formas”. Las palabras de Bayón nos dan un contexto histórico. La profundidad histórica se acopla a la superficie de la actualidad. La posible dimisión de Pedro Sánchez puede significar la anticipación de una convocatoria de elecciones en julio, una moción de confianza o la investidura de un nuevo presidente. Su gesto nos remite a la dimisión de Antonio Costa, ex primer ministro de Portugal, tras ser acusado de corrupción. Las inmediatas elecciones generales que siguieron fueron ganadas por el PSD, mientras Costa no tardaba en ser exonerado de cualquier responsabilidad. La carta de Pedro Sánchez también nos remite a Mónica Oltra, ex consejera de la Comunitat Valenciana, dimitida, tras ser acusada como cómplice de los abusos sexuales de su ex-marido, y exonerada posteriormente por la justicia. Por supuesto, su inocencia llegó tarde y no impidió que el PP ganara las elecciones y gobernara con Vox.

Hay quien puede entender el tiempo de reflexión de Pedro Sánchez como un gesto de victimismo, pero es un acto de absoluto hiperliderazgo, la apuesta de un samurái por la democracia liberal y la división de poderes. Francisco Bastida, catedrático de Derecho Constitucional definía la democracia liberal hace unos días como “el triunfo de la minoría; y la primera minoría es el individuo”. En Pedro Sánchez se concitan todos los elementos de esa definición: Presidente en minoría e individuo acosado por los jueces, los medios y los partidos de la derecha. El suyo es un acto de resistencia que se carga sobre sus hombros la responsabilidad de hacer respetar la división de poderes que garantiza una democracia y el estado de derecho. El samurái vuelve a interpelar a la ciudadanía. Volvemos a reflexionar sobre nuestro país, sobre la democracia, sobre la manera en las que los españoles podemos ser, estar, convivir.

Actualidad